Una de las muchas joyas de archivo que rescata Flores para Antonio, el documental sobre Antonio Flores dirigido y protagonizado por su hija Alba Flores y dirigido por Elena Molina e Isaki Lacuesta, es una entrevista de Julia Otero al artista poco después del nacimiento de su hija Alba. Le pregunta si le ha compuesto alguna canción, a lo que él responde que sí, pero que le está dando una vuelta porque le resulta un tanto cursi y ese tono contrasta con el más rockero de su último disco, aunque reconoce que, en el fondo, como le dijo un amigo, el mero hecho de tener hijos es un poco cursi. Al ver esa entrevista me acordé de una frase de Cioran que dice que el amor parece una trivialidad sólo por culpa de quienes no han amado. El amor no tiene nada de cursi ni de trivial, como desde luego no lo tiene este emotivo documental, lleno de amor, talento y sensibilidad.
El documental, que tiene mucho de catarsis para Alba Flores, y que reúne a su familia y a amigos de su padre, celebra el enorme talento de Antonio Flores y su luz, sin dejar de afrontar de cara sus sombras. Ése es uno de los muchos méritos de esta película, que conmueve hasta las lágrimas, que no rehuye los episodios más dolorosos de la corta vida del artista y su infierno con las drogas, pero que a la vez celebra la vida, su sensibilidad y su prodigioso talento.
Alba Flores es la narradora y el hilo conductor de este documental. Porque se habla de su padre, porque ella era sólo una niña cuando él murió apenas quince días después de la muerte de Lola Flores y porque, como le dice su prima, Elena Furiase, en un momento del documental, era ella, Alba, la que tenía la llave para abrir la puerta a todos los recuerdos y a todas las preguntas no respondidas sobre su padre. El documental se presenta, con mucho tino, como una película de conversaciones pendientes.
Alba Flores hace preguntas a su madre. Ana Villa, que cuenta que está en paz con Antonio; a sus tías Rosario y Lolita (una de las personas con más carisma de España), y también a amigos de sus padres artistas como Ariel Rot y Joaquín Sabina (que cuenta que Antonio pasaba muchas noches en su casa y que eso, extrañamente, le tranquilizaba a Lola Flores). Además, la película se nutre de muchos vídeos caseros que nos permite entrar en ese jolgorio alegre y alocado de la familia Flores en la intimidad. Cuentan Lolita y Rosario que se criaron con la disciplina justa, de forma muy libre y asilvestrada, que tuvieron una infancia muy feliz. Hablan de la carrera de Antonio como cantante, como sublime compositor y también en el mundo del cine, ya que actuó en varias películas, algo que conecta directamente con la profesión de su hija.
Cuenta Alba Flores, y lo vemos en varias grabaciones antiguas, que de niña cantaba con su padre y que dejó de hacerlo de forma súbita cuando él falleció. Su familia y sus amigos llevan desde entonces animándola a volver a cantar, pero hay algo profundo y ligado al desgarro de la pérdida de su padre que le impide cantar, que la aleja de ello, porque le resulta demasiado doloroso. De hecho, esa resistencia a cantar está también muy presente a lo largo del documental, con varias escenas de Alba Flores cantando con la siempre genial y brillante Silvia Pérez Cruz, y con las imágenes de Alba Flores cantando emocionada en el concierto homenaje a su padre, junto a su tía Rosario.
El documental busca entender la forma de vivir de Antonio Flores, una vida bajo el escrutinio del público desde que nació (a su multitudinario bautizo acudió hasta Ava Gardner). En una de las conversaciones más emotivas de la película, Lolita le dice a Alba Flores que a su padre le dolía el mundo, que era un hombre muy sensible al que las fealdades e injusticias del mundo le destrozaban. También que era alguien desprendido y muy generoso. Fue un hombre libre, o que siempre persiguió la libertad, al menos, que sufrió mucho en la mili, donde además descubrió las drogas. La película aborda las adicciones del artista y su triste final.
La persona que más marcó la vida de Antonio Flores fue, sin duda, su madre. Su relación no era la clásica relación maternofilial. Tenían una conexión enorme. Cuando su madre estaba enferma, según cuenta Rosario en la película, Antonio decía de forma recurrente que él se iría detrás de su madre, que falleció muy joven, con 72 años. Así fue. Alba Flores creció escuchando que su padre había muerto de pena por la muerte de su madre y ella, llena de pena y temor, llegó a pensar que eso significa entonces que ella también moriría de pena por la muerte de su padre. Años después, tras mucho tiempo de silencio y conversaciones pendientes, ha logrado construir con ese dolor una película emotiva que celebra la vida de su padre, una joya llena de verdad.

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