Cinco flechazos en Asturias (y otro en Cantabria)

 

Cambiar de aires unos días, como algunos hemos podido hacer en Semana Santa, es un privilegio. Sobre todo, porque nos permite desconectar o, mejor dicho, reconectar con lo realmente importante, detener la acelerada y alocada rutina, olvidarse de las prisas y las prioridades confundidas. No se trata de recargar las pilas (odio esa expresión, como si fuéramos máquinas destinadas a producir de forma permanente, con escasos periodos de reposo para volver a rendir a máxima potencia), sino más bien de recordarnos que estamos aquí para ser felices y que, en la medida de lo posible, lo suyo es dedicarnos cuanto más, mejor a disfrutar, dejarnos sorprender y, en definitiva, a celebrar la vida. Asturias y Cantabria son lugares ideales para ello y entre esas dos regiones he gozado cada instante de estos últimos días en la mejor compañía

Es imposible definir con palabras la sensación de plenitud, serenidad y asombro que provoca el impresionante paisaje de ese paraíso norteño. Desde luego, ninguna foto le hace justicia a la belleza arrolladora de sus paisajes. De la montaña a la playa en pocos minutos, pasando por una comida excelente, por la tranquilidad que se vive con los Picos de Europa de fondo, el sonido de los cencerros de las vacas, los caballos pastando, las infinitas tonalidades de verde, la naturaleza en plena efusión primaveral…

Como no me siento capaz de describir lo vivido estos días, aquí van seis flechazos entre Asturias y Cantabria, entre muchos otros que podría elegir. 

Cueva de la Loja


Uno de los infinitos alicientes de Asturias es que ofrece muchas sendas de distinta dificultad y de insultante belleza. Una sencilla, apta para toda la familia, es la de la Cueva de la Loja, que permite caminar frente al río Deva y con un paisaje esplendoroso. Es una ruta, ya digo, sencilla, y a la que da nombre una cueva ubicada en la localidad de El Mazo, a dos kilómetros de Panes, que alberga arte rupestre paleolítico, concretamente, del periodo Magdaleniense, de entre 14.500 y 15.000 años de antigüedad. Hay varios pases al día que se pueden reservar con antelación. 

Librería de Pimiango

Todos los amantes de la literatura fantaseamos alguna vez con dejarlo todo y montar una librería. Algunos, afortunadamente, lo hacen y cumplen sus sueños, haciendo de lado felices a otras personas. Es el caso de Esteban Raposo, que hace unos años abrió una encantadora librería-taberna en Pimiango, y que es una auténtica joya. Merece mucho la pena la visita para pasear entre su singular selección de obras, divididas por géneros y categorías. Además, organiza presentaciones y actos culturales con frecuencia. Por su fuera poco, también se puede comer en ella, rodeado de libros o en su terraza. Un paraíso libresco y gastronómico. Quién da más. 

El Capricho


De los seis flechazos que incluyo en este artículo, El Capricho de Gaudí en Comillas es el único que ya conocía, pero lo añado aquí porque no había entrado nunca en este edificio que hasta hace unos quince años acogió un restaurante. Ahora permite conocer la historia de este edificio, que es uno de los tres de Gaudí fuera de Cataluña y que también fue su primer trabajo. La visita guiada vale mucho la pena, porque explica en detalle y de forma didáctica cómo recibió Gaudí este encargo, quien era Máximo Díaz de Quijano, su propietario, y también qué detalles encierra la casa, con esa combinación única en toda la obra de Gaudí de ingeniosos y útiles hallazgos con una belleza plena de imaginación y de guiños a la naturaleza. 

Playa de la Franca


En Asturias las playas son otro nivel. Estos días pudimos visitar dos de ellas. La Playa de la Franca lo contiene todo. No es sólo que combine el mar con la montaña, un aliciente presente en muchos de los arenales de Asturias, sino que ésta además está situada en la desembocadura del río Cabra, en el límite costero entre Llanes y Ribadedeba. Es paisaje protegido y ofrece una belleza apabullante. 

Playa de Poo


También en Llanes se encuentra la Playa de Poo, que cambia por completo si se visita en marea alta o en marea baja. Al igual que la playa de La Franca, está considerada como paisaje protegido por su vegetación. Tiene una forma singular, al encontrarse en un entrante del mar, lo que hace que, según la altura de la marea, la playa pueda desaparecer a simple vista. Es una de las playas más bonitas que he visto nunca. 

Restaurante Casa Poli


En Asturias es muy difícil no comer bien. No podía faltar en este nada exhaustivo ni detallado listado de flechazos algún restaurante de comida tradicional asturiana y el que más nos gustó de los que probamos fue Casa Poli, que se encuentra en Llanes, y cuya carta está repleta de tentaciones. Además, se encuentra en una preciosa casona de piedra del siglo XIX. No admite reservas, así que hay que ir a la una de la tarde a guardar cola, pero merece mucho la pena. 


Ahora toca volver a la rutina, que conviene hacer lo más agradable posible, con el recuerdo de estos días maravillosos en los que las prioridades confundidas y las prisas sin sentido quedaron totalmente aparcadas. Volveremos. 

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