Obsession

 

Obsession es una de las primeras películas de terror que he visto en el cine en mi vida, y también es muy posible que sea de las últimas, pero aprecio sus méritos. Quiero decir con esto que no es el tipo de cine que me gusta, de hecho, lo paso mal con las pelis de miedo, me sobresalto en esas escenas en las que otros se ríen y no termino de pillarle la gracia. Vamos, que esta película no es del todo para mí, ya de entrada, y que este artículo no puede ser una crítica en sentido estricto, porque he visto más bien pocas cintas de este género. 

La película, dirigida por Curry Barker, ha sido un éxito de taquilla en todo el mundo y también ha sido muy valorada por la crítica. Siempre es algo misterioso eso del éxito, pero parece claro que ha tocado las teclas correctas. A quienes sí son aficionados del género de terror, la película les convence, y hasta quienes no lo somos en absoluto, al menos hablo por mí, encontramos alicientes en esta historia. Más allá de las escenas de susto, de los momentos gore que me resultan un tanto indigestos y, en fin, de todo lo que se espera del género y que yo no aprecio, porque no es mi estilo, simplemente, más allá de lo formal, de ese tipo de escenas que toda peli de terror debe tener y que yo no disfruto especialmente, Obsession sí cuenta una historia que apela al espectador.

La película es un tortazo con la mano abierta a la idea del amor romántico, un contundente retrato del daño que causa la idealización extrema de otro. Y ésa es su gran fortaleza, el mensaje de fondo, la historia que desarrolla desde la premisa de que hay que tener cuidado con lo que se desea, no vaya a convertirse en realidad, y las reflexiones sobre la importancia de tener relaciones de pareja sanas, en pie de igualdad, sin imposiciones, con espacio para las dos partes, sin obsesiones, actitudes posesivas ni control del otro. 

El protagonista de la película, Bear (Michael Johnston) es un chaval normal y corriente que está perdidamente enamorado de su amiga Niki (Inde Navarrete). La quiere, sólo piensa en ella, quiere contarle lo que siente, pero también teme ser rechazado y que la declaración pueda afectar a su buena relación de amistad. El planteamiento de la historia, esos primeros minutos sin escenas escabrosas ni sustos, es casi equiparable al de una comedia romántica. Chico se enamora de chica, chico se debate sobre si decírselo o no… Lo clásico. Pero, claro, la misión principal de esta película es precisamente ir en contra de ese enfoque de amor romántico tradicional, esa idea de no poder vivir sin el otro y demás chatarra emocional que tanto ha explorado el cine de Hollywood durante décadas.  

De pronto, de manera casual, Bear tiene la opción de cumplir un deseo, que será, por supuesto, que Niki lo ame más que a nada en el mundo. Y el resto, más o menos, se puede intuir: cuidado con lo que deseas. Me gusta esa forma de alertar sobre los excesos del amor romántico tóxico y posesivo, quizá en parte por eso la película ha conectado tan bien con tantos espectadores. Durante mucho, mucho tiempo, esa idealización, esa idea falsa del amor, que sólo existía en las películas, era indiscutida en el cine. De un tiempo a esta parte, se cuestiona, quizá nunca de un modo tan contundente como en esta película. 

El mayor mérito que le reconozco al filme, más allá, insisto, de mis gustos personales y de que el género de terror definitivamente no es lo mío, es esa capacidad de conectar con debates y temores contemporáneos, como el amor tóxico. También son muy convincentes las interpretaciones de los protagonistas, en especial de ella, Inde Navarrete, cuyo papel es muy complejo, porque transita por distintos estados de ánimo a lo largo de la película. Por seguir con las frasecitas manidas del amor romántico, en fin, a esta película podría decirle eso de “no eres tú, soy yo”. Es una buena película, entiendo el éxito que ha tenido y no me arrepiento de haberla visto en el cine, pero el género del terror sigue sin ser mi preferido. 

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