Homer Simpson, ese gran filósofo de nuestro tiempo, le cuenta a Kirk Van Houten, el padre de Milhouse, que el problema de las parejas es la comunicación. “Demasiada comunicación”. Recordé esta escena al ver El drama, la película un tanto inclasificable de Kristoffer Borgli en el que Zendaya y Robert Pattinson dan vida a una pareja feliz que se va a casar y cuya relación se tambalea por una revelación del pasado de uno de ellos. Lo dicho, demasiada comunicación.
Bromas aparte, la película tiene una premisa muy sugerente e ingeniosa. Tanto, de hecho, que la sinopsis es críptica y es de esas películas de las que hay que decir lo menos posible, porque su principal atractivo es precisamente dejarte sorprender, no saber exactamente por dónde va a romper la trama. Otro acierto del filme es justo eso, que no terminas de pillarle nunca el punto, el tono, no sabes bien qué camino tomará.
En Filmaffinity, por ejemplo, la película tiene estas etiquetas: romance, drama, comedia, comedia negra, drama psicológico y bodas. Todas le van bien y ninguna llega a definirla del todo. Faltarían algunas, incluso. Es una película, en efecto, que persigue la comedia (a veces, incluso, da la sensación de buscar ser carne de meme), pero la historia que cuenta es dramática. Los personajes sufren realmente por lo que sucede, alguno, incluso, sufre de más, sobreactúa un poco (el personaje, digo, no los intérpretes, que están muy bien).
La película parece siempre estar a punto de cambiar y dar un giro brusco, se mueve al borde del precipicio. Yo tengo la sensación de que no termina de romper, precisamente por todas esas sendas posibles que sugiere, o quiero pensar que sugiere, de forma más o menos ambigua. Pero no se puede juzgar a una película por lo que podría haber sido o por la película que, en algún momento del metraje pensábamos que podía ser, sino por lo que es de verdad. Y no se le puede negar al director una ingeniosa mezcla de tonos y géneros, una atractiva trama y la capacidad de generar conversación, porque es imposible ver esta película en el cine con alguien, sobre todo si ese alguien es tu pareja, y no debatir sobre lo que sucede, en especial, sobre cierta conversación que desencadena la trama.
Más allá de que la senda que tome la película me guste más o menos, al margen de las decisiones narrativas que adopta su director, pienso que es una cinta atractiva y origina. Uno podría tener el prejuicio antes de verla de que el filme es poco menos que una simple excusa para juntar a dos actores de moda, pero las interpretaciones de ambos son más que convincentes y la historia no es la clásica película comercial, aunque juegue con los códigos de la comedia romántica convencional.

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