Preacuerdo en la cumbre de París

Si algo han enseñado las últimas Cumbres del Clima es que no hay que anticiparse y que es un error cantar victoria antes de tiempo. Seis años consecutivos de fracasos son razón más que suficiente para abortar cualquier atisbo de triunfalismo por el borrador de acuerdo firmado ayer en el encuentro que se celebra estos días en París, y que deberá ser ratificado esta semana por los ministros de los países presentes. Pero es indiscutible que el cónclave de la capital francesa comenzó con un moderado optimismo que, a diferencia de lo ocurrido en ocasiones anteriores, las intervenciones de las distintas delegaciones no han atenuado. Y eso no es poco. Hablamos de una disposición de 195 países a afrontar en serio el reto global del cambio climático. 

La fecha clave es el 11 de diciembre, es decir,el próximo viernes. Entonces deberá ratificarse el acuerdo esbozado en un borrador de 48 páginas por todos los países. Si comparamos el punto actual de las negociaciones con cumbres anteriores, se observa una mejoría, según destacan las ONG presentes en el encuentro, que hablan de una actitud más constructiva. Que se reduzca la extensión del texto y que, a falta de una semana haya un documento de consenso, aunque sea de mínimos, aunque sigan existiendo diferencias, es muy positivo. Hay que esperar, pero da la sensación de que, esta vez sí, la mayoría de los gobiernos del mundo han entendido la urgencia de actuar de forma contundente contra el calentamiento global. Han comprendido que el tono apocalíptico de las asociaciones comprometidas con el medio ambiente no es una pose, sino una llamada de urgencia. No es exageración, sino imperiosa necesidad. No es algo de dentro de unas décadas o siglos que no va con nosotros, sino una obligación ética con el mundo en que vivimos y con las generaciones venideras. 

Así que hay razones, o tal parece, para ser optimistas con la Cumbre del Clima de París. Pero falta cerrar el acuerdo para evitar la misma sensación de  frustración que en los últimos encuentros. En la cumbre de Copenhague, la primera en la que se buscó sin éxito un acuerdo que reemplazara al protocolo de Kioto, a estas alturas el borrador era de 300 páginas y no existía el menor entendimiento, lo que condujo al estrepitoso fracaso con el que concluyó aquel encuentro. ¿Qué falta para llegar al acuerdo? Hay varios puntos de duda. Entre ellos, el hecho de que ni China ni Estados Unidos parecen por la labor de que el acuerdo sea vinculante, lo cual es peligroso. Obama sabe del escepticismo en parte de las filas republicanas sobre el cambio climático y sabe también que es lo que se conoce en Estados Unidos como "un pato cojo", un presidente en el final de su segundo mandato, el último por ley, por lo que su influencia es escasa. El partido opositor no le dará ni agua y el suyo anda ya más preocupado por preparar la carrera presidencial del próximo año. Así que el presidente estadounidense no quiere comprometerse con un pacto que deban ratificar las Cámaras, porque sabe que no cuenta con mayoría. Si el pacto final nace sin ser vinculante, puede que no nazca muerto, pero sí gravemente herido. 

Además, se está repitiendo en esta cumbre la misma división entre los países desarrollados y los emergentes en anteriores encuentros. Resumiendo mucho, los últimos no quieren pagar por los excesos de aquellos y aspiran a seguir creciendo, lo que implica más contaminación. India parece uno de los países en desarrollo más reticente a comprometerse a reducir sus emisiones porque eso implicaría también refrenar su actual ritmo de crecimiento, uno de los mayores del mundo. Ustedes son los que más han contaminado, así que ustedes deberán asumir la mayor parte de la reducción de emisiones, defienden los países emergentes. 

Otra resistencia al acuerdo llega de Arabia Saudí, el primer país productor de petróleo del mundo, que no quiere no oír hablar de una economía que avance progresivamente, con más prisa que pausa a ser posible, hacia un modelo menos dependiente del crudo y de energías contaminantes. El oro negro ha sido y sigue siendo la gran baza de este país. Y no quiere renunciar a ella. También está por ver si lo pactado en el borrador se plasma finalmente en el acuerdo o si queda rebajado y, por supuesto, falta saber si los compromisos incluidos en ese documento son lo suficientemente ambiciosos como para limitar a los dos grados el aumento de la temperatura mundial a finales de este siglo. Con los compromisos presentados antes del encuentro el incremento sería de 2,7 grados, según estiman los expertos. Y, por supuesto, como todo en este mundo nuestro, el dinero también es un obstáculo. Porque falta por concretar el importe del fondo para el cambio climático y cómo se reparte. La foto de la cumbre es más luminosa que en encuentros anteriores, pero falta el revelado, donde muchas veces (confiemos en que no sea el caso) esta se satura o se echa a perder directamente. 

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