La Odisea


La Odisea de Homero es la epopeya más influyente de la historia y Christoper Nolan es uno de los directores de cine más excesivos y solemnes de todos los tiempos, así que la Odisea de Nolan sólo podía ser tan grandiosa, excesiva y desmesurada como, en efecto, es. Lo es su presupuesto de 250 millones de dólares, como lo son sus 90 días de rodaje en escenarios naturales o el empeño del director en rodar en formato IMAX 70 mm. 

Si ya de por sí a la de hora de enfrentarse a cualquier película de Nolan uno sabe que verá un filme cercano a las tres horas, con música que resalta la intensidad de cada instante, con mucha solemnidad y cierta grandilocuencia, qué decir cuando se trata de la Odisea, la historia universal y atemporal en la que se inspira el mito del viaje del héroe que ha marcado la cultura desde que fue compuesta en el siglo VIII antes de Cristo.

Ese largo preámbulo sirve para decir que tal vez ningún proyecto ni ninguna historia se adapta mejor a la forma de entender el cine de Nolan, con todas sus virtudes y todos sus excesos. Y es así, con sus virtudes y sus excesos, cómo se debe disfrutar la Odisea. Me importan poco las licencias que se pueda tomar el director, algo a lo que siempre hay gente que le da muchas vueltas. Siempre he creído que en este tipo de producciones, y en todas en general, lo único exigible es que sean buenas películas, no que tengan una fidelidad exhaustiva y absoluta al texto original. Nunca le he encontrado la gracia a ver películas basadas en clásicos con cuaderno y lápiz para apuntar todos los agravios o imprecisiones del director de turno, pero cada uno se entretiene como quiere, claro. 

También me dan bastante igual las pseudopolémicas en torno a este proyecto, que no hacen más que confirmar que el director de Interstellar, Dunkerque, Tenet, Oppenheimer y tantas otras películas ha conseguido convertir en un acontecimiento cada nuevo estreno, esperado a partes iguales por sus admiradores y por sus detractores. Hacía mucho tiempo que no veía una sala de cine repleta. Había expectación y muchas ganas, lo cual siempre puede jugar a la contra de la película, porque cuanto más se espera de un filme, más posibilidades hay de quedar decepcionado. No ha sido mi caso, a mí me ha encantado.   

Nolan es de esos directores con un sello tan personal y con una relevancia tan indiscutible, te guste o no, que es muy difícil desligar la opinión sobre una nueva película suya de lo que cada cual piense sobre él y su cine, tan grandioso, tan solemne. Porque la mayoría de los elementos del cine de Nolan que a algunos enamora y a otros enerva están aquí en su máxima expresión. Así que posiblemente esta Odisea agrandará aún más la brecha entre quienes adoran y quienes detestan las películas de Nolan. Yo estoy mucho más cerca de los primeros. Celebro su ambición, que algunos consideran pretenciosidad, y me gusta su capacidad de reflexionar sobre el presente dialogando con historias del pasado, algo que algunos tildan de presentismo

Cualquier contador de historias, y Nolan lo es por encima de todo, sea en el formato que sea, sea de la época que sea, le debe mucho a Homero. Porque todo está ya ahí. El amor, el paso del tiempo, la guerra, la venganza, la lealtad, las aventuras, las promesas, las traiciones, los remordimientos, los anhelos, las pretensiones de poder…. Con su versión de la Odisea, Nolan plantea un emocionante y muy oportuno paralelismo entre la historia narrada en aquella epopeya de Homero y nuestros días. Habla de la hospitalidad con el forastero (la ley de Zeus que llama a tratar a todo el mundo como quieres que te traten a ti, porque detrás de un mendigo puede estar un dios disfrazado que te pone a prueba) en tiempos de racismo y crecientes discursos de odio contra los inmigrantes. Habla de guerras, tan iguales todas, ayer y hoy, tan insoportables. Y habla de civilizaciones que se desmoronan por haber caído en el engaño y el desprecio a la palabra dada en tiempos de gobernantes demenciales que mienten más que hablan. 

Esta capacidad de reflexionar sobre el presente recurriendo a historias del pasado dice mucho del talento de Nolan, por supuesto, pero también de lo universal de los clásicos como la Odisea y, tristemente, también de lo poco que cambia la condición humana a lo largo de los siglos. El mundo ha cambiado mucho, sí, pero a los seres humanos nos siguen moviendo exactamente los mismos sentimientos e impulsos. Siguen ahí el amor, la venganza, el odio, la violencia, la codicia, los dilemas éticos sobre el deber y el querer. Siguen las guerras y las luchas de poder. 

La película es tan apabullante como cabe esperar de una aproximación de Nolan, el cineasta de la grandiosidad, a la Odisea, la más grandiosa historia de todos los tiempos. Técnicamente es impecable y las escenas más recordadas y reconocibles de la historia de Homero, como la del caballo de Troya o los cantos de sirenas, están extraordinariamente bien resueltas. Es todo perfecto, imposible rodar mejor las escenas de batalla, las peripecias en el mar o las escenas en el palacio en el que Penélope espera a su marido. 

Esa exquisitez técnica no le roba emoción a la historia, que tiene una potencia narrativa formidable. Encuentro más que bien al reparto, que había recibido muchas críticas. Algunas de ellas eran críticas de señores retrógrados con la piel fina que ven más inverosímil que aparezca un actor trans a que lo haga un cíclope, o que no soportan que un personaje sea interpretado por una mujer negra, pero no encuentran nada raro en que se hable inglés en Ítaca. Ya saben, gente que disfraza de rigor histórico lo que en realidad es algo mucho menos confesable. 

Cumple Matt Damon dando vida a Odiseo, igual que Anne Hathaway como Penélope, Charlize Theron como Calipso y Tom Holland como Telémaco. Aparecen mucho menos en pantalla, pero también cumplen con sus papeles, Elliot Page como Sinón y Zendaya como Atenea. Se luce Robert Pattison en el siempre agradecido papel de Antínoo, el malvado, cínico y cobarde pretendiente al trono. Los malos siempre dan mucho juego. Son intérpretes muy famosos y eso también es algo que, vaya por dios, mucha gente ha criticado. Creo que esta Odisea hubiera funcionado igual de bien con actores y actrices menos populares, pero si un espectador es incapaz de meterse en una historia por la fama de quienes interpretan a los personajes, quizá el problema lo tiene él y no el director ni los intérpretes. La Odisea de Nolan, en fin, es mucho más que la película del verano que cualquier cinéfilo debe ver, es una gran película, otra más, que perdurará, de un director que siempre genera una expectación y un nivel de debate a la altura de su talento y ambición. 


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