¡Feliz Día del Libro!

 

Acaba de amanecer en Barcelona y eso hoy, 23 de abril, significa que ya queda poco para que abran las paradas de libros y rosas que inundarán las calles de la ciudad durante un día intenso y único en el año. Antes de que lo hagan, pienso nervioso en lo que me espera ahí fuera, porque a Sant Jordi se acude siempre con la emoción de las primeras veces, por más años que uno haya gozado de esta fiesta. Y pienso también en todo lo que hay que celebrar y debatir en este Día del Libro, en cómo llegamos a este día señalado en el calendario para quienes amamos la lectura. 

Mientras pongo de fondo la tele para ver qué cuentan de Sant Jordi en Cafè d’idees, el programa matinal de La 2 en Cataluña, y hago zapping en TV3 y en Betevé, un clásico ya de este día, pienso que el 23 de abril es un día maravilloso para salir a disfrutar de la mejor fiesta del año en Barcelona, lo que haré en breve, pero también para reflexionar sobre el estado del sector editorial y del mundo de la lectura en general. Porque, entre los novelistas y los lectores que hoy se encontrarán en las sesiones de firmas, hay muchas otras personas fundamentales para que existan los libros y para que los leamos. Librerías, bibliotecas, traductores, editoriales grandes y pequeñas, agentes literarios… Y creo que está bien acordarse hoy de todos ellos, de cada eslabón de la cadena del libro. 

De entrada, todo hace indicar que vivimos un buen momento en indices de lectura tras la pandemia, cuando los libros fueron la mejor compañía, el mejor refugio. Según el Barómetro de Hábitos de lectura y compra de libros en España, que cada año publica la la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE), el 66,2% de la población española lee libros en su tiempo libre, lo que supone un crecimiento de 0,7 puntos porcentuales respecto al año anterior y de 6,5 puntos porcentuales frente a 2017. Por cierto, el tramo de edad con mayor índice de lectura es el de entre 14 y 24 años, con un 76,9%, lo que desmonta no pocos mitos y prejuicios sobre los jóvenes. Resulta que sí leen y mucho más que los mayores. Con todo, entre la población general, un 33,8% de la población no lee nunca o casi nunca en su tiempo libre. 

Ayer en el AVE desde Madrid camino de Barcelona vine viendo desde el móvil el pregón de Sant Jordi, que este año ha pronunciado Ali Smith. Fue una encendida defensa de las bibliotecas. Criticó la censura en bibliotecas públicas de los tiranos, “de Rusia a Estados Unidos”, porque nada les pone más nerviosos que un espacio libre, gratuito y con acceso para todo el mundo repleto de libros. Estableció un paralelismo entre los libros y las flores, por la belleza que aportan, porque los libros, hechos con papel que obtenemos de los árboles, son organismos vivos. Citó a Orwell para afirmar que quien controla la relación de las palabras con sus significados controla el mundo, y para defender ese poder para todos en tanto que lectores y porque todos estamos hechos de relatos, de palabras. “Sé que estoy hecha en un 75% de agua y sospecho que también estoy hecha en un 75% de libros”, afirmó, en uno de los pasajes más bellos del pregón. 

La escritora también mantuvo una interesante charla con su traductora al catalán, Dolors Udina, y fue un bonito detalle que fuera ella quien hablara con Smith, porque el papel de las personas que traducen novelas a nuestros idiomas es fundamental y también merece ser recordado y agradecido en un día como hoy. Qué haríamos sin ellas para leer obras de autores japoneses, alemanes o coreanos. Entre los temas de los que charlaron está el de la influencia de la actualidad en la literatura. La autora puso el ejemplo del referéndum sobre el Brexit y contó que ella sintió que no podía escribir como si estuviera patinando sobre hielo, es decir, sin que la realidad y lo que sucedía a su alrededor se colara de un modo u otro en sus historias.

