Lorca, las horas perdidas

 

Noventa años después, el asesinato de Lorca sigue conmoviendo. En contra de quienes mataron vilmente al poeta, que querían acallar su voz, porque representaba todo lo que ellos detestaban, Lorca sigue siendo hoy leído y representado, sigue despertando admiración y asombro. Su poesía y su teatro están vivos, como viva sigue su historia. No se ha encontrado aún su cuerpo, que sigue desaparecido como los de tantas otras víctimas del franquismo, para bochorno del país y también para alimentar teorías y debates sobre cómo fueron sus horas finales y dónde puede estar el cuerpo del poeta.  

El pasado viernes, La 1 de TVE estrenó el documental Lorca, las horas perdidas, producido por RTVE en colaboración con Rugido Producciones y con la dirección de Nahúm Vargas y Alba Vega Gómez, que se presenta como un true crime sobre las horas finales del genial autor de tantos poemarios y tantas inmortales obras teatrales. El documental, que puede verse en RTVE Play, interesó a la audiencia, con un 11,4% de cuota de pantalla. 

Todo lo que tiene que ver con Lorca me interesa y, por supuesto, vi el documental con la mejor de las predisposiciones, pero reconozco que también me despertaba cierta cautela el enfoque de true crime que recalcaron insistentemente los creadores del documental y la propia TVE. Hay aciertos en Lorca, las horas perdidas, como la extensa nómina de expertos en la vida y la obra del poeta que participan en él (Ian Gibson, Víctor Fernández, y también otros testimonios interesantes como el del nieto de uno de los guardias de asalto que participaron en la ejecución del poeta o el de artistas que admiran al poeta (Joaquín Sabina, Paula Ortiz, Benjamín Prado…). 

No desprecio tampoco la labor divulgativa de un documental así, porque no todo el mundo está tan obsesionado con Lorca como quien esto escribe, y siempre está bien que se emita en abierto en horario de máxima audiencia en la televisión pública un documental sobre Lorca y sobre su muerte. Hay aportaciones valiosas, pero también hay unos cuantos elementos del documental que me chirrían mucho. Insisto, no soy objetivo, he leído todo lo que ha caído en mis manos sobre Lorca y quizá miro este documental desde una posición que me pone más alerta de antemano, pero, al fin y al cabo, es mi posición, es la única desde la que puedo opinar. 

Veo algún problema de fondo y forma en el documental. En cuanto a la forma, me desagrada el uso de recursos sensacionalistas, como una cuenta atrás con un reloj, una estructura algo confusa y, sobre todo, con una recreación del propio Lorca que me genera muchas dudas. Por supuesto, no por el actor, Ángel Ruiz, estupendo, que ya dio vida al poeta en El Ministerio del Tiempo, en una de las más memorables escenas de la historia reciente de la televisión en España. Nada en contra de él. Es fantástico. Pero que se use este recurso en un documental sobre la muerte de Lorca me parece cuestionable, incluso, un tanto de mal gusto. Es el enfoque de true crime que le quieren dar, de acuerdo, pero en mi caso al menos, no termina de funcionar. De hecho, me saca de la película. 

El documental pone en boca de Lorca pensamientos y reflexiones que no se saben ni se pueden saber, obviamente, en esas horas finales. Chirrían y desentonan, incluso desagradan por momentos, en un documental que a su vez presenta testimonios de un nutrido grupo de expertos que aportan la información de la que se dispone, con rigor. Es una mezcla que encaja muy mal, que confunde. No casa esa recreación, ese espacio fantasioso en el que le hacen decir a Lorca en una extraña voz en off algo puramente inventado, con los comentarios sobre lo que sí se sabe que sucedió. Pasar de un plano en el que se muestran documentos reales o declaraciones de expertos a otro en el que todo es pura invención sobre lo que Lorca dijo o pensó cuando iba a ser asesinado… No lo veo. 

El documental también tiene ciertos problemas de fondo, que han señalado algunos expertos y asociaciones de memoria histórica. Incluso, algún experto que ha participado en la producción, como Víctor Fernández. Aunque en el documental se muestra el informe oficial sobre la muerte de Lorca que lo señalaba como “socialista, homosexual y masón”, y aunque se incluyen declaraciones con distintas opiniones sobre las razones últimas del asesinato, el documental parece decantarse por la tesis de que todo fue cuestión de rencillas familiares, lo que deja en un segundo plano la motivación claramente política del crimen (el compromiso de Lorca con la República era inequívoco) y también el odio que despertaba por su homosexualidad (uno de los participantes en el crimen alardeó de haberle dado tiros en el culo por “maricón”). Entre otras cuestiones, el documental vincula en cierta forma el asesinato con las referencias a personas reales en La casa de Bernarda Alba, pero esta obra teatral no fue publicada hasta 1945 en Buenos Aires y es dudoso, por tanto, que pudiera haber sido una motivación central del asesinato

Con todo, me quedo con que Lorca sigue despertando enorme interés en el público. Noventa años después, nadie recuerda el nombre de sus asesinos, pero todos seguimos recitando los versos de Lorca, emocionándonos con su teatro y deslumbrándolos con su figura de artista total. 

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