Martin Urrutia habla en una de las canciones de su primer disco de la importancia de atrapar nuevos recuerdos. En otra afea a quienes le piden que deje ir las cosas, que no se aferre tanto a todo (“siempre decís que no renuncio a nada/ y los demás recordáis muy poco”). Sin duda, el concierto que ofreció anoche en la sala But de Madrid pasa a ser un muy preciado recuerdo para el joven artista y para su enfervorizado público. Y, desde luego, no pensamos dejarlo ir.
Fue una enérgica y más que prometedora presentación en Madrid, de la que dijo que es ya un poco su segunda casa, del extraordinario La insolación, un disco muy cuidado producido por Hidrogenesse que es es la presentación en sociedad de Martin Urrutia como cantante, una poderosa declaración de intenciones. Un trabajo inspirado en el libro La insolación, novela de Carmen Laforet que he leído gracias a Martin y de la que haré crónica propongo en el blog. Es un disco que, pese a la juventud del artista, habla mucho de nostalgia y recuerdos, con referencias constantes al verano, ese que parece que ya está aquí con semejante subida de temperaturas que sentimos estos días, y al que también ayudó a evocar, por cierto, el calor que se sintió en la sala. Es uno de esos discos que invitan a la escucha continua y serena en casa, una canción tras otra, eso que ya casi no se hace, y que alcanza aún mayor vuelo en el directo.
Hubo un tiempo en el que los concursantes de OT buscaban sacar discos lo antes posible nada más salir de la academia, para subirse a la ola de la fama del programa televisivo. Eso cambió progresivamente y, como en tantas otras cosas, quien marcó un punto de inflexión fue Amaia. Ella se tomó su tiempo hasta que sintió que había encontrado su voz, el tono y la personalidad que quería imprimir a su primer trabajo. Y lo mismo ha hecho Martin Urrutia, quien compaginó el rodaje de la serie Mariliendre, en la que debuta como actor con una más que notable interpretación, con la gira de OT. Tras ello, ha preparado a conciencia, sin ninguna prisa, su primer disco. Desde luego, ha valido mucho la pena. La insolación es un disco con mucha personalidad, con un concepto claro, con una producción exquisita, muy cuidada.
Martin, cuyo carisma desbordante alcanza su máxima potencia encima de un escenario, interpretó anoche todos los temas del disco, además de varias covers, de su primera canción, Rompeolas, y de El destello, el tema que sacó junto a su pareja Juanjo Bona, quien anoche asistió entre el público como un fan más y con quien protagonizó una preciosa historia en OT que sirvió con toda naturalidad de referente LGTBI para el público joven que sigue el programa. En sus canciones, el artista vasco incluye constantes referencias a la naturaleza y al mar. Se diría que el setlist de su gira busca que los temas y los ritmos fluyan a lo largo del concierto como la marea, con subidas y bajadas, alternando canciones que animan a ponerse a bailar con otras más contemplativas y calmadas.
De Nuevos recuerdos a Déjalo ir, sonaron los diez temas de su primer disco. En Jérémie, que parte de una anécdota personal sobre un enamoramiento no correspondiendo con un chico, canta en francés. Quizá por eso sea una de mis preferidas del disco. También me gustan especialmente La insolación, la más onírica y singular del disco, la que cita expresamente a la novela en la que se inspira; 1.000 estorninos, una preciosa canción de amor dedicada a su novio; Piscina vacía, que habla de cómo cambian las amistades con el paso de los años, y Nadadora, la exquisita versión del tema de Family que ha incluido en su disco.
Entre sus temas propios, Martin incluyó covers de Cruz de navajas, esa canción mítica de Mecano, y Everybody’s changing, de Keane, que tan bien encaja con el tono de este disco.
Las letras de las canciones de Martin transpiran verdad en cada verso. Se nota que están inspiradas en su propia vida. Y, entre tantas referencias a lo cotidiano, hay algunos versos bellísimos, cargados de lirismo como cuando en Otro verano canta eso de “la mirada de un chico en la playa/ Se me queda grabada en la cabeza /Y no sé si es pregunta o respuesta”, o cuando en Estoy listo proclama “me acerqué a las últimas tendencias / Y me alejé de ellas otra vez / Como siempre suelo hacer”. Tras esa canción el público entregado, que había jugado balones de playa al sonar Nadadora, lanzó flores al escenario. En los bises, que parte de los espectadores pidió en euskera (beste bat), lo que me hizo recordar muy buenos recuerdos de conciertos pasados en Euskadi, sonaron Rompeolas (“soy como una ola, no sé cuándo pero voy a romperme”) y esa encantadora y muy marchosa Déjalo ir, en la que deja claro que a él no le sirve eso de dejar ir los recuerdos del pasado.
En Nuevos recuerdos, la canción que mencionaba al comienzo de la crónica, Martin ensalza el valor de aferrarse a los recuerdos como amuletos, pero también llama a volver a empezar de cero, porque olvidarse de algo también podría ser hermoso. “Será como ensanchar el mundo y hacer sitio al futuro”, canta. Y pienso que eso justo, hacer sitio al futuro, abrirse camino con su talento arrollador, es lo que hace Martin Urrutia desde que se dio a conocer en aquella edición de Operación Triunfo de 2023, donde dejó claro desde el principio que tenía algo especial. Su talento, su cabeza bien amueblada, su carisma, su voz y su sensibilidad le han llevado en este tiempo al rodaje de una película y una serie y a publicar su primer disco, que ahora saca de gira en una más que solvente puesta en escena. A sus 21 años Martin tiene muchos nuevos recuerdos que construir y regalarnos. El de anoche, de momento, ya digo, no lo dejaremos ir de ninguna manera.

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