Los Goya encumbran a “Los domingos” y “Sirât” en su 40 cumpleaños

 

Los Goya celebraron anoche su 40 cumpleaños en Barcelona, que es un lugar magnífico para celebrar cualquier cosa al que los premios del cine español volvieron 26 años después. La extraordinaria Los domingos, de Alauda Ruiz de Azúa se convirtió en la quinta película dirigida por una mujer en ganar el Goya de la categoría reina en estas cuatro décadas. La cinta con más galardones de la noche fue Sirât, de Oliver Laxe, con seis, dos semanas antes de buscar triunfar en los Oscar. Todo ello en una gala plurilingüe y diversa presentada con notable alto por Luis Tosar y Rigoberta Bandini, que fue algo más breve que el año pasado (pese a que Victoria Abril se explayó a gusto) y que tuvo varios discursos emocionantes y no pocas referencias a la política y al estado del mundo el día en el que Israel y Estados Unidos bombardearon Irán. 

Los domingos ganó el primer Goya de la noche, cuando Nagore Aranburu recogía el galardón a mejor actriz de reparto a las 22:17, y también el último, el de mejor película, pasada ya la una y diez, ya en domingo y en marzo. Entre ambos premios, la cinta que aborda la historia de una joven de 17 años que quiere ser monja de clausura recibió otros tres Goya a mejor actriz protagonista para la formidable Patricia López Arnáiz, quien dejó clara su lectura de la película al mencionar el maltrato infantil, y los de mejor guión y dirección para Alauda Ruiz de Azúa. 

La directora recordó a su aita, quien le decía siempre que el miedo nunca debe ser una razón para dejar de hacer las cosas. Contó que escribió este guión tan inteligente y sutil sin miedo, y quizá por eso ha removido tanto a tanta gente y ha generado tanto debate. Cuando volvió a subir al escenario a recoger el Goya a la mejor dirección recordó que era la cuarta mujer que gana en esta categoría en 40 años. Antes que ella sólo lo habían logrado Isabel Coixet (en dos ocasiones), Icíar Bollain y Pilar Miró. “El talento no entiende de género, pero las oportunidades durante muchos años sí han entendido de género”, afirmó. 

El cautivo, la película de Alejandro Amenábar sobre Cervantes sólo se llevó un premio, el de maquillaje y peluquería. En su discurso, el equipo responsable de este apartado en el filme dijo algo muy cierto, que los profesionales de estas categorías son mal llamadas equipos técnicos, porque son en realidad equipos artísticos. Así que, aunque hoy se lee mucho eso de que Sirât, de Oliver Laxe, arrasó en los premios técnicos anoche, me gusta más decir que lo hizo en los artísticos. Se llevó seis: música original, montaje, dirección de producción, dirección de fotografía, dirección de arte, sonido. Este último tiene especial relevancia, porque el equipo de sonido de la película está formado por Amanda Villavieja, Laia Casanovas y Yasmina Praderas y es el primer equipo de sonido formado sólo por mujeres que gana el Goya en su categoría y también el primero exclusivamente femenino nominado a los Oscar. 


Anoche también sonrío y se emocionó mucho el equipo de Sorda, la emotiva película de Eva Libertad sobre una pareja formada por una mujer sorda y por un hombre oyente que deciden ser padres. Tanto la directora, en la categoría de mejor dirección nivel, como ambos intérpretes, su hermana en la vida real. Miriam Garlo, como mejor actriz revelación, y la pareja de ésta en la ficción, Álvaro Cervantes, como mejor actor de reparto, fueron reconocidos anoche. Sus discursos estuvieron entre los mejores de la gala y en ellos quedó claro que Sorda no ha sido una película más para ninguno de ellos. Hablaron del capacitismo, de cómo esta sociedad invisibiliza con frecuencia a las personas con discapacidad y de que no existe es pretendida normalidad con la que tanto se nos llena la boca.  


Uno de los premios que estaban más cantados de la noche, y también de los que más ilusión hizo a todo el mundo, fue el de mejor actor protagonista para José Ramón Soroiz por dar vida a Vicente en Maspalomas, una película extraordinaria que quizá hubiera merecido más reconocimiento anoche, aunque ya sabemos, lo récords la todos los años, que esto de los premios tiene la importancia que tiene, porque no se pueden poner a competir entre sí a películas. La interpretación de Soroiz es de esas que dejan huella. En la categoría de mejor actor revelación el ganador fue Antonio Fernández Gabarre, protagonista de Ciudad sin sueño, que nos recuerda la realidad de los habitantes de la Cañada Real, donde cientos de personas viven sin luz electricidad y en condiciones infrahumanas a pocos kilómetros del centro de Madrid. 

La cena, esa delirante y genial comedia de Manuel Gómez Pereira ambientada en el final de la Guerra Civil, se llevó los Goya a mejor diseño de vestuario y mejor guión adaptado. Como bien dijo Joaquín Oristrell en su discurso de agradecimiento al mejor guión adaptado, a la comedia no se le concede importancia, pero con la comedia se pueden recordar muchas cosas que importan. Con esta película quisieron recordar al público de España de 2026 que Franco era un dictador y que los dictadores someten al pueblo a sus caprichos, algo que tristemente parece seguir siendo necesario recordar si se ven ciertas encuestas y según qué discursos imperantes en las redes sociales. 


