Es bonito ver que Carmen Martín Gaite sigue siendo recordada en su Salamanca natal pasados los fastos de su centenario, que llenaron la ciudad de exposiciones y conferencias sobre su figura. Esta vez es la Filmoteca de Castilla y León la que recuerda a la autora de Entre visillos, Caperucita en Manhattan, El cuarto de atrás y tantas otras obras inolvidables. Cualquier excusa es buena para celebrar a la genial escritora y en este caso es el 40 aniversario de la concesión de la Medalla de Oro de Salamanca.
La exposición de la Filmoteca castellanoleonesa no sólo se dedica a la autora salmantina, que comparte protagonismo con Wences Moreno, cuya historia reconozco que desconocía por completo. El punto de conexión entre ambos, aparte de ese reconocimiento de la ciudad a sus hijos ilustres en 1986, es que para los dos fue muy importante Nueva York. Él vivió allí una larga temporada, y también triunfó en teatro, cine y televisión, mientras que para Carmen Martín Gaite fueron trascendentales sus estancias en la gran manzana impartiendo clases, por no hablar de cómo Nueva York la inspiró en algunas de sus obras y también en muchos de sus collages, como también señaló otra reciente exposición en Salamanca, esta vez, en el Palacio de la Salina.
La pequeña muestra de la Filmoteca se abre con un vídeo de la entrega de las medallas y también con sendas entrevistas a Wences Moreno y Carmen Martín Gaite en Casa Grande, que era un periódico que editaba en aquella época el ayuntamiento salmantino. Es interesante leer, por cierto, que por aquel entonces la escritora sentía, antes de conocer que iba a recibir este reconocimiento, que en Salamanca le hacían más bien poco caso, que apenas la llamaban para conferencias o actos culturales. “Tengo que rectificar de plano”, decía la escritora en aquella entrevista. Lo cierto es que Salamanca siempre ocupó un lugar central en la vida y la obra de Martín Gaite, que siempre se reconoció como una chica de provincias.
También es llamativo de esa entrevista cómo preguntan a la autora por los posibles paralelismos entre la ola de puritanismo de la era Reagan y sus estudios sobre los usos amoroso de la postguerra española. La autora afirma que no compararía ambas épocas, porque son periodos muy distintos. Más que la respuesta en sí de la autora, es curiosa la pregunta, porque nos recuerda que ya hubo otros tiempos en el pasado relativamente reciente en los que se sentía que Estados Unidos retrocedía en ciertas cuestiones sociales, por un lado, y también porque no es nuevo eso de buscar analogías entre distintos periodos históricos, con el riesgo que eso supone.
La exposición incluye incluye también fotos, objetos, fragmentos de las obras de la autora e incluso un manuscrito de abril de 1936 en el que la autora habla sobre su ciudad, Salamanca, en términos muy elogiosos. Es inevitable y muy gozoso pararse a leer esos escritos de la autora, incluidos los pasajes de sus obras, porque en cualquier exposición sobre Martín Gaite, por las fotos, objetos o vídeos que haya, lo más sugerente y cautivador será siempre, siempre, siempre leer su prosa, su ligereza inteligente, su magnética forma de escribir que de un modo tan natural capta el lenguaje hablado, como si la autora te lo estuviera contando en una charla tomando un café.
Adoro todo lo que tiene que ver con Carmiña, así que es la parte dedicada a ella la que más disfruté en esta chiquita pero atractiva exposición, pero también me llamó mucho la atención la historia de Wences Moreno. Es una historia de película. Alguien nacido en un pueblo salmantino que cruza el charco y triunfa en Estados Unidos, hasta el punto de aparecer en películas, acudir a shows televisivos de máxima audiencia o llenar durante semanas los teatros con sus espectáculos. En la exposición se recuerda también cómo dejó tanta huella que hay referencias a su arte en representaciones de la cultura popular como Los Simpson. Muy, muy interesante.

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