Amapolas en octubre

 

“Es imposible escapar del recuerdo de las primeras veces. (…) Hay momentos que se pegan a nuestra piel como una gasa húmeda y crean una realidad paralela. Momentos que marcan la diferencia y que, ante la incertidumbre, son la prueba de que estuvimos allí”. Este pasaje de El sonido de un tren en la noche, de Laura Riñón Sirera, encaja bien con la nostalgia de todos los amapolers que ya añoramos la librería de la autora en Madrid, Amapolas en octubre, que echó ayer el cierre para siempre, y que contaremos siempre con gratitud que estuvimos allí. 

Mi primera vez en Amapolas en octubre fue algo tardía, aunque nunca se llega tarde a las cosas realmente importantes de la vida, como pasa con los libros. La librería abrió en enero de 2019 y yo no la conocí por primera vez hasta el 11 septiembre de 2021, gracias a la recomendación de una amiga. Fue un maravillosos sábado libresco, en el que por la mañana visitamos una Feria del Libro de Madrid algo distópica por la crisis del Covid-19, y por la tarde acudimos a Amapolas en octubre y a La Mistral, que por entonces acababa de abrir.

Más allá de la belleza de la librería, con cada detalle exquisitamente bien cuidado, y de la variedad de las obras presentes en sus estantes, me cautivó desde el principio la amabilidad de Laura y de Lana. Sus recomendaciones lectoras, su dedicación a cada amigo de la librería, porque nada más cruzar la puerta uno se sentía ya parte de la familia, un amapoler más. Compré entonces, por su recomendación, Grand Hotel Europa, que me encantó, y Diario de una soledad, que me descubrió a May Sarton, quien se ha convertido en una de mis autoras preferidas.

Después llegaron muchas más recomendaciones. Algunas, en persona, tras visitar la librería, y otras muchas, gracias a Sara, la amiga que me descubrió Amapolas en octubre, y que incluso alguna vez llegó a enseñarle a Laura algún artículo de este blog con mis lecturas preferidas del año para que acertar con un regalo. Acertaron siempre. 

Ocuparía demasiado espacio enumerar aquí todas esas lecturas que le debo a esta librería que ya echamos de menos, pero me encanta reabrir libros leídos y encontrar su sello distintivo. Gracias a un cofre sorpresa, por ejemplo, descubrí a María Cureses y su obra de relatos Ciertas cenizas, que confirma que a menudo la mejor literatura, como los buenos perfumes, viene en en frasco pequeño, concentrado en la distancia corta

Ahora que ha echado el cierre, lamento no haber acudido a más presentaciones de libros en Amapolas en octubre. Pero guardo muy buen recuerdo, por ejemplo, de la presentación de Cecilia, de Diego Pita, que compré allí mismo y empecé a leer poco después. Me encantó esa historia sobre el desarraigo, la salud mental y las dudas existenciales. Es un libro cargado de píldoras de sabiduría como esta: “la vida tiene esos momentos de lucidez en los que, por un momento, dejas de hacer el imbécil y de pelearte contra todos y contra todo. Es una lástima que no sean más frecuentes. Vivir en el ojo del huracán resulta agotador”. Una inteligente e irónica llamada a no tomarnos nada demasiado en serio, empezando por nosotros mismos. Si acaso, sólo la literatura, que es indistinguible de la vida. 



Hace unos días, visité por última vez Amapolas en octubre con mi amiga Sara, quien me la descubrió. Contó ella que los estantes semivacíos ya le recordaban a su primera visita a la librería, cuando aún no estaba cargada de lecturas. Laura nos contó que ésa también era la idea, cerrar el círculo, volver al punto de partida. Había mucha emoción, como siempre en Amapolas. Charlas sobre literatura, recuerdos, muchos recuerdos, y mucho agradecimiento. También siempre una broma o un chascarrillo para intentar restar solemnidad y tristeza al momento. Porque la vida son ciclos, todo empieza y todo acaba, y desde luego será imborrable en nuestra memoria lo vivido en Amapolas y las horas y horas de lectura que nos ha regalado. Por si acaso, nos llevamos varios libros que nos ayudarán a seguir ampliando esos recuerdos felices

La primera frase de El sonido de un tren en la noche parece adquirir otro sentido en este momento del cierre de Amapolas en octubre. Es inevitable, por muchos futuros que soñemos, siempre terminamos viviendo en el pasado”. En ese pasado que siempre vuelve y que tanto nos marca, siempre estarán los instantes felices vividos en esta librería a la que echaremos de menos, pero a la que siempre recordaremos con una sonrisa en la cara. Gracias por tanto. Gracias y hasta siempre. 

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