Quebrada

 

Cuando he viajado a Iberoamérica o cuando hablo con personas de allá que viven aquí, me maravilla escuchar mi idioma materno con otros acentos, con otras expresiones, con otro vuelo. Es algo que me resulta maravilloso por esa semejanza en la diversidad, esa riqueza nada homogénea ni unificada del idioma español, por esa lengua de lenguas que une a personas de distintas nacionalidades y procedencias. Lo prodigioso de la lengua española no es que se hable exactamente igual en tantos países, sino precisamente que con sus diferencias rima allá y acá, que crece, se preserva y se transforma con acentos distintos, que está viva

En parte por eso, por la posibilidad de acercarme a un mismo idioma con otra textura, es por lo que me gusta tanto no perderme la literatura creada al otro lado del charco. Y eso, esa lengua ramificada y con extensiones de lirismo y acento propio, es algo que disfruto al leer Quebrada, de Mariana Travacio, editado por Las afueras. Me gusta mucho su estilo, su lirismo, la historia narrada, su tono, todo, pero lo primero que me atrapa, ese primer chispazo, es la riqueza del español de allá, de Argentina, en este caso, que con tanta brillantez maneja Travacio. 

Pero los atractivos del libro van más allá de la musicalidad del lenguaje, de su exquisitez formal. Es una historia particularmente pertinente en este tiempo en el que se desprecia a quien emigra en busca de una vida mejor, en el que se niegan los efectos del cambio climático y el impacto las inclemencias meteorológicas en la vida de las personas o en los que se debate sobre la memoria. Porque todos esos temas se encuentran en esta obra que, a la vez, como la gran literatura, tiene algo de atemporal, que no se circunscribe a ningún espacio definido, porque es una historia universal, de todos los tiempos, de todos los lugares. 

Lina, la protagonista de la obra, se marcha de su hogar árido y seco en busca del mar, en busca de su hijo, el Tala. La acompañamos en esa difícil decisión y en su viaje, que es el viaje de tantas personas que dejan su casa porque no pueden seguir viviendo allí, sin oportunidades, sin esperanza, sin agua, sin nada. “Soy muy creyente, yo, y Relicario también. Pero me ando llevando a patadas con Dios últimamente, porque no me escucha ni una sola de mis plegarias”, le leemos a Lina.

El libro tiene otras voces narrativas, como la del marido de Lina, que no quiere ni oír hablar de abandonar su lugar en el mundo, fundamentalmente, porque allí están enterrados los suyos y siente que debe honrar su memoria, que no puede dejarlos. También porque mira con recelo esas supuestas oportunidades que ofrece el mundo de ahí afuera. Yo sé que acá no hay porvenir, pero también sé que en otras partes solo hay un presente parco, poca cosa”, afirma. 

Los lazos familiares y el arraigo con la tierra son otros temas centrales del libro, que se divide en dos relatos. Sobre la familia, leemos pasajes bellísimos como cuando el protagonista recuerda el amor de sus padres, de los que escribe que no les importaba si eran días de abundancia o de penurias, parecía bastarles con abrir los ojos y encontrar que el otro estaba ahí”. También leemos una hermosa reflexión sobre lo que es la familia: “a veces se me da por pensar que tener una familia es volver a casa y saber que alguien te espera”. Una reflexión que adquiere un significado especial en las vidas de las personas migrantes, que tantas veces dejan a su familia y sus casas atrás. 

El libro está muy conectado también con la tierra, sí, no sólo entendida como el lugar donde descansan para siempre nuestros antepasados, sino también como el escenario de nuestra vida, como algo que nos condiciona por la sequía o por las inundaciones, por lo que la naturaleza nos da o nos quita. En la obra nos encontramos con pasajes muy líricos sobre el clima como este: “más que lluvia parece un llanto, como si el cielo necesitara desahogarse de sus penas y fueran muchas y tuviera que llover así, muy largo, hasta vaciarse”.

Con Quebrada, en fin, Mariana Travacio nos ofrece una historia sobre migración, arraigo, familia, amor y violencia, una historia que nos interpela no porque incluya mención alguna al tiempo presente o porque dé alguna referencia geográfica reconocible, sino precisamente por todo lo contrario, porque consigue ser una historia universal y atemporal que remueve

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