“La tradición judía nos pide imaginar un mundo donde cada persona esté a salvo y sea libre, a nunca dejar de pelear por ese mundo”, afirma una rabina en la última escena del documental Israelism. Pronuncia estas palabras en una reunión con personas judías estadounidenses que apoyan los derechos humanos del pueblo palestino y que son despreciadas o incluso tildadas de antisemitas por ello.
El documental, dirigido por Eric Axelman y Sam Eilertsen, fue estrenado el 2023, antes de los brutales atentados del grupo terrorista Hamas el 7 de octubre de aquel año, que desencadenaron la brutal invasión del Estado israelí de Gaza. Es por ello que no incluye ninguna mención a estos hechos. Ahora puede verse en Filmin y es muy impactante por muchas razones, aunque también abre una puerta a la esperanza, porque aborda cómo es posible escapar del adoctrinamiento, por severo que éste haya sido.
El documental se centra en la educación, o mejor dicho, en el adoctrinamiento, de la comunidad judía en Estados Unidos, que está marcada por una obsesión con Israel. No sólo se educa en mantener las tradiciones y la cultura judía, eso, por lo que se cuenta en el documental, es realmente lo de menos. El centro de esa educación es defender a Israel por encima de todas las cosas. De ahí que identifiquen irremediablemente al país con el judaísmo y de ahí también que consideren que cualquier crítica a las atrocidades del gobierno israelí sean tildadas de antisemitismo, incluso aunque procedan de personas judías.
Esta obsesión con Israel adopta distintas formas, desde libros de texto que no mencionan la existencia de las personas palestinas y faldean la historia y los mapas de Israel hasta viajes gratis a ese país organizados por Taglit Birthright Israel, que incluyen campamentos con prácticas militares. Se transmite desde muy niños a los judíos estadounidenses que tras el Holocausto Israel es el único lugar seguro para los judíos de todo el mundo y que, por lo tanto, ésa es su casa. Asombra comprobar que no pocos jóvenes estadounidenses deciden entrar a formar parte del ejército israelí. También impacta uno de los datos que ofrece el documental: 60.000 de los 450.000 colonos que viven en territorio palestino ocupado por Israel son judíos estadounidenses.
El documental reúne testimonios de muchas personas con todos los puntos de vista, desde defensores de la ocupación militar israelí que tildan de mentiras o de antisemitismo cualquier crítica al gobierno de aquel país hasta jóvenes universitarios judíos que se dedican a defender a Israel, pasado por palestinos que malviven en el territorio ocupado o judíos que toman conciencia de las injusticias y las atrocidades que se cometen en su nombre y alzan la voz. Los dos grandes protagonistas de Israelism son Simone Zimmerman y Eitan. Ambos, judíos estadounidenses. Los dos, desencantados tras comprobar la realidad de la ocupación israelí y el apartheid en el que viven los palestinos.
Eitan fue uno de esos jóvenes estadounidenses que decidió unirse al ejército israelí muy joven, con 19 años. Fue destinado a un puesto de control en Cisjordania donde su trabajo diario consistía en hostigar a los palestinos y hacerles presente la ocupación israelí, que ellos eran ciudadanos de segunda en su propia tierra. Cuenta que le llevó tiempo asumir su parte de culpa en la ocupación y aún más tiempo hablar públicamente de lo que vio y de lo que tuvo que hacer. Explica que en el relato que le inocularon incansablemente desde pequeñito los palestinos no existían, si acaso, como una nota al pie de página y siempre presentados como terroristas que quieren matar a los judíos, no como los nativos de aquella tierra. Por supuesto, no había oído hablar de la Nakba, en la que 750.000 personas palestinas fueron desplazadas de forma forzada de sus casas.
Por su parte, Simone Zimmerman, que recibió el mismo tipo de adoctrinamiento disfrazado de educación, E dedicaba a defender a Israel en todos los foros donde podía. Para ella supuso un punto de inflexiónuna campaña que pedía no invertir dinero en empresas que proveían de armas a la ocupación militar israelí. Acudió a defender a Isra o a una asamblea universitaria sobre la iniciativa y explica que en ella escucha hablar por primera vez entonces de la ocupación. Busca respuestas que nadie en su comunidad le da. Se cuestiona por qué nadie responde lo que exponen los estudiantes palestinos. Decide entonces viajar allí y descubre la realidad que le habían ocultado. Al volver a Estados Unidos decidió movilizarse en defensa de los derechos de los palestinos, lo que le hace perder amigos y también recibir el odio y los ataques de, entre otros muchos, la AIPAC, el muy influyente Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel.
Pese a ese clima de hostigamiento y de ridiculización permanente por parte de las asociaciones tradicionales judías de Estados Unidos, empeñadas en defender a Israel a toda costa, por más salvajes que sean sus atrocidades contra el pueblo palestino, el documental muestra a una parte no pequeña de la comunidad judía estadounidense que se rebela contra esa falacia que da a entender que no se puede ser judío y criticar las condiciones infrahumanas en las que viven los palestinos en su propia tierra.
Lo más paradójico y perverso de todo lo que muestra el documental es que sí existe y está creciendo el antisemitismo, pero el real, no el que se presenta como tal pero no lo es, porque criticar al gobierno israelí no es antisemitismo. El nacionalismo blanco o los grupos neonazis son una realidad. Algunos de los asaltantes del Capitolio, palmeros de Trump, llevaban camisetas negacionistas del Holocausto. El antisemitismo real existe y está creciendo, sí, pero por lo que sea esas organizaciones que se dicen judías y que en realidad son proisraelíes no dicen nada y siguen centrando sus esfuerzos en defender a Netanyahu y su criminal represión y exterminio de los palestinos.
Israelism, en fin, ayuda a entender parte del apoyo a Israel en Estados Unidos y también muestra un atisbo de esperanza en medio del horror y la sinrazón. El documental muestra lo dañino y peligroso que es el adoctrinamiento, pero a la vez muestra ejemplos de cómo se puede salir de él. Quizá, después de todo, no todo está perdido.

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