Rafa

 

Nunca he admirado ni creo que llegue a admirar jamás a ningún otro deportista tanto como admiro a Rafa Nadal. Durante dos décadas he disfrutado con sus finales, sus remontadas, sus regresos triunfales tras distintos problemas de salud, su admirable afán de superación, su ejemplar actitud en la pista. Para mí es indudable que es el mejor deportista español de todos los tiempos y también un referente internacional. Quiero decir con esto que no soy objetivo con nada relacionado con el tenista balear, ni tampoco lo pretendo, así que a nadie le sorprenderá leer que me ha encantado Rafa, el documental de cuatro capítulos dirigido por Zachary Heinzerling que puede verse en Netflix. 

El documental, dividido en cuatro capítulos, está grabado en 2024, el último año de la carrera de Nadal, y muestra su empeño, casi su obsesión, por poder acudir a Roland Garros, su torneo preferido, el que más veces ha ganado, donde ha dominado como ningún otro tenista en la historia. Aunque está rodado ese año, da saltos atrás en el tiempo para mostrar con imágenes y testimonios del propio tenista y de entorno los comienzos y la evolución de la admirable y legendaria trayectoria deportiva del genio de Manacor. Aparecen también sus principales rivales en sus dos décadas de carrera, aparte de periodistas y expertos que explican la trascendencia de su figura. 

La primera persona a la que cita Nadal en su emotivo discurso en el precioso homenaje que le rindió Roland Garros en 2025 es su tío Toni Nadal. Fue quien lo entrenó desde niño, quien le exigió siempre más, la persona que más respetaba y hasta, en según momentos, temía el tenista. En aquel discurso, Nadal le reconocía a su tío que gracias a él llegó donde estaba. Sin embargo, su relación no siempre fue fácil, por la extrema exigencia de Toni, que en algunos momentos del documental me hace recordar la película Whiplash, en la que, en su búsqueda de la excelencia, un director de orquesta estajanovista y un tanto despiadado exige hasta el límite de lo éticamente tolerable y de lo humanamente posible a un chaval que toca la batería. 

Aquella película del director de La, La Land nos planteaba la interesante e incómoda pregunta de cuánto sufrimiento y esfuerzo irracional aceptamos para poder ver a alguien brillar, independientemente de cuál sea su labor. ¿Es aceptable que un virtuoso dé media vida para alcanzar la excelencia interpretando una composición? ¿Se puede si quiera pensar en alcanzar la excelencia sin un esfuerzo descomunal y una entrega absoluta? ¿Vale la pena? ¿Somos cínicos quienes criticamos esa obsesión pero luego aplaudimos y celebramos con enorme entusiasmo el resultado del artista o deportiva que lleva al límite su propio cuerpo? 

En el documental, Nadal cuenta que los entrenamientos con su tío eran más duros y exigentes que muchos partidos. Explica que, siendo niño, su tío le hizo seguir jugando la final de un torneo con un dedo roto. Rafa veneraba a su tío, pero la relación se fue deteriorando, en especial, cuando se acrecentaron los problemas de ansiedad que afectaron al tenista durante casi toda su carrera. En 2015 estuvo a punto de tomarse un descanso, pero su tío no le dejó, porque decía que la mejor manera de salir de su laberinto era trabajar más. Tuvo incluso que acudir al psiquiatra, sentía que no podía respirar. Decidió entonces incorporar a otra persona al equipo, Carlos Moyá. Su padre fue quien llamó a Toni Nadal para contárselo, porque él no se veía capaz de llamar a su tío, tanto lo intimidaba. Su tío anunció en 2017 que abandonaba el equipo de su sobrino comunicándoselo a la prensa antes que al propio tenista. 

No todo es dureza y aspereza en la relación entre ambos, que es en cierta forma el verdadero hilo conductor del documental. Hay momentos de ternura. Por ejemplo, en el primer partido de un jovencísimo Nadal, su tío le dijo que si perdía de mucho ante el más experimentado rival que tenía enfrente, él podría hacer que lloviera para que suspendieran el partido. Llovió. Y terminó ganando. En la final de Wimbledon de 2008, esa mítica final que se terminó de noche y casi sin luz después de varias interrupciones por la lluvia, Nadal terminó derrotando a Federer y ganando en la mítica pista londinense. Tras la interrupción por las precipitaciones, Nadal le dijo a su tío que creía que ya podía parar la lluvia. 

De las muchas proezas del tenista que cuenta el documental, quizá la más asombrosa y la que mejor describa su grandeza sea el hecho de que se trata del único tenista de la historia que ha sido número uno en tres décadas distintas, lo que habla de su tenacidad, de su constancia y de su fortaleza mental. “No soy un ganador, yo soy un competidor”, afirma el tenista en el documental, en el que se muestra siempre decidido a explorar sus límites, incluso poniendo en un segundo plano su propia salud.  

2005 fue cuando ganó su primer Roland Garros y fue también el año en el que se le diagnosticó la enfermedad crónica en el escafoides que ya le acompañó en toda su carrera de dos décadas. Le llegaron a decir que igual no podía volver a jugar al tenis. El dolor lo acompañó siempre. En 2012, cuando parecía que podía empezar a plantar cara a Novak Djokovic, tuvo una seria lesión de rodilla, que le llevó a jugar con la rodilla anestesiada en 2013 en Indian Wells en contra de los consejos de los médicos que le piden parar. Personas de su entorno muestran incluso su preocupación por el abuso de los antiinflamatorios que llegó a hacer. “Si no hubiera explorado, tendría diez o doce Grand Slams menos”, cuenta convencido Nadal, quien también explica que intentó quitarse sus tics en la pista, pero que no pudo porque le daban seguridad. 

Nadal afirma que no le gustan las entrevistas ni la exposición, y los únicos pasajes del documental en los que se muestra algo cortado son en los que se refiere a su mujer o a su vida personal. Es su mujer y madre de sus dos hijos, Xisca Perelló, quien cuenta algunos detalles de su relación, como que sus sus familias se conocían antes de nacer ellos, que ella incluso estuvo en la comunión de él o que a Nadal le costó bastante aceptar irse de casa de sus padres. También aparece el tenista acompañado de su hijo mayor en las imágenes más tiernas de un documental que muestra todo el esfuerzo, la tenacidad y la ambición del mejor deportista español de todos los tiempos. 


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