Cuenta Gisèle Pelicot que cuando entraba al tribunal que juzgaba a su marido y a otros 50 hombres por haberla violado estando ella inconsciente, se encontró un día con una joven que acudió allí para apoyarla y que estaba llorando. Le pidió que no llorara y sintió entonces, cuenta, que esa joven representaba en cierta medida a todas las mujeres, y que por ella, por ellas, valía la pena hablar. A ella, a todas ellas, les dedica el libro Et la joie de vivre, la alegría de vivir, que ha escrito junto la periodista Judith Perrignon y en el que esta mujer admirable cuenta su vida. En parte gracias a la escritura del libro ha entendido el poder de las palabras, que nunca se les debe temer.
A raíz de la reciente publicación del libro, Gisèle Pelicot ha concedidos entrevistas a distintos medios como El País en España. La semana pasada estuvo en La grande librairie, el espléndido programa de libros de la televisión francesa. Allí Pelicot contó lo que le ha aportado escribir esta obra, por qué ha decidido contar su historia y cómo se aferra a la búsqueda de la felicidad, la alegría y el amor como forma de resistencia.
Es admirable lo que cuenta Gisèle Pelicot. Fascina escucharla. Da un ejemplo extraordinario. Esta mujer cuyo marido violó durante años, que fue drogada por él y violada por otros 50 hombres, es una víctima, por supuesto, pero se niega a ser definida sólo como una víctima. Ya en su día, fue admirable y muy valiente la decisión que tomó de que el juicio no fuera a puerta cerrada, porque “la vergüenza debe cambiar de bando”. Eligió que todo el mundo viera las caras de los agresores. Ella no tenía nada de lo que avergonzarse.
Ahora, Gisèle Pelicot se ha vuelto a enamorar y sigue defendiendo la felicidad como gesto de rebeldía. Cuenta que ha decidido mantener el apellido Pelicot, el de su agresor, porque no quiere que sus nietos sientan vergüenza de su apellido. También que no renuncia a sus recuerdos felices en familia, a pesar de todo. Quiere ir a la cárcel a ver su marido, para pedirle explicaciones y mirarlo a la cara. Asegura que nunca sintió odio, pero sí indignación y traición. No lloró en ningún momento del juicio. Se negó a jugar el papel de la buena víctima. Eso a pesar de que fue atacada por la defensa de algunos de los acusados, que dudaban de ella o de que realmente estuviera inconsciente durante las violaciones.
En el libro, y en las entrevistas que ha ofrecido estos días, Gisèle Pelicot habla de su vida, más allá de las violaciones sufridas. Así conocemos a una mujer que perdió a su madre muy joven y que se enamoró de su marido con 19 años. Una mujer que siempre trabajó y fue financieramente independiente, una mujer de carácter. Con este libro quiere lanzar un mensaje esperanza a todas las víctimas.
En La grande librairie, después de la maravillosa entrevista con Gisèle Pelicot, se llevó a cabo un debate con historiadoras, periodistas y antropólogas que reflexionaron sobre la importancia de este caso. Los agresores fueron 51 hombres de 22 a 71 años, de distintos niveles sociales. Michelle Perrot, historiadora especializada en el feminismo y los derechos de las mujeres, explicó que el proceso de este caso es un momento histórico y que Gisèle Pelicot ha dado un ejemplo con su valentía. Escucharla serena, firme, alegre, sonriente, es el más contundente y poderoso mensaje. Es una mujer admirable, convertida en símbolo y en icono a pesar de ella misma. Fue víctima de una atrocidad espeluznante, pero ni se ha limitado a ser víctima ni ha permitido a sus agresores perder la alegría de vivir con la que titula este libro que estoy deseando leer y que sirve de ejemplo universal.

Comentarios