Al igual que ocurre con todos los otros países africanos, de Kenia nos llegan pocas noticias y, las que llegan, suelen ser malas. Lo último que hemos sabido sobre Kenia son las protestas ciudadanas, violentamente reprimidas por el gobierno. Lo cierto es que lo desconocemos prácticamente todo sobre aquel país, en particular, y sobre África, en general. Por eso, he disfrutado mucho con Cómo construir una biblioteca, el documental dirigido por Maia Lekow y Christopher King, que cuenta una asombrosa e inspiradora historia real y que puede verse en Filmin.
Shiro, una escritora, y Wacuha, editora, se unen para gestionar la McMillan Library, una biblioteca en Nairobi de origen colonial, que se construyó sólo para blancos durante la ocupación británica y que prohibía el acceso a las personas africanas. Cuando Kenia se independizó, la biblioteca pasó a manos públicas, pero fue prácticamente abandonada. Estas dos mujeres presentan una propuesta a las autoridades para intentar revivir este espacio. No son dificultades, lo consiguen, gracias al mecenazgo de empresas, instituciones y personas adineradas de todo el mundo, pero también gracias a la ilusión de muchas personas implicadas en este proyecto.
El documental gira en torno al proyecto para rehabilitar esta biblioteca y otras dos, una de ellas, dedicada al público infantil. Abruma ver esas imágenes de libros y más libros semiabandonados. Se habla de que podía haber 40.000 libros y objetos de todo tipo, incluidas fotografías de la época colonial y periódicos antiguos. Mientras se muestra el trabajo colosal para revitalizar la biblioteca, se reflejan también las tensiones con los bibliotecarios que hicieron lo que buenamente pudieron durante los años de gestión pública, con muy poco presupuesto. Es interesante asistir a los debates y las diferencias de criterio entre estas mujeres llenas de ilusión que buscan dar una nueva vida a la biblioteca y quienes sienten que ese proyecto, de alguna forma, cuestiona su trabajo previo.
La película habla del poder de la literatura, por supuesto, y de cómo las bibliotecas son templos del conocimiento que se deben preservar, pero va más allá. Y es un acierto mostrar también esos obstáculos a los que se enfrentaron estas dos mujeres y también los deberes que plantea su proyecto. La gran cuestión de fondo es el colonialismo. Esta biblioteca nació sólo para blancos y los libros que albergan también responden a ese sesgo específico. Son muy interesantes los debates sobre cómo ampliar las miras, los temas y las firmas de autores y autoras presentes en la biblioteca. Hasta el sistema internacional de clasificación de las bibliotecas es motivo de debate y disputa, por su sesgo claro que relega a las lenguas africanas.
En Occidente se tiende a menospreciar la huella del colonialismo en tantos países del mundo y en la vida de tantos millones de personas. Ya saben, se dice que es woke, que no se puede remover el pasado, que no nos vamos a sentir culpables de lo que hicieron nuestros antepasados. Esas patochadas. Lo cierto es que el colonialismo desgarró países enteros y aún hoy es necesario hablar de ello. El documental recoge una cita demoledora de una escritora keniata que afirma que ya no es que en su país no se cultive la memoria, es que la amnesia se institucionalizó. También se observan presentaciones y encuentros con público en la biblioteca en los que hay personas que hablan del colonialismo y sus horrores por primera vez.
Uno de los mejores momentos del documental llega casi al final, cuando se anuncia que los reyes de Inglaterra, Carlos y Camila, visitarán la biblioteca. Las dos promotoras de este proyecto reconocen abiertamente que le supone un dilema esa visita, porque sienten que es una forma de perpetuar tics de la época colonial, como la visita que la madre de Carlos, Isabel II, hizo hace décadas a Kenia. Pero, a su vez, reconocen que el British Council es un donante del proyecto, así que no pueden decir que no a la visita. Lo mejor del documental es precisamente cómo aborda esas contradicciones, en ese imperativo debate sobre el colonialismo y, a la vez, en el pragmatismo necesario para sacar adelante proyectos bellos como éste, que necesitan de financiación.
Veo en Internet que la librería sigue abierta y en su página web se explica más sobre el proyecto. La visitaré de cuando en cuando. Porque entre las escasas noticias que llegan con cuentagotas desde África casi nunca hay historias inspiradoras como ésta.

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