También está hoy en Barcelona la Nobel Han Kang, que se estrenará este año en Sant Jordi. Ayer en un encuentro con medios contó que estaba deseando ver cómo se transforma la ciudad, porque le habían dicho en el hotel en el que se hospeda estos días que la calle no se parecerá en nada a lo que ve en vísperas del gran día. No sabe hasta qué punto es así. Leo sus palabras justo tras salir de la estación de Sants, en la que un chico espera a su novia con una rosa y se ve a otras personas ya con la rosa, adelantándose un día a la tradición. Son los primeros indicios de la maravillosa y efímera transformación de la ciudad que se avecinaba, el milagro anual de cada 23 de abril. Dijo también Kang que la literatura permite estar del lado de la vida en este tiempo oscuro y justo eso es también lo que consigue la Diada de Sant Jordi. 

Hoy también escucharemos el discurso de recepción del Cervantes del escritor Gonzalo Celorio. Sus libros se venderán hoy en las paradas, igual que El buen mal, la obra de relatos de Samanta Schweblin galardonada con el primer premio AENA. La dotación del premio, de un millón de euros, ha generado estas últimas semanas un aluvión de críticas, en parte, por la participación pública en la empresa aeroportuaria. Encuentro argumentos sensatos en algunas de esas críticas, pero también en quienes defienden la existencia de un premio a obra publicada, una rareza en nuestros países, y en quienes defienden el papel del mecenazgo cultural, igual que no se suelen cuestionar los patrocinios de equipos o eventos deportivos con tanta virulencia.  

Otra parte vital de este ecosistema libresco son las editoriales. Pocos días antes de esta fiesta grande de la literatura conocíamos la muerte de Beatriz de Moura, fundadora y directora literaria de Tusquets, una de esas editoriales imprescindibles. Ha sido recordada con mucho cariño estos días por autores que han publicado en este sello literario y que trataron con ella durante décadas.

En Francia, este Día del Libro se celebrará en medio de una gigantesca polémica tras la estampida de más de 200 autores de Grasset en respuesta al despido de su histórico editor, Oliver Nora de Grasset. Tras el fulminante despido parece haber motivaciones políticas del magnate conservador Vincent Bolloré, dueño de Hachette, el gigante editorial que controla el sello. Los autores que abandonan Grasset hablan en su carta de “una guerra ideológica para imponer el autoritarismo en toda la cultura y los medios”. Es una crisis sobre la que se ha pronunciado hasta el presidente de la República, Emmanuel Macron, que habló de la importancia de defender el pluralismo editorial. Antoine Gallimard, patrón del otro gran grupo editorial francés, defendió en una tribuna en Le Monde que la diversidad editorial, “herencia de dos siglos de historia”, es una de las mayores riquezas culturales de Francia, mientras que Bolloré, para echar más leña al fuego, publicó una tribuna atacando a los autores que le han dado la espalda con palabras gruesas y tildándolos de una casta que se cree por encima del bien y del mal. 

A la efervescencia del debate público en Francia sobre este tema se sumó una tribuna en La Tribune de Dimanche firmada por 300 autores pidiendo una cláusula de conciencia para los escritores, que les permita actuar si su grupo editor decide convertirse en actor político. Es un derecho que la ley sí contempla para los periodistas. El debate sigue abierto el el país vecino, donde la cultura en general y la literatura en particular son un asunto serio que da mucho que hablar, igual que hoy hablaremos de libros gracias a esta bendita fiesta de Sant Jordi, única en el mundo. 

De hecho, voy terminando ya de escribir estas líneas, porque ahora sí que sí las paradas de libros deben de estar a punto de abrir en las calles de Barcelona. Y también los programas de tele y radio en la calle. Ya no aguanto más en el hotel. Allá voy. Sin saber nunca qué encontraré exactamente, porque cada 23 de abril en Barcelona es parecido al anterior, pero a la vez diferente, completamente único. En unas horas contaré cómo ha sido éste que ahora comienza para mí. Lo que tengo claro es que encontraré un reto para celebrar este día leyendo, por supuesto, que eso es lo que nos une hoy a todos los que sentimos una emoción especial al ver el calendario. ¡Feliz Día del Libro! ¡Feliz Sant Jordi!

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