La tragedia se ceba con Haití

Escribió Gabriel García Márquez que el día que la mierda tenga algún valor, los pobres nacerán sin culo. Esta frase más bien escatológica define lo que se siente ante las desgracias e injusticias de este mundo, donde las personas con menos recursos son también las más vulnerables, incluso, ante catástrofes naturales. El huracán Matthew ha causado 800 muertes en Haití, el país más pobre de América, uno de los Estados donde la población más sufre a diario en todo el mundo sin necesidad de episodios imposibles de combatir como este. Pero la tragedia humanitaria causada por el huracán desvela toda la miseria y la pobreza en la que viven millones de personas en aquel país. 


Es una catástrofe natural, sí, pero no resiste igual la embestida de un fenómeno como este una construcción moderna y sólida que unos hogares débiles y precarios. No tiene los mismos recursos para prevenir o mitigar los daños de un huracán destructivo como este Haití que Estados Unidos. Es triste que sólo cuando suceden catástrofes como estas el mundo mire, y sólo fugazmente, a Haití. Un país que sufrió sendos golpes de Estado en 1991 y 2004, que vive en constante inestabilidad política y, sobre todo, en pobreza. Se estima que entre el 70% y el 80% de su población vive por debajo del umbral de la pobreza. Su renta per cápita es de 772 dólares

Antigua colonia francesa, Haití fue el segundo país de América Latina en conseguir su independencia, en 1804. Fue también de los primeras colonias en abolir la esclavitud, aunque desde entonces se han sucedido gobiernos de corte dictatorial y sucesivas crisis políticas que no han hecho más que agravar las lamentables condiciones de vida de los 8,7 millones de habitantes. Entre esos episodios desestabilizadores del pasado reciente de Haití está la intervención militar de Estados Unidos en 1994, operación que tuvo por nombre Defender la democracia, y que derrocó al gobierno militar, para dejar otro "democrático", aunque nunca libre de la corrupción. 

Ahora, el huracán Matthew, que llega a Cuba y Estados Unidos ya más debilitado, devuelve el foco a este país. Una ocasión para recordar que los haitianos necesitan la ayuda internacional, no sólo para reponerse de esta devastadora tragedia, sino también para salir de sus pésimas condiciones de vida. Un triste y dramático recordatorio de la inmensa desigualdad que hay en el mundo y de la responsabilidad que todos tenemos en combatir estas injusticias. Ha sido un huracán, una catástrofe natural, sí, pero siempre se ceban más con los más pobres, los que viven en peores casas, los que tienen menos recursos, los que son más vulnerables, los olvidados en este mundo globalizado y crecientemente desigual. Ayudar en esta crisis humanitaria es imprescindible, pero también no olvidar la debilidad endémica y las necesidades de Haití a largo plazo. 

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