El caso Abel Trem

 

Una película sobre la educación, la polarización política y el papel de los medios de comunicación en la Hungría de Orban. Así puede describirse El caso Abel Trem, dirigida por Gabor Reisz, que naturalmente puede verse en Filmin. La plataforma dirigida por Jaume Ripoll ofrece siempre el catálogo más diverso y sugerente. Otras plataformas se apoyan en sus series o películas estrella, en blockbusters, que bien están, pero en Filmin uno sabe que siempre, siempre, siempre encontrará propuestas alternativas y diferentes que ayuden a reflexionar sobre el mundo actual, y que sólo podrán verse allí. 

La película es todo un hallazgo. Uno de los grandes riesgos de abordar cuestiones conflictivas como la enorme polarización política y el fanatismo de los seguidores del extremista Orban en Hungría es caer en la caricatura, convertir la película en una especie de planfleto. Sirve de poco, claro, ver una película de buenas y malos, en las que se nos dice lo que debemos pensar y en la que se hurta de cualquier ápice de humanidad o ternura a los personajes que representan las ideas peligrosas o radicales. Lo que debe hacer el buen cine es intentar comprender, sin que eso, por supuesto, signifique justificar. 

Por eso, el punto de partida de la película y el tono que adopta a lo largo de su metraje, que supera las dos horas, son todo un acierto. Para empezar, porque la trama central del filme es altamente político y se centra en la polarización, pero todos los personajes, todos, tienen otros intereses y se nos muestran. Es decir, todos, los que abrazan unas ideas y los que abrazan otras, incluso los que no abrazan realmente ninguna, tienen sus anhelos, sus enamoramientos, sus miedos, sus ilusiones, sus batallas diarias. No son prototipos. 

Abel (Adonyi-Walsh-Gáspar) es un joven que se prepara para pasar el examen final, algo así como la selectividad húngara. Él en realidad está más interesado en su compañera Janka (Rebeka Hatházi), de la que está enamorado, pero que a su vez está enamorada de su profesor de historia, Jakab (András Rusznák), quien además tuvo un enfrentamiento con el padre de Abel (István Znamenák) por diferencias ideológicas. El profesor es progresista, o al menos contrario a las políticas nacionalistas y ultraconservadoras de Orban, mientras que el padre de Abel es un defensor incondicional del gobierno. 

Todos los personajes siguen con su vida, sus estudios, sus trabajos, sus retos de ocio, pero la extrema polarización política subyace en todo momento. Y será un suceso en apariencia nimio que conviene no desvelar  que destapará el conflicto de la película. El filme abordará con sutileza cuestiones como el fanatismo político, el nacionalismo, la libertad de cátedra de los profesores, el papel de los medios de comunicación para alimentar o incluso crear polémicas…

La realidad del mundo en el que vivimos es gris y compleja. Lo que puede hacer el cine es poner algo de luz, invitar a la reflexión, mostrar las costuras de nuestra sociedad. Todo ello, sin grandes ambiciones, sin ser pretenciosa, lo logra El caso Abel Trem

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