Al Assad, sin cambios en 5 meses


La primera comparecencia de Bashar Al Assad en cinco meses no ha supuesto ningún cambio de actitud por parte del dictador sirio. Sigue manteniendo su perversa visión de lo que ocurre en su país y continúa sin mostrar disposición real al diálogo y, mucho menos, a apartarse para favorecer la reconciliación de los sirios. Sigue a lo suyo y si algo ha demostrado el sangriento conflicto sirio desde que comenzó es que el sátrapa no va a renunciar a la huida hacia adelante que emprendió desde el momento en el que decidió masacrar a su pueblo para seguir en el poder. 60.000 muertos desde marzo de 2011 no le han hecho mover un ápice su postura, y así seguirá mientras no sea derrotado militarmente por los rebeldes o mientras la comunidad internacional no decida dejar a un lado su vergonzosa inacción.

Para él, lo que sucede en Siria no es una revolución popular, sino una conspiración extranjera. Por eso, dice "defender a Siria de sus enemigos". Si Al Assad tuviera algún crédito, quizás hasta su nada creíble oferta de abrir una conferencia política para poner fin al conflicto habría sido tenido en cuenta por alguien. Pero lo cierto es que la situación ha llegado a un punto de no retorno en el que lo único que se aceptaría del déspota sirio sería su marcha y, desde luego, que fuera juzgado ante un tribunal internacional por los crímenes contra la Humanidad que ha cometido. A nadie con dos dedos de frente le puede entrar en la cabeza que la oposición siria pueda aceptar una negociación con quien ha estado ordenando matar indiscriminadamente a civiles inocentes durante todo este tiempo

El dictador sirio excluye de ese hipotético diálogo político para resolver el conflicto "a quienes han traicionado el país". Considera que existe un suministro internacional de armas a los terroristas, que es como él llama a los sirios que luchan por derrocarlo.  Entonces, dijo, su ejército dejaría de actuar y se abriría el poco realista diálogo que ayer ofreció "en el interior y en el exterior del país". De esa conferencia política saldría una Constitución que sería después sometida a referéndum. En apariencia, sí es un cierto cambio de postura por parte del dictador sirio, pero no es la primera vez que habla de diálogo sin mostrar después la más mínima disposición a dejar de bombardear el país y masacrar a su pueblo. No olvidemos que Al Assad aceptó el plan de paz del primer enviado internacional al conflicto, Kofi Annan, sin cumplir ninguno de sus puntos. Su palabra no vale nada y el futuro de Siria debe pasar, sí o sí, por la marcha del tirano.

Al Assad ha agradecido el apoyo a sus crímenes contra la Humanidad de Rusia, China e Irán por, según él, "luchar contra la injerencia" de los países occidentales y algunos árabes que participan en un "complot internacional" contra Siria". Las paranoias son para  los dictadores algo consustancial, van unidos estrechamente. Son algo indivisible. No ha existido un sólo sátrapa que no tuviera su propia teoría de la conspiración y que no pensara que todo el mundo se unía contra él y su pueblo. Personas que dicen querer a su pueblo y luego lo masacran. Su percepción de lo que ocurre en Siria, por tanto, es que "estamos en una situación de guerra, en todo el significado de la palabra, contra un enemigo extranjero". Por eso, "defender el país es una opción legítima y legal".

Un requisito para formar parte de ese falso y nada creíble diálogo que ofrece Al Assad es el patriotismo, entendido como lo entiende el alocado dictador. Así, aseguró que "mantendremos un diálogo con cualquiera que discrepe mientras sus principios estén basados en el patriotismo y no quieran vender el país a sus enemigos". Es decir, para Al Assad, los sirios que se rebelan contra una dictadura cruel y sangrienta, los que piden libertad y avances en sus países, no están siendo patriotas. Naturalmente, él se identifica con el país. "El país soy yo" es una frase que han podido pronunciar, y desde luego han pensado, todos los dictadores. Esa especie que parece inextinguible y que no deja de someter a pueblos en distintas partes del mundo. 

La oposición siria ha rechazado la poco clara y nada convincente propuesta de diálogo del dictador sirio. La situación en el país sigue siendo dramática. La guerra entre partidarios y detractores de Al Assad continúa y no pasa un día sin que haya nuevas decenas de víctimas mortales. El país se está desangrando y nada parece moverse en la comunidad internacional. Todavía puede ser peor, y que haya quien quiera ver en el discurso de ayer de Al Assad un avance prometedor o un cambio de postura que invita al optimismo, cuando nada de eso hay en realidad en sus palabras. Porque él identifica a los opositores como terroristas y niega que en Siria se esté viviendo una revolución, sino un complot internacionales. Cree que masacrando a su pueblo lo que hace es defenderlo. Con un tipo así no se puede avanzar a ninguna parte. No vale, su tiempo está acabado, tiene que marcharse y pagar por sus crímenes. Ninguna solución al conflicto en Siria es viable con Al Assad en el país. 

Comentarios