Las historias sobre comunidades de vecinos funcionan tan bien en cine y televisión porque todos vivimos en una y podemos sentirnos identificados con lo que sucede. Además, un bloque de viviendas sirve también como metáfora de la sociedad en su conjunto. Suelen ser historias que abordan desde la comedia cuestiones sociales y, entre risa y risa, pone al espectador frente al espejo. Las películas sobre comunidades de vecinos, que son casi un género en sí mismo, tienen un nuevo exponente muy interesante con Votemos, de Santiago Requejo, que puede verse en Prime Video.
A veces, bajo la apariencia ligera de una comedia, se muestran en pantalla verdades incómodas sobre la sociedad en la que vivimos. Es lo que logra esta película, que cuenta una historia de ficción disparatada y algo llevada al extremo, levemente hiperbólica, pero que en realidad nos retrata un poco a todos y que parece la perfecta anatomía de la sociedad actual, marcada por la polarización y los prejuicios.
La película comienza con una junta de vecinos para decidir si se renueva el ascensor. Hay unanimidad y, aparentemente, buena armonía en la comunidad, hasta que uno de los vecinos cuenta que va a alquilar su piso a un compañero de trabajo que tiene un problema de salud mental. Él lo cuenta como de pasada, sin darle más importancia, pero la reacción de sus vecinos desencadena una catarata de discusiones que acaban mostrando la verdadera cara de todos ellos y, de paso, también un poco (bastante) de esta sociedad nuestra tan individualista e hipócrita.
Votemos habla, y muy bien, con mucha profundidad pese a su tono de comedia y a su brevedad, del desconocimiento y los prejuicios sobre la salud mental. Es cierto que, de un tiempo a esta parte, hablamos más de salud mental, pero sigue siendo mucho lo que se ignora y sigue existiendo un cierto estigma. En la película se muestra con toda crudeza esa actitud tan poco empática, como de recelo y sospecha preventiva, que demasiadas veces tenemos ante quien se nos presenta como diferente.
La discusión no para de crecer en múltiples direcciones y surgen secretos vecinales, cotilleos, disputas sobre el feminismo, reproches o divisiones generacionales y políticas, entre otras. Todo se termina yendo un poco de madre y casi ningún personaje sale del todo indemne. El ritmo y la agilidad de la película, con unos diálogos extraordinariamente bien escritos e interpretados por un elenco en estado de gracia, son los mejores aliados para levantar esta historia que nunca se aleja del tono cómico, pero que invita a la reflexión en todo momento.
Raúl Fernández, Clara Lago, Tito Valverde, Gonzalo de Castro, Neus Sanz, Christian Reyes, Charo Reina y Pepe Carrasco dan vida a los personajes de una historia muy teatral, que transcurre en un mismo escenario, ese piso de la discordia que va a ser alquilado. Representan a esa comunidad de vecinos de la ficción y también un poco a la sociedad, con un profesor universitario estirado y algo repipi con traumas mal gestionados, un anciano ultraconservador peleado con el mundo, una mujer madura que se siente sola, un joven que aporta la mirada de su generación… Votemos, en fin, es una película muy divertida y también muy sugerente, que aborda temas interesantes. Sirve de espejo de la sociedad, deformante, tal vez, pero espejo al fin y al cabo.

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