Cuando Machos Alfa se estrenó a finales de 2022, la serie de los hermanos Laura y Alberto Caballero, asumió no pocos riesgos. Con el buen olfato habitual de sus creadores para retratar la sociedad actual desde la inolvidable Aquí no hay quien viva, la serie abordó el auge de la nueva ola del feminismo, las resistencias que despierta, las incomprensiones y los debates. Sin ánimo de juzgar a sus personajes y sin miedo de meterse en charcos, la serie triunfó en su estreno en Netflix y ha tenido desde entonces otras cuatro temporadas más. La quinta, que llegó a la plataforma hace unas semanas, mantiene la capacidad de retratar la sociedad e invitar a la reflexión desde la comedia.
La quinta tanda de episodios de la serie, que será la penúltima, porque ya se ha confirmado una sexta y última, comienza con todos los personajes principales solteros. Una vez más, el reparto coral de la serie es una de sus principales fortalezas. Siguen llenando de ternura, patetismo, contradicciones y verdad a sus personajes Gorka Otxoa, Fele Martínez, Fernando Gil, Raúl Tejón, Raquel Guerrero, María Hervás, Kira Miró, Natalia Rodríguez y Paula Gallego, a los que se suman, entre otros, María Adánez o Marta Hazas.
Hay varias tramas distintas, desde un curso de feminidad al que acuden ellas, haciendo un guiño a aquel curso de deconstrucción al que asistieron los hombres protagonistas de la serie con los que todo empezó, hasta un delirante proyecto inmobiliario cuando ellos piensan que esto de las relaciones sexoafectivas es un lío. Quizá la trama con más hondura es la que protagoniza el personaje de María Hervás, que conoce a un político llamado Iñaki Castellón perteneciente al partido Claro que se puede, que se define como aliado feminista, pero que luego tiene actitudes impresentables con las mujeres. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Es una trama muy bien tratada y muy interesante porque, más allá de esas semejanzas con un muy mediático caso real reciente, muestra la revictimización a la que la sociedad conduce con frecuencia a las mujeres que se atreven a denunciar, por el más que cuestionable tratamiento de estos temas por parte de algunos medios de comunicación y también los comentarios y actitudes de algunos jueces. De hecho, los creadores de la serie se dan en gustazo de enviar a un curso de deconstrucción de la masculinidad tóxica a un juez que se muestra mucho más condescendiente con el presunto agresor que con la presunta víctima.
La serie también aborda, de forma más o menos directa, siempre con el tamiz de la comedia y el humor, cuestiones como la división dentro del feminismo, la toxicidad de las redes sociales, el funcionamiento de las apps de citas, la responsabilidad afectiva (“querer no es un sentimiento, es una acción”), el abuso de poder en el sector audiovisual, la cosificación de otras personas a las que sólo se valora por su físico, la prostitución, las moderneces que nos invaden (“¿qué ha pasado en este país que hemos pasado de desayunar churros a desayunar aguacate?”), el heteropesimismo que sienten muchas mujeres o la soledad elegida, con una trama con ciertos parecidos con La boda de Rosa.
Que una serie logre llegar a su quinta temporada sin dar la sensación de repetirse o de estar arrastrando los pies, avanzando con el piloto automático, es ya de por sí digno de elogio. Que además siga mostrando, entre risa y risa, debates sociales importantes, con en feminismo en el centro, lo es aún más. Y que se aborden cuestiones serias desde el humor y haciendo pasar un rato, entreteniendo y haciendo besar a la vez, es ya el remate. Machos Alfa se despedirá con la sexta temporada y el final de esta quinta deja con ganas de saber cómo se cerrarán las tramas de una serie que ha logrado dar con la tecla y que ha conectado con el sentir de una época.

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