Sabina sigue siendo el rey

Joaquín Sabina volvió el sábado a los escenarios (o a lo ruedos, ya que cantó en Illumbe, la plaza donostiarra, ahora Donosti Arena) para demostrar que sigue siendo el rey. Contó el autor de tantas canciones inolvidables, de regreso tras unas semanas “en hospitales inhóspitos”, que quienes dicen que envejecer está bien porque aporta madurez “mienten como bellacos, envejecer es una mierda”. Pero regresó en plena forma el cantautor después de unos problemas de salud que le obligaron a suspender algunos conciertos. También mienten, aseguró, los artistas que dicen que las giras les agotan porque implican estar mucho tiempo fuera de casa y alejado de su familia. “Yo estoy en casa en el escenario y está banda don mi familia”, afirmó, tomándose su tiempo, como siempre, para presentar a quienes les acompañaban en el escenario, algunos, como Pancho Varona, desde hace más de tres décadas. Juntos, ofrecieron un espectáculo de más de dos horas en torno a tantos temas inmortales, a las bandas sonoras de tantas vidas. 


Sabina comenzó, como en su anterior concierto en Bilbao, con Cuando era más joven, que  recuerda aquel tiempo en el que viajó "en sucios trenes que iban hacia el norte", un tema que ya tiene ese tono algo nostálgico pero reconciliado con su pasado de su último disco, un poco en esa línea de desmitificar lo valioso de envejecer y madurar. "Cuando era más joven, la vida era toda distinta y feliz. Dormía de un tirón cada vez que encontraba una cama. Había días que tocaba comer, había noches que no". Siguió después con el single de su último disco, ese fabuloso Lo niego todo, esa canción excelsa en la que el genio madrileño nacido en el sur contó en el norte las mentiras que componen la verdad de su vida, con la que se reafirmó negándolo todo. Un himno sabinero, una de las muy interesantes canciones de su último disco, el primero en ocho años, y uno de los mejores desde su obra cumbre, el insuperable 19 días y 500 noches

El maestro dedicó la primera parte del concierto, igual que en el resto de recitales de su última gira, a cantar temas del nuevo disco ("en la primera parte os jodéis un poco", bromeó). Algunos de ellos, firmes candidatos a entrar en la lista de las mejores canciones de Sabina, lo cual tiene un enorme mérito dada la magnitud y la calidad de su discografía. Quizá la mejor canción de las últimas, la más redonda, es Lágrimas de mármol, de la que sin duda los versos más coreados fueron esos que dicen: "superviviente sí, maldita sea, nunca me cansaré de celebrarlo. Antes de que destruya la marea las huellas de mis lágrimas de mármol. Si me tocó bailar con la más fea, viví para cantarlo". Una estrofa con la que todos los feligreses sabineros festejamos su retorno a los escenarios. 

Sabina contó también que vivimos buenos tiempos para los atléticos de izquierdas, por aquello de que se ha marchado Zidane y han echado a Rajoy. "Por una vez me ha parecido cojonudo el PNV", dijo, poco antes de dedicar una de sus canciones a "Borja y Bárbara, cuyos apellidos no diré porque no conviene ni a su carrera ni a la mía", en alusión, creo, a Borja Sémper, del PP, y su pareja. Rememoró Sabina sus comienzos también, cuando descubrió en su "autoexilio" a Londres que había quien se ganaba la vida con una guitarra y cantando "incluso peor" que él. Y, sobre todo, que ligaban, ligaban mucho. Así que empezó entonces a probar suerte, a caballo entre la canción de autor y el rock, decidido a desarrollar una carrera tan heterogénea y desprejuiciada como la que siguió. Habló de los grupos que más le gustaban en sus comienzos y de cómo cantaban en "un español con una gota de poesía y otra de sangre". Y en esa línea, combinando lirismo y calle, versos y piel, artesania del lenguaje y aire callejero y canalla, empezó a componer más y más canciones irrepetibles que le convierten en el genio de la canción en español que es, "ni cantante de orquesta, ni el Dylan español", que dice él en Lo niego todo

Es complicado elegir una única canción de Sabina. En la segunda parte del concierto interpretó varios de sus temas clásicos, y también cedió el escenario durante algunos ratos a sus compañeros, como la maravillosa Mara Barros, con ese fabuloso Hace tiempo, que nació de un verso que García Márquez le regaló a Sabina, cuando éste le preguntó a Gabo qué tal estaba y él respondió: "hace tiempo que no me hago caso". Al propio autor de tantos temas le cuesta quedarse con una, pero contó en el concierto del sábado pasado en Donosti que quizá elegiría Peces de ciudad. "No sé muy bien que estoy contando en ella, no la entiendo muy bien, pero creo que eso que no sé bien que quería decir, está bien dicho", dijo. Es, ciertamente, una de sus mejores canciones, como tantas otras con las que el público se puso en pie, como la enorme Princesa, la extraordinaria La magdalena ("la más señora de todas las putas, la más puta de todas las señoras"), la inmortal Y sin embargo, la fabulosa Por el boulevard de los sueños rotos, el recuerdo eterno a Chavela Vargas ("quién supiera reír como llora Chavela") o la vitalista Pastillas para no soñar, que cerró el concierto, un poco por donde había empezado todo, sobre la vejez y la vida, con esos versos que dan consejos para vivir un siglo: "si lo que quieres es vivir cien años, no vivas como vivo yo". Una vez más, magistral Sabina. Sigue siendo el rey. Hasta la próxima. 

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