Vincent River

 

Según el último informe Estado del Odio: Estado LGTBI+ 2025elaborado por la Federación Estatal LGTBI+, una de cada cuatro personas LGTBI+ sufre discriminación y las agresiones se duplicaron el año pasado respecto a 2024. Otro informe, éste del sindicato Comisiones Obreras, indica que el 43,9% de las personas LGTBI+ vuelven al armario en sus centros de trabajo. Basta darse una vuelta por las redes sociales o por los comentarios de las noticias sobre personas LGTBI+ en los medios digitales, o pasear delante de patios de colegio en los que “maricón” sigue siendo el insulto estrella, para constatar el inquietante auge de los discursos de odio. Por eso, resulta especialmente pertinente la representación de Vincent River, que puede verse estos días y hasta el 22 de febrero en la sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez de Madrid. 

Por supuesto, que una obra de trato aborde un tema importante y pertinente no significa necesariamente que sea buena. El asunto tratado es una cosa y la calidad de la obra, otra bien distinta. Sucede que Vincent Rivera trata cuestiones muy importantes y, además, lo hace con unos diálogos extraordinariamente bien escritos y con unas interpretaciones excelsas. Fondo y forma van de la mano aquí. Se habla de asuntos relevantes como el odio al diferente, la homofobia, la culpa o las relaciones maternofiliales, y se hace, además, muy bien, con una exquisita sensibilidad.

El teatro, el buen teatro, tiene una enorme capacidad de reflexionar sobre la realidad. Esta obra de Philip Ridley, estrenada en el año 2000 en Londres, ahora adaptada por Manuel Benito con dirección de Pilar Massa, comienza con Anita (la propia Pilar Massa) recibiendo en casa a Davey (Eduardo Gallo). Ella ha perdido a su hijo, asesinado en un crimen homófobo, y él afirma ser quien encontró su cuerpo sin vida. Comienzan a hablar tímidamente, con cautela. Ambos desean hablar de Vincent, el chaval parece esconder algo. Los dos quieren saber, necesitan algo del otro. Los dos viven bajo el impacto de la pérdida.

En una escenografía sencilla, la de un hogar lleno de cajas al que se acaba de mudar la mujer, transcurre esta charla llena de silencios, sobreentendidos, dolores, secretos y traumas. Una charla estremecedora y catártica en la que se dosifica la información con cuentagotas y en la que al extraordinario libreto se suma una maravillosa interpretación de ambos. No es sencillo mantener el listón de la gran intensidad dramática y emocional de esta obra y Pilar Massa y Eduardo Gallo lo logran con creces

Ella, la madre, recuerda su pasado, el nacimiento de Vincent, la amistad que tenía con su propio hijo, cómo lo adoraba, su pasión por todo lo relacionado con el arte. Él, misterioso, que parece ocultar algo, también se abre poco a poco y comparte secretos, además de hablar de la relación con su propia madre, de compartir su sensibilidad. Dos personajes que se conocen en esa noche, en esa conversación que lo cambiará todo, unidos por un atroz crimen de odio

No es sólo lo que dicen, sino también cómo lo dicen. El teatro es el templo de la palabra y en esta obra el texto, y la defensa soberbia del mismo por parte de los dos intérpretes, está en el centro. En pequeños gestos y detalles, en el estremecimiento repentino que percibimos en el chaval en un momento precioso, en las miradas de la madre, en los cambios de la expresión corporal de cada uno de ellos cuando se menciona o se sugiere un episodio del pasado. Es una obra dura, lo es el tema tratado, pero también hay pasajes de gran belleza, cuando se habla de amor y no de odio, de deslumbramiento y no de oscuridad. 

Vincent River me recordó en la temática y en la forma  a La golondrina, aquella espléndida obra de Guillem Clua inspirada en el atentado homófobo cometido en la discoteca Pulse de Orlando, que causó la muerte de 50 personas en 2016. Aquel crimen, por cierto, y la resistencia de no pocas personas a catalizarlo de crimen homófobo, fue un doloroso recuerdo de la LGTBIfobia que nos sigue rodeando, esa que retrata con tanto talento esta obra teatral que nos alerta contra el daño devastador que causa el odio al diferente

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