Una película dirigida por Cesc Gay, escrita por él mismo y por Eduard Sola, con Nora Navas como protagonista y encima rodada en Barcelona y Roma. Qué más se puede pedir. No le faltan alicientes a Mi amiga Eva y, a pesar que que las altas expectativas a veces pueden jugar en contra, la película me ha gustado todavía más de lo que esperaba.
En la línea de otros trabajos anteriores de Cesc Gay como Una pistola en cada mano, Truman o Sentimental, esta película adopta el tono de comedia costumbrista. Sus personajes son urbanitas algo perdidos con sus anhelos, amoríos, ilusiones y líos varios, tipos muy humanos, reconocibles, de carne y hueso. Es, como las anteriores, una película muy bien escrita, con diálogos chispeantes, un guión perfecto y unas tramas que, entre enredos y situaciones divertidas, sirven también para retratar a nuestra sociedad contemporánea, pero sin hacer grandes aspavientos, sin pretensiones.
En este caso, a la gran protagonista de la película, la Eva del título, le da vida una excelsa Nora Navas. Ella siempre borda cada papel, pero aquí está especialmente brillante. Es un papel irresistible, muy bien escrito, con matices, que resulta atractivo no porque sea perfecta, sino precisamente porque es una mujer real, imperfecta, con sus puntos de cierto patetismo tierno, idealista, insatisfecha con su vida burguesa y en apariencia perfecta, pero que a ella no le llena.
La película comienza en Roma, que es un lugar ideal para empezar cualquier cosa, adonde se dirige la protagonista por un viaje de trabajo. Allí, un encuentro fortuito y casual con un hombre (Rodrigo de la Serna) da un vuelco a la vida de Eva. Sólo charlan, comentan, coquetean un poco. Nada del otro mundo. Pero, cuando vuelve a casa, a Barcelona, que es un lugar estupendo al que volver, nada es igual. No se concentra. No está feliz. No puede parar de pensar, más que en ese hombre, en lo que ha sentido y, sobre todo, en lo que quiere volver a sentir.
A Eva le resulta difícil comunicarse y contar lo que le está pasando a su marido (estupendo Juan Diego Botto) y a su grupo de amigos y amigas (Ágata Roca, Francesco Carril, Fernanda Orazi, Marián Álvarez, Miki Esparbé). A veces ni ella misma se entiende, pero quiere volver a enamorarse, quiere vivir lo que siente en ese momento en el que algo está empezando. Aunque luego nada sea tan fácil, claro. No es fácil innovar en el género de la comedia romántica, que suele estar bien repleto de clichés, pero esta película lo consigue. Es muy original, entre otras cosas, porque tiene como protagonista absoluta a una mujer de 50 años, algo que no es tan habitual. Y también por el enfoque y la forma de contar la historia, que no es exactamente la clásica historia de mujer conoce a hombre, es más rica, más divertida, más ingeniosa.
Cesc Gay, de la mano de Eduard Sola, el guionista que ha coescrito muchas de las mejores historias de los últimos años, vuelve a demostrar, en fin, que tienen una enorme capacidad de construir historias contemporáneas divertidas que hacen reír y posan su mirada desde el humor en las relaciones personales en este tiempo nuestro.

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