Caza de brujas

 

Causó cierto revuelo el estreno de Caza de brujas, de Luca Guadagnino en el pasado festival de cine de Venecia. De entrada, no tiene especial mérito eso de causar revuelo en este mundo nuestro en el que casi todo es susceptible de provocar una gigantesca y ruidosa polémica tuitera mundial que se verá opacada por la siguiente en cinco minutos. De hecho, la película va un poco de eso. El último trabajo del director de la estupenda Call me by your name tiene el acierto de hacer pensar al espectador, pero sin decirle lo que debe pensar, y el de acercarse a un asunto de actualidad con una mirada provocadora, en cierta forma a la contra, con un ánimo de incomodar al público

El cine tiene la capacidad de reflexionar sobre la sociedad actual y es siempre bienvenido que eso ocurra. Y, como se escucha en una escena de la película, no todo tiene que hacernos sentir cómodos. No pasa nada porque una película nos incomode o nos plantee cuestiones; es más, es positivo, que así sea. En este caso, la historia reflexiona sobre el feminismo y la llamada, con muchos asteriscos, con muchísimos matices, la cultura de la cancelación. Pero no es una película de tesis, sino de personajes. Y creo que esa es la clave y ahí reside en buena medida esa cierta polémica provocada por la historia. 

A veces cuando hacemos la crítica sobre una película somos un tanto simplistas. Y creo que Caza de brujas no ha escapado a esta tendencia actual de sufrir lecturas simplistas, entre quienes exigen a una película que se posicione de forma nítida y sea moralmente irreprochable, como una especie de panfleto, y quienes se aferran a los diálogos o las partes del filme que pueden alimentar sus ideas ya preconcebidas. Creo que la película aporta algo siempre que se vea con la mente abierta, sin prejuicios. Es una película de historias y personajes, muy singulares, además, no es una película sobre un tema. Por decirlo con claridad, pongo dos ejemplos tontos: que haya un personaje pelirrojo malo en una película no significa que esa película defienda que todos los pelirrojos son malos, que haya una mujer que mienta no implica afirmar que todas las mujeres mienten. En fin. Es bastante elemental, pero a veces hay que recordarlo. 

El hecho es que la reacción que ha despertado esta película da la razón en cierta forma a su planteamiento y al oportuno momento en el que llega. Porque genera debate. Yo no veo en ella una toma de postura clara, sino algo infinitamente más rico e interesante: un filme que no toma partido, que plantea preguntas sin dar machacaditas las respuestas, que abraza la ambigüedad y la complejidad. Luego ya, por supuesto, habrá quienes consideren el simple hecho de plantear una historia así como un mensaje machista insoportable, cuando obviamente no lo es, y también quienes vean el filme como un alegato anti-woke y un tortazo con la mano abierta a cierta corriente del progresismo y del feminismo, cuando creo que es algo mucho más complejo y tiene muchos más matices

La protagonista de la historia, a quien da vida Julia Roberts es una profesora de filosofía en Yale que celebra cenas con sus compañeros de facultad y sus alumnos preferidos, una mujer progresista, abierta, comprometida con el feminismo. Un día, una de sus alumnas predilectas (Ayo Edebiri) acude a ella para contarle que otro profesor, muy amigo de ella (Andrew Garfield) la acosó una noche. Entonces la profesora se debate entre sus principios y su compromiso feminista con su amistad estrecha con el acusado. De pronto, el discurso incuestionable e irrebatible en defensa de las víctimas y en contra del acoso sexual choca contra la realidad de que el acusado ahora es un amigo suyo, alguien a quien quiere, con quien lleva años disfrutando de charlas y buenos ratos, alguien además inteligente y progresista a su vez, de quien jamás se esperaría algo así.

La película no va tanto de si el hecho denunciado ocurrió o no, sino de la reacción del entorno, y en especial, de la protagonista, ante una situación así. ¿Debe posicionarse del lado de la denunciante sin escuchar a su amigo? ¿Puede más la lealtad a su amigo que su compromiso contra el machismo? ¿Cómo debe actuar en una situación así? El hecho de que todos los personajes, todos sin excepción, aparezcan como personas reales, es decir, con sus partes más oscuras y odiosas, es uno de los grandes aciertos de la película, porque a veces las cosas no son lo que parecen. La película transcurre entre diálogos sobre el abuso de poder, el feminismo, el patriarcado, la supuesta indefensión del acusado, la cultura de la cancelación, la incomprensión entre distintas generaciones… 

La película, ya digo, tiene un planteamiento atractivo, porque trata como adultos a los espectadores y confía en su madurez, porque es ambigua y está repleta de matices. Pero no todo son aciertos, o no todo me cautiva. En el fondo, ya digo, no tengo nada que objetar. Me gusta que la película no juzgue a sus personajes ni busque dejar bien clarito lo que debemos pensar de todos ellos en cada escena. Porque la vida es más compleja, no es un cuentecito de buenos buenísimos y malos malísimos. La forma de la película, sin embargo, a veces sí me chirría o incomoda. La veo un tanto abigarrada y algo pretenciosa. La presencia constante de la música y los efectos visuales, por ejemplo, para reforzar la intriga de la trama no se alinea con esa madurez y riqueza con la que se aborda el tema de fondo. 

Con todo, bienvenidas siempre películas que descoloquen como Caza de brujas. Allá quien quiera hacer lecturas reduccionistas y simples de ella, en un sentido o el otro. Ojalá siempre más películas que nos agiten y nos inviten a pensar sin decirnos lo que debemos pensar. Siempre. 

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