En una inolvidable escena de El ministerio del tiempo, esa serie exquisita sobre viajes en el tiempo tan añorada que emitió La 1, Julián, un agente del ministerio, lleva a Lorca a disfrutar de un concierto de Camarón cantando sus versos, para intentar convencerlo de que no vuelva a Granada porque será asesinado allí. Lorca se queda maravillado al ver que tantos años después, su país sigue vibrando con su poesía, sigue recordando sus creaciones. “Tanto tiempo después, España se acuerda de mí. Entonces he ganado yo, ellos no”, afirma Lorca en esa memorable escena que da en el clavo.
Y, en efecto, España, y no sólo España, claro, se acuerda de Lorca. Basta contemplar la creación cultural inspirada en su vida y en su obra nueve décadas después de su asesinato. En el teatro, por ejemplo, Una noche sin luna, de Juan Diego Botto, agota las entradas que pone a la venta temporada tras temporada desde hace cinco años. En cine, en el próximo festival de Cannes se podrá ver La bola negra, un ambicioso proyecto de los Javis inspirado en el genial poeta y la obra póstuma que hace ya una década acordó el el teatro Alberto Conejero en La piedra oscura. Lorca no ha dejado de inspirar y hoy sigue más vivo que nunca.
Es en esta bendita corriente de obras inspiradas en Lorca donde se sitúa el documental Enlorquecido, dirigido por el propio Miguel Poveda y por Manu Huelva, con guion, precisamente, de Alberto Conejero basado en escritos de Lorca, y con Juan Echanove poniendo voz a los escritos del poeta.
Conviene dejar claro nada más empezar a hablar de esta película que no es ni busca en ningún momento ser un documental sobre Lorca. Es un documental sobre la obsesión y el enamoramiento que Lorca despierta en Miguel Poveda. El cantaor se pone en todo momento en el centro de la historia, porque relata su historia íntima, la inspiración que siente por el poeta, la devoción por él. Es la historia de su relación con Lorca, su búsqueda de las huellas del poeta por las ciudades que habitó, su cruzada para poner placas allí donde vivió.
Por tanto, quien busque encontrar un documental canónico sobre la vida del poeta y dramaturgo granadino más universal e inmortal, podrá decepcionarse ante el excesivo protagonismo, casi exhibicionismo pensará alguien, de Poveda. Pero es que la obra busca contar exactamente lo que cuenta. El propio cartel de la película lo deja claro, con Poveda asomado al balcón de una de las casas en las que vivió Lorca, y con la sombra del poeta reflejada en la pared. Enlorquecido es un documental sobre la relación de Poveda con Lorca, sobre cómo lo inspira y el cantaor busca saberlo todo sobre él.
He leído algunos comentarios de académicos expertos en la investigación sobre la vida y la obra de Lorca en los que cuestionaban el enfoque de este documental o que parecen mirar con cierta desconfianza la pasión lorquiana de Poveda. Más allá de que el enfoque del documental guste más o menos, me parecen unas críticas algo injustas. Claro que en el documental Poveda tiene mucho protagonismo, por supuesto que siempre chirría un poco cuando alguien habla de Lorca llamándolo “Federico”, como queriendo transmitir una intimidad con el poeta mayor que la del resto. Pero creo que en este documental surge como algo natural, porque no busca contar la vida de Lorca, aunque la cuenta, sino que busca, y consigue, retratar esa pasión obsesiva de Poveda por Lorca, que es la misma obsesión que tantas y tantas personas sentimos por el autor de Poeta en Nueva York. Y es ahí, en ese vínculo con Lorca que sienten tantas personas de todo el mundo y todas las generaciones, donde el público conecta con este documental, que también cuenta con varias actuaciones musicales de las versiones de los poemas de Lorca del propio Poveda.
Habrá quien le recrimine a Poveda que no descubre aquí nada nuevo sobre la vida de Lorca o, ya digo, que se sitúa demasiado en el centro del relato, pero creo que conviene entender su enfoque. Esto va de cómo el enamoramiento por los versos, el teatro y la propia vida de Lorca atraviesa a un artista del siglo XXI, que lo adopta como guía espiritual, que lo contempla con veneración rendida y que decida viajar por el mundo en busca de sus huellas.
El documental, que muestra fotos e imágenes de Lorca, así como textos escritos por él recitados por Juan Echanove, tiene no pocos atractivos. Para empezar, porque para cualquier admirador de Lorca, por más que lo sepamos ya todo de su peripecia vital, nunca nos deja de maravillar escuchar hablar de él. El principal aliciente del documental son esos viajes tras los pasos de Lorca, con comienzo y final en Granada, y pasos por Madrid, Barcelona, A Coruña, Buenos Aires, La Habana o Nueva York. Impresiona la visita a la tumba del padre del poeta en Nueva York, donde se exilió su familia tras su vil asesinato.
Enlorquecido plantea una interesante reflexión de fondo sobre la importancia de la memoria, canalizada a través de la obsesión de Miguel Poveda por lograr que se incluyan placas conmemorativas que recuerden el paso de Lorca por hoteles y casas por todo el mundo. Porque la memoria es importante y porque esos lugares son lugares importantes para todos aquellos que veneramos al genial poeta, tan sólo por el hecho de que él estuvo allí.
Cualquier oportunidad de oír hablar de Lorca es más que bienvenida, porque, sí, como bien mostró con brillantez aquella escena de El ministerio del tiempo, tantos años después, seguimos recordando y admirando al autor de Yerma y de tantas otras obras inmortales.

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