The New Yorker cumple 100 años

 

“The New Yorker es un milagro”, escuchamos casi al comienzo del documental The New Yorker cumple cien años, en boca del director de la revista, David Remnick. El propio título del documental dirigido por Marshall Curry que puede verse en Netflix es la razón a aquella afirmación. Porque, en efecto, es milagroso que una publicación impresa celebre su centenario en un contexto como el actual, de crisis permanente para la prensa escrita. Si además se trata de una revista tan singular como esta, con reportajes de fondo, que siempre tiene ilustraciones en su portada y nunca fotografías de personajes famosos, y que combina asuntos más ligeros con otros profundos y de investigación, y con un rigor escrupuloso, milagro parece, en efecto, la única palabra posible para describir todo lo inusual que rodea a The New Yorker. 

Para cualquier periodista, o simplemente para cualquier persona que crea en el buen periodismo, The New Yorker es algo así como un paraíso. Por su enorme reputación, por la historia de sus páginas, por su compromiso con la calidad y el rigor. El documental permite conocer mejor cómo funciona la redacción de esta revista, que nació hace un siglo con una cocción humorística y satírica y que hoy mantiene las viñetas que son marca de la casa, pero que desde hace décadas publica también perfiles y extensos reportajes sobre cuestiones de actualidad. 

Uno de queda boquiabierto al constatar, por ejemplo, que el equipo de fact-checking de la revista está compuesto por 29 profesionales que comprueban cada afirmación, cada mínimo dato, cada pequeño detalle de todo lo que se publica en sus páginas, incluidas las viñetas, para evitar cualquier clase de error. Además, también se revisa el estilo formal con el que se escriben sus piezas. Se debate sobre cada palabra, sobre la ubicación de cada coma. Es otro mundo. 

El documental no rehuye su fama de revista elitista. Sabe que suele ser acusada de ello y algunos de los entrevistados reconoce que algo de eso puede haber, pero también otros afirman, creo que con mucha razón, que detrás de esas críticas suele estar esa tóxica e ignorante postura de quienes siguen una corriente antiintelectual que prefiere reírse de los que saben y ridiculizarlo antes que intentar aprender de ellos

A lo largo de la hora y media que dura el documental, además de ver el día a día de The New Yorker y los preparativos para celebrar su centenario, también se muestran algunos de los hitos de su historia. Por ejemplo, la publicación del gran reportaje Hiroshima, de John Hersey, que causó un enorme impacto y que incluso logró cambiar la perfección de la sociedad estadounidense sobre las armas atómicas. O la investigación de Rachel Carson sobre el uso de productos químicos en las cosechas, que logró pasado el tiempo cambios importantes en la regulación. Otro momento clave de la historia de la revista fue la publicación de A sangre fría, ese libro que Truman Capote presentó como una novela sin ficción sobre un suceso real, aunque se terminó demostrando que había quizá más ficción de la que el escritor reconoció. Precisamente la publicación de relatos de ficción es otro de los rasgos distintivos de The New Yorker

El documental tiene un enfoque celebratorio de la revista, claro, que algún entrevistado presenta como un símbolo de Nueva York como la Estatua de la libertad, pero tampoco esquiva momentos de su historia más conflictivos, como la muy escasa y muy estereotipada presencia de personas negras en las páginas de la revista durante demasiados años, hasta que irrumpió el movimiento por los derechos civiles, o la polémica que rodeó el nombramiento de Tina Brown, procedente de Vanity Fair como directora, aunque dejó un buen legado, antes de cometer el error de marcharse a dirigir su propia revista, Talk, de la mano de Harvey Weinstein. 

Por supuesto, Trump también aparece en este documental. Es muy, muy interesante lo que cuenta el redactor encargado de cubrir su campaña electoral, que busca entender las razones detrás del delirio colectivo que este energúmeno provoca en tantos ciudadanos estadounidenses. En la noche electoral en la que Trump fue reelegido, el director de la revista enseña varias operadas que tienen listas, en función del resultado. La portada con una ilustración de Kamala Harris, claro, nunca vio la luz. La directora de arte de la revista, encargada de las portadas, cuenta que ellos no pueden cambiar la realidad, sólo retratarla del mejor modo posible. Y eso es a lo que se lleva dedicando más de un siglo The New Yorker, icono cultural y emblema del mejor periodismo. 


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