Ávidas pretensiones

Hay novelas con las que el lector tiene la impresión, por no decir la certeza inequívoca, de que el autor ha disfrutado mucho escribiéndolas. Ávidas pretensiones, premio Biblioteca Breve de 2014, es una de esas obras. Uno disfruta con el libro y piensa en lo mucho que debió de divertirse Fernando Aramburu, autor de la novela, ideando las tramas, construyendo a los personajes y narrando esas peculiares peripecias. Es un libro irónico, sarcástico incluso, auto paródico en cierto sentido, inteligente y muy divertido.

La novela transcurre en un par de días, en las III Jornadas poéticas de Morilla del Pinar. Lope, autor de un influyente programa radiofónico sobre poesía, reúne en un convento de monjas a lo más granado del panorama lírico español ("la poetada"). Un narrador omnisciente nos aproxima con un estilo muy original y atractivo a los asistentes de las jornadas y sus propósitos, de ahí el título de la novela, que persiguen en ese encuentro literario. Buscan juerga, desenfreno, sexo, drogas, divertimento y no poco fingimiento ante el resto de poetas, muchos de ellos objeto de odios, envidias y rencillas. 

Ávidas pretensiones es cualquier cosa menos un retrato amable de los poetas. Es ficción, se entiende. Aunque quizá parte de esa diversión que imtuímos experimentó Aramburu escribiendo se deba también al hecho de que se inspirara en escritores y poetas reales, quién sabe. El retrato es bastante humano, por decirlo sutilmente. Desde el poeta nihilista, de vuelta de todo y sin excesivo aprecio por su propia vida hasta la que se venga de forma mísera e infantil por verse excluida de una antología poética. Juergas en los bares del pueblo, escenas de pasión en medio del cementerio, búsqueda de drogas alucinógenas, muchos encuentros furtivos... No falta de nada. Los poetas, ávidos de juerga, más preocupados por el abastecimiento de alcohol y marihuana que por las plomizas discusiones sobre la belleza en la poesía, que tan poco parecen importarles. Aquella termina, lleno de sátira, como el rosario de la aurora.

La obra muestra a varios personajes asistentes a las jornadas. Por lo general, los personajes están bien construidos y son interesantes. Con todo, y es casi inevitable que esto ocurra en obras corales, hay personajes mucho más logrados que otros, que están algo estereotipados. Sobresale la poeta algo perturbada tras la muerte de su hija en el 11-M a quien solo hace caso, y porque se ve forzado a ello, un escritor cerrado a toda clase de relación social después de enviudar. Una pareja de lesbianas y el organizador de las jornadas son otros personajes interesantes. Sobre todo es atractiva y da mucho juego la pareja que forman un sexagenario poeta ciego y malhumorado con su exuberante novia, que causará furor en todos los asistentes a las jornadas. 

Nada desdeñables son las discusiones sobre literatura, poesía y el mundo editorial que aparecen en distintos pasajes de la obra. Se aprecian con claridad los tejemanejes de las editoriales, las rencillas entre los autores y su habitualmente elevado ego. El roce entre las distintas corrientes liricas, la visión desencantada con el panorama editorial. En esta parte irónica y crítica reside uno de los muchos atractivos de este libro tan divertido.

El humor es una cosa muy seria. Aramburu lo sabe y por eso exhibe en Ávidas pretensiones un admirable dominio del lenguaje y una soberbia habilidad narrativa. El estilo es la joya de la corona de esta espléndida novela en la que el autor narra con total seriedad y estilo sofisticado y elegante la situación más disparatada. Incluye definiciones de palabras, emplea frases cortas, alterna estilo coloquial con otro elevado y, en resumen, cautiva por su sensacional despliegue. Demuestra Aramburu que las novelas de humor, o al menos con un alto componente cómico o irónico, no deben estar reñidas con el estilo y la buena narración. Es la primera novela de este autor que cae en mis manos y puedo decir, como bien habrán intuido al leer esta reseña, que no creo que sea la última. 

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