La honte

 

El domingo 15 de junio de 1952, el padre de Annie Ernaux intentó asesinar a su madre. La autora vuelve a este traumático episodio de su infancia en La honte, editado por Gallimard y publicado en 1997. Compre el libro, junto a varias novedades, en mi último viaje a París, en cuyas librerías las obras de la Premio Nobel de Literatura ocupan siempre un lugar destacado. 

Ernaux es la gran maestra de una corriente literaria muy presente en Francia, y que me gusta especialmente, como cualquier lector del blog sabrá bien ya a estas alturas. Se trata de autores procedentes de clase baja que relatan su historia como tránsfugas de clase, su pasado, su infancia, la toma de conciencia posterior de la existencia de las clases sociales, la mirada al pasado para recordar su relación con sus orígenes. Ernaux basa siempre sus obras en vivencias personales, pero también siempre logra que sean algo más, que no se queden en un ejercicio de narcisismo o egocentrismo. A través de su propia vida y de las de los suyos, construye relatos que hablan de cuestiones como el papel de la mujer en la sociedad o el impacto de las diferencias de clase.

La honte, de nuevo, trasciende la mera anécdota personal. Fiel a su estilo, la autora relata con frialdad y crudeza, sin florituras, aquel traumático día en el que su padre ejerció una inusitada violencia contra su madre, y explica cómo lo visto aquel día cambió la vida de Ernaux para siempre. La autora recurre a objetos y fotos que conserva de aquella época. También consulta archivos de periódicos de entonces y lee los hechos contados ese domingo 15 de junio de 1952, ninguno de los cuales le parece real al lado de aquella vivencia atroz en su casa. 

La vergüenza del título se refiere al sentimiento que la invadió por completo desde entonces. Por esa violencia repentina en su casa, por las estrecheces económicas de sus padres, porque en sus primeras vacaciones, semanas después de aquel suceso, se da cuenta de que forman parte de una clase social humilde que desconoce la existencia del yogur, por ejemplo, o que se siente menos importante y culta que los demás huéspedes del hotel

La aurora se refiere al ambiente opresivo de la pequeña localidad en la que vive, donde todo el mundo conocía las vidas de los demás. Habla de su zona, País de Caux, en Normandía, y de un pueblo que no nombra, sólo con su inicial, Y (de Yvetot), donde nacieron sus padres y sus abuelos, donde conoce a todo el mundoHabía una reprobación absoluta a los divorciados, los comunistas, las parejas de hecho, las madres solteras, las mujeres que bebían, que abortaban, las que fueron rapadas siente la Liberación, las que no sostienen su casa…”, escribe. En ese contexto, el ideal era ser como todo el mundo, la originalidad se consideraba excentricidad (“todos los perros del barrio se llamaban Miquet o Boby”). 

Al igual que en otros libros, Ernaux se refiere también al peso que tenía la religión en su infancia. Llega a escribir que la religión era la forma de su existencia. Para ella, y para su madre, era fundamental el colegio privado católico en el que pudo estudiar, y donde también tomó conciencia de las diferencias de clase. Y, de fondo, siempre, siempre, la vergüenza: por su acento, por su cuerpo, por su forma de hablar, por las estrecheces de su familia, por ese inconfesable episodio de violencia… “Me había vuelto indigna de la escuela privada, de su excelencia y su perfección. Había entrado en la vergüenza. Lo peor de la vergüenza es que creemos ser los únicos en sentirla”, escribe la autora en un momento de este libro que, como todos los suyos, logran trascender la vivencia y los recuerdos personales para construir relatos que reflejan bien la sociedad de la época, la condición humana y el peso de las diferencias de clase en la vida de muchas personas, aunque no se hable de ello. 


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