Rubalcaba, secretario general del PSOE

22 votos resolvieron la incógnita y dieron a Alfredo Pérez Rubalcaba la secretaría general del PSOE. Después de un interminable recuento, José Antonio Griñán anunció el resultado. Carme Chacón se quedaba cerca, pero no lograba convertirse en líder del partido. Por la mañana, ambos candidatos se habían dirigido a los delegados en sendos discursos. Rubalcaba ganó y en su primera comparecencia como nuevo secretario general dijo que será el líder de todos los socialistas, que quiere un partido fuerte y que ahora se debe buscar la unidad y el cambio. El doctor en químicas que lo había sido ya casi todo en el PSOE llega a lo más alto dentro de su partido cuando, cosas de la vida, la formación está en su momento más bajo. En su discurso de la mañana Rubalcaba había lanzado varios mensajes que ahora habrá que ver cómo son conducidos por la nueva dirección del partido que, a esta hora, ya se conoce. La primera labor del nuevo secretario general será evitar que el partido quede tan dividido como mostró ayer el resultado de la votación. Prácticamente la mitad de los delegados le apoyaron a él, la otra mitad a Chacón.

Este resultado tan ajustado debe ser bien interpretado por Rubalcaba. Chacón no estará en la dirección del partido porque ella misma se autodescartó ayer antes de que el nuevo secretario se lo ofreciera (esto no quiere decir que se lo hubiera ofrecido). Para ser el secretario general de todos los socialistas, Rubalcaba deberá escuchar a los muchos que apoyaron a Chacón y deberá darles voz y voto en el nuevo equipo que tomará el timón del partido. Lo peor de este congreso tal vez sea que se ha mostrado mucha división interna, y lo mejor es que ha acabado y el nuevo líder podrá tender puentes y ofrecer la mano a los que apoyaron la otra candidatura. El PSOE debe salir reforzado y, sobre todo, unido de esta cita en Sevilla. Comprendo que los líderes socialistas dijeran ayer que su partido ha dado un ejemplo de comportamiento democrático. Lo es desde el punto de vista de que los delegados del partido han votado entre dos candidatos, pero el juego limpio, el respeto y el debate sosegado forman parte (o deberían al menos formar parte) de la democracia y los tres han brillado por su ausencia. Quedarán atrás los ataques machistas a Chacón, las presiones por todos lados y la ausencia total de debate de ideas. Es la mejor noticia para el PSOE.

Ahora, como muy dijo Rubalcaba, el partido debe trabajar. Debe hacer una oposición leal y constructiva, debe fortalecerse internamente y debe aportar propuestas e ideas para ayudar al país y para, de paso, volver a atraer a esa gran parte de su electorado que huyó aterrada de un partido que ya no reconocían como suyo y donde ya no veían por ningún sus ideas y principios clásicos. Rubalcaba es un gran político, una persona muy trabajadora y alguien inteligente. Por todo eso puee venirle bien al PSOE. Pero también es alguien con mucha más pasado que futuro y me sigue chirriando mucho oír de su boca un discurso de renovación y cambio. Cuando hago esta crítica no desacredito a Rubalcaba por su edad. Sería tan estúpido como desacreditar a Chacón por ser mujer. Esas son cuestiones menores. Lo que digo es que alguien que lleva tantas décadas ahí metido, moviendo los hilos, puede no ser el más apropiado para pilotar un cambio real, auténtico. Una operación de maquillaje puede hacerla cualquiera, pero abrir y renovar de verdad el partido es más complicado.

No puede evitar tener la sensación de que, al final, ha ganado el aparato. Ha ganado la vieja guardia (dicho lo de vieja con todo el respeto del mundo). Ha ganado Felipe González. En definitiva, ha ganado el proyecto de cambio de quienes simbolizaban el cambio en la década de los 80. Y también ha ganado quien obtuvo como cabeza de lista la peor derrota electoral del PSOE desde la reinstauración de la democracia. Ha podido más al final el reconocimiento por comerse el marrón, por dar la cara el 20 de noviembre cuando sabía que le iban a romper, que la necesaria autocrítica y asunción de responsabilidades. No sé yo si alguien que ha sido derrotado de forma tan estrepitosa en unas generales puede encabezar al principal partido de la oposición. También es verdad que en España de perdedores que siguen aferrados al poder interno en su partido y luego le dan la vuelta a la tortilla sabemos un rato (ahí está el actual presidente del gobierno, para quien se hizo bueno el refrán de "a la tercera va la vencida"). En todo caso, la pregunta es ¿de verdad no había otra opción? ¿de verdad el PSOE no se ha planteado en ningún momento una renovación auténtica empezando por los líderes que lo dirigen?

El congreso deja un gran vencedor, pero también muchos derrotados. Chacón, claro, pero a su lado todos los que la apoyaron. Tomás Gómez debe de estar pensando que mejor hubiera sido guardar su apoyo público un poquito más. Ya es mala suerte que apures hasta un día antes de la votación para decir a quién apoyas y luego vaya y pierda. Debe de ser más duro todavía en su caso, pues hay que tener en cuenta la alta estima y valoración que el propio Gómez tiene de sí mismo. Tal vez hasta pensó que por dar él el apoyo a una candidatura los delegados iban a secundarle inmediatamente. Su panorama ahora al frente del PSOE de Madrid está oscuro. El congreso del partido en Madrid promete emociones fuertes. En Andalucía, la cosa está calentita y, en su primera jugada inteligente como secretario general, Rubalcaba ha nombrado presidente del partido a José Antonio Griñán. El PSC, que apoyó en bloque a Chacón, también estará ahora pendiente de por dónde tira el partido con la nueva dirección de Rubalcaba.

Ya conocemos el equipo de Rubalcaba. El nuevo secretario general, haciendo buena su fama de trabajador incansable, se puso rápidamente manos a la obra para terminar de perfilar la nueva dirección del partido. Griñán, como digo, será presidente. Es una jugada inteligente, creo yo, porque calmará las aguas en Andalucía a poco más de un mes de las autonómicas, aunque puede que haya nombrado presidente del partido a alguien que, dentro de poco, deje de ser presidente de Andalucía al ser derrotado en las urnas. No será porque él no lo haya intentado. Elena Valenciano será la número dos del partido. Con ese puesto Rubalcaba le reconoce su lealtad estos últimos meses tanto en campaña electoral como en el proceso precongresual. Óscar López, de Castilla y León, será secretario de organización, Gaspar Zarrías, incombustible, secretario de relaciones institucionales; y Patxi López, secretario de relaciones políticas. Trinidad Jiménez se encargará de política social. Se abre un interesante proceso en el seno del PSOE. Se debe poner las pilar porque el calendario electoral así lo exige, porque el partido necesita reactivarse y, sobre todo, porque el panorama económico invita a tener cuanto antes un partido sólido y unido en la oposición.

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