Otras nueve películas ganaron un Goya. Fueron Los tigres, en efectos especiales; la deslumbrante Tardes de soledad, de Albert Serra, como mejor documental; Flores para Antonio, con la mejor canción original, de Alba Flores y Silvia Pérez Cruz, que es una preciosa catarsis para la hija del gran Antonio Flores; la extraordinaria Valor sentimental, reconocida como mejor película europea; los cortometrajes Gilbert (animación), El santo (documental) y Ángulo muerto (ficción); la película de animación Decorado y la cinta argentina Belénla mejor película iberoamericana de este año. El discurso del equipo de la película argentina fue de los más beligerantes de la noche. Llamaron a los españoles a no caer en la trampa de la ultraderecha, porque, dijo, la ultraderecha vino a destruirlo todo. Vengo del futuro, de un país donde el presidente puso hasta en venta el agua”. 

Hace unos días, Win Wenders, presidente del jurado del festival de Berlín de este año, dijo que la política y el cine no deben mezclarse. Esa pretendida postura apolítica es, en realidad, una nítida y contundente toma de postura política, en especial en un contexto como el actual. Muchos de los premiados anoche no comparten ese pretendido apoliticismo. Todo lo contrario. Hubo menciones al genocidio en Gaza, a los diez asesinatos de mujeres en España en lo que va de año, a la invasión rusa de Ucrania, al acoso escolar, a la integración de las personas con discapacidad o al salvaje e inhumano trato de Estados Unidos a los inmigrantes. La gente del cine vive en este mundo y tiene todo el derecho a expresar su desagrado ante la violencia que nos rodea.

Susan Sarandon, Goya internacional, pronunció un vibrante discurso en el que afirmó que estos días en los que el mundo está tan dominado por la violencia y la crueldad mira a sus alrededor y admira la lucidez moral del gobierno español y de muchos artistas que se han comprometido contra las violaciones a los Derechos Humanos. La actriz, siempre comprometida, animó a tener esperanza en tiempos felices y a trabajar para cambiar el rumbo del mundo. Citó a Howard Zinn, historiador y filósofo, para afirmar que “tener esperanza en tiempos difíciles no es sólo una actitud romántica, sino una verdad esencial. La historia de la humanidad no es sólo la de la crueldad sino también la de la compasión, valentía y bondad y aquello que decidimos poner en el centro va a marcar nuestras vidas. Si elegimos lo peor nos paralizamos, pero si recordamos los momentos en los que alguien ha actuado con grandeza nos da la posibilidad de cambiar el rumbo de este mundo nuestro". Palabras que parecen especialmente necesarias en días como hoy. 

También Gonzalo Suárez, Goya de honor, se acordó de Trump, sin querer recordar su nombre, cuando mencionó a un tipo que juega al golf con el mundo entero buscando meterlo en un agujero oscuro. Dijo Suárez que me hacía especial ilusión recibir el premio en Barcelona, donde escribió sus primeros libros, realizó sus primeras películas y tuvo cuatro hijos, y también contó un cuento breve para concluir que dios nos premia con los sueños y nos castiga con la realidad, por lo que llamó a defender el cine, el último reducto en el que podemos soñar despiertos.  


Luis Tosar y Rigoberta Bandini afrontaron en siempre complejo reto de presentar la gala de los Goya con buen humor, frescura y profesionalidad. Salieron más que airosos, desde esa apertura musical al ritmo de Hoy puede ser un gran día hasta las entrevistas a los nominados recorriendo el patio de butacas. Ambos me gustaron. También fueron preciosos los vídeos de resumen de algunos de los momentos más destacados de los Goya estos últimos 40 años. Lo único que me chirrió es que, a la vez que la organización pide a los premiados acortar sus discursos de agradecimiento, cosa que hicieron, decida programar ocho actuaciones musicales, ocho. Sin duda, la música es importante en los Goya y debe estar presente, pero ocho actuaciones parecen demasiadas y este año, a diferencia de los anteriores, ninguna de ellas me pareció especialmente memorable, aunque Ángeles Toledano, Alba Molina. Ana Mena, La Casa Azul, Bad Gyal, Belén Aguilera y Dani Fernández pusieron lo mejor de su parte, pero ninguna de las actuaciones sobresalió especialmente. 

Amaia Romero estuvo presente en el escenario, pero esta vez para entregar un premio. No voy a pedir que cante todos los años, porque entiendo que… Un momento, igual sí, ¿por qué no canta Amaia todos los años? 

La gala logró una muy buena audiencia: cerca de 2,4 millones de espectadores y un 26% de cuota de pantalla. Es el mejor dato en número de espectadores desde 2023 y la mejor cuota de pantalla en seis años. Un año más, aunque no faltarán a quienes les saliera urticaria escuchando alguno de los discursos de ayer, queda claro que a la gente le interesan los Goya. 


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