Estrenada a finales de noviembre en la plataforma canadiense Crave, Heated Rivalry se convirtió muy pronto en un fenómeno global. La serie de Jacob Tierney, que ha llegado a Movistar bajo el título de Más que rivales, está basada en la saga de libros Game Changers, de Rachel Reid, y aborda un tema increíblemente tabú a estas alturas del siglo XXI: la homosexualidad en el deporte de élite masculino, en el hockey sobre hielo, concretamente.
Siempre es difícil saber cuáles son las razones que explican que una serie triunfe de un modo tan descomunal como lo ha hecho esta producción canadiense. Posiblemente, el tema abordado es una de ellas. Hay personas que creen de verdad que no hay homosexualidad en el deporte masculino, en contra de la más elemental probabilidad. Aunque queda mucho por hacer, en los últimos años ha habido avances claros de visibilidad en muchos ámbitos de la sociedad, pero el deporte masculino parece un mundo con sus propias reglas, entre las que parece estar la ley del silencio sobre cualquier orientación sexual no normativa. Remarco lo del deporte masculino porque en el femenino sí hay referentes de mujeres lesbianas. Hay una frase magnífica en la serie que pronuncia el personaje de Rachel, al que da vida Sophie Nélisse, cuando pregunta si hay algún jugador de hockey que sea gay. Inmediatamente, ella misma se corrige y afirma que, naturalmente los habrá, pero que no sabe si alguno lo es abiertamente. Tal cual. Es imposible que no lo haya, solo que la presión ambiental impide a la inmensa mayoría de los deportistas LGTBI a contarlo.
Además del tema, el tono de la serie también ha ayudado a convertirlo en un fenómeno global. Hay una broma recurrente en redes sociales cuando se afirma que se sigue una serie o una película por la trama, seguido de un “la trama:” que muestra una foto de algún personaje atractivo, como sin duda lo son los protagonistas de esta serie. Es innegable que el tratamiento de las escenas de sexo, que son mucho más explícitas de lo habitual en las series y películas de hoy en día, es uno de los motivos del éxito de la serie. Pero no lo explican por sí solas. Ni mucho menos. Es más, creo que quien se quede sólo con ese plano de la historia se ha enterado más bien poco de lo que va de verdad esta serie.
Más que rivales cuenta la historia amorosa clandestina lo largo de los años que mantienen Shane Hollander (Hudson Williams) e Ilya Rozanov (Connor Storrie). La química entre ambos es, sin duda, el gran punto fuerte de la serie. Hollander es sensible, tímido y retraído, mientras que Rozanov aparenta ser un tipo duro, jugador ruso en la liga norteamericana, con muchas heridas y mucho peso en su mochila. Los dos se atraen prácticamente desde que se ven por primera vez. Los dos saben lo que se juegan y se niegan en un primer momento a aceptar sus sentimientos y, desde luego, a soñar con una vida futura juntos. Sencillamente no lo conciben.
La primera parte de la serie, compuesta de seis capítulos, se centra en esos apasionados encuentros entre ambos, sin la pacatería habitual últimamente en las escenas de sexo, porque cómo éstas evolucionan es también muy significativo desde el punto de vista narrativo. Es sencillamente el único espacio en el que ambos se permiten relacionarse. Siempre de noche y a escondidas. Sin mostrase ataques o insultos homófobos, la homofobia está presente permanentemente en la serie. Por lo que esto significa en Rusia, en el caso de Rozanov, por el miedo a decepcionar a sus padres (Dylan Walsh y Christina Chang), en el de Hollander. Y, desde luego, en ambos, por el temor rechazo de aficionados y patrocinadores. Por eso sólo mantienen citas furtivas, siempre en secreto, con pavor a ser descubiertos, sin poder hacer ningún plan en público de los que hace cualquier pareja, hasta el punto de que no se guardan en la agenda de sus teléfonos móviles con sus nombres.
La historia es muy poderosa y su evolución a lo largo de los años resulta irresistible, pero la de Rozanov y Hollander no es la única historia de amor que cuenta la serie. Otro de los puntales de esta historia, de hecho, es cómo muestra la enorme trascendencia de contar con referentes. Porque también es muy atractiva la historia de otro jugador exitoso de hockey, Scott Hunter (François Arnaud), cuya vida cambia cuando conoce a Kip (Robbie Graham-Kuntz). En la serie, la visibilidad y los referentes cuentan, igual que sucede en la vida real, e igual que sin duda esta producción ayudará a no pocas personas.
Quizá otra razón que explique el éxito mundial de esta serie es que llega precisamente en este momento en el que parece que el mundo ha enloquecido y nos invade una oleada de odio y radicalismo, justamente ahora, nos atrapa más que nunca una arrolladora historia de amor. Amor frente al odio, visibilidad frente al miedo, el arcoíris frente al blanco y negro.
Más que rivales, en fin, es el enésimo ejemplo, y uno de los más exitosos y atractivos, de cómo los libros con historias LGTBI son la mejor inspiración para series y películas. Ahí están ejemplos como Call me by your name, que es extraordinaria; Heartstopper, que se despedirá este año, Rojo, Blanco y Sangre Azul, que fabula un romance entre el hijo de la presidenta de Estados Unidos y el príncipe heredero del Reino Unido, y que tendrá segunda parte; la maravillosa Love, Simon, que marcó un hito y que encima tuvo continuidad en la estupenda serie Love, Victor, o La edad de la ira, estupenda serie basada en la novela homónima de Nando López. Ya se ha confirmado que habrá segunda temporada de Más que rivales y muchos ya la estamos deseando intensamente, no sólo por la trama, ni mucho menos.

Comentarios