Marbella. T2

 

Una de las grandes virtudes de La Unidad, la serie de Dani de la Torre y Alberto Marini anterior a Marbella, era su capacidad de reinventarse y encontrar nuevos ángulos en cada temporada, manteniendo la intriga, la emoción y la vocación de retratar con rigor la realidad, pero siempre desde la ficción. Marbella conserva esa misma cualidad. Tras una impactante y muy redonda primera temporada, la serie corría el riesgo de repetirse, pero sus creadores han logrado encontrar en la segunda temporada la forma de seguir ahondando en la presencia de las mafias y el narcotráfico en la Costa del Sol con una mirada diferente y con nuevos alicientes.   

Marbella, que ya fue muy buena en su primera temporada, mantiene intacto su interés en esta segunda tanda de episodios, en la que además aporta nuevos matices y miradas diferentes. Si en la anterior temporada se centraba en una guerra entre bandas mafiosas y en la falta de medios de la policía para pararles los pies, ésta vez el foco se pone en la fiscalía antidroga. La serie mantiene el recurso de la voz en off, muy singular y ágil, con el personaje interpretado por Hugo Silva mirando a cámara e interpelando directamente al espectador, pero esta vez le toma el relevo Natalia de Molina, quien da vida a la fiscal antidroga. Ella, junto a la siempre impecable Ana Wagener, es la gran incorporación al elenco de la serie en esta nueva temporada. 

El papel de los abogados de las mafias, que se escudan afirmando que todo el mundo merece defensa judicial, lo cual es cierto, pero que se enriquecen y viven una vida de lujo gracias al dinero de la droga, ya estaba presente en la temporada anterior y se sitúa aquí en el centro. La serie hace guiños a la actualidad, lo cual es marca de la casa. De hecho, comienza con un juicio a los tripulantes de una narcolancha que embiste a una barca de la guardia civil, claramente inspirados por un hecho real

El personaje de Hugo Silva detesta en realidad a sus clientes. Los desprecia y por nada del mundo quiere que su hija Alex (Manuela Calle) se relacione con el hijo de una de las bandas mafiosas que representa (Agustín Dominguez), en la que todos tienen más bien pocas luces, pero que manejan una salvaje cantidad de dinero. Entre las nuevas incorporaciones del elenco también está Cristalino, a quien vimos en la estupenda Segundo premio, por cierto. 

La serie recrea muy bien el mundo de los narcos (y deja claro que el dinero no da el buen gusto), pero se centra sobre todo en la labor de la policía y la justicia. Una vez más, se muestra la impotencia que no pocas veces sienten ante la abrumadora cantidad de medios y recursos de los narcos, incluida su capacidad de infiltrarse en el sistema y sus vínculos con empresarios y políticos. Junto a la fiscal antidroga y a la jueza a quien da vida Ana Wagener, vuelve a tener gran protagonismo la policía interpretada por Elvira Mínguez, siempre una garantía.

El sistema no está podrido, pero es evidente que no funciona”, escuchamos en un momento de la serie. El personaje del padre de la fiscal, a quien interpreta Paco Tous, ayuda a mostrar la ambivalencia e incluso la connivencia de parte de la sociedad ante esta realidad, cómo no pocas personas, en el fondo, no ven del todo con malos ojos esos trapicheos, porque