El estudio Gombau, una cápsula en el tiempo


La sala de exposiciones Torre de los Anaya, en Salamanca, acoge hasta finales de mes la exposición El estudio Gombau, una cápsula del tiempo. Es muy acertado el título de la muestra que organizan el Ayuntamiento de Salamanca y la Filmoteca de Castilla y León, porque al contemplarse fotografías de principios del siglo pasado uno tiene la sensación de estar asomándose por una ventana a otra época. Vidas de gentes que ya no están entre nosotros, fragmentos de su cotidianidad o de sus fabulaciones, sonrisas, pedacitos de tiempo

En la exposición, que reúne fotografías del estudio de Venancio Gombau (1861-1929), se explica la importancia del descubrimiento por parte de los hermanos Lumière del conocido como autocromo. Fue el primer proceso comercial de fotografía en color, que empezó a comercializarse en 1907 y supuso toda una revolución pese a lo rudimentaria que pueda parecer su técnica a día de hoy, ya que empleaba féculas de patata teñida de colores primarios sobre placas de vidrio. En la muestra se pueden ver varias de esas primeras fotografías a color tomadas usando esa técnica revolucionaria, imágenes que recogen retratos de mujeres. 

Lo cierto es que ese invento ayudó a popularizar la fotografía. Se pusieron de moda los estudios a los que las gentes acudían a tomarse retratos. Hoy que llevamos cámaras en el móvil, que tomamos fotos a cada rato de cualquier cosa, que tenemos cargada la memoria de imágenes de vacaciones, comidas y celebraciones con  amigos, nos cuesta quizá entender lo que un retrato podía significar para una familia a principios del siglo pasado, cuando aquello de la fotografía era un invento reciente, cuando era inevitable mirarlo con asombro. 

La exposición nos permite ver la sociedad y el gusto de la época. También nos recuerda que el teatro ha fascinado al público durante siglos, porque una de las partes más interesantes de la exposición es la dedicada a una serie de fotografías que Gombau tomó a actores ataviados con vestuarios de distintas funciones teatrales. Entre ellas, por cierto, un hombre transformista, vestido con ropajes de mujer. 

En su momento, cuando empezó a popularizarse la fotografía, había personas que tenían miedo ante ese invento. Algunas creían que les robaba el alma. No era exactamente así, claro, pero la fotografía lograba entonces y sigue conduciendo ahora captar la esencia de un instante, crear esas cápsulas del tiempo a las que acertadamente se refiere el título de la exposición. Se ha perdido la memoria de esas personas que posaron hace décadas ante la cámara de Gombau, los niños y jovenzuelos que asoman risueños fueron después ancianos y murieron hace mucho, pero gracias a la fotografía perduran, dejan huella, resisten al paso del tiempo y sirven como testimonio de otras vidas y otras épocas. 

Hoy la técnica fotográfica es totalmente distinta y ni siquiera podemos fiarnos de lo que parece una foto, porque ha podido ser retocada, manipulado o incluso creada de cero por una IA, pero el valor de la fotografía, en esencia, sigue siendo el mismo: atrapar un pedacito de realidad y encapsularlo para siempre, preservarlo y guardarlo para la eternidad. Exposiciones como ésta que se puede disfrutar en Salamanca así nos lo recuerdan. 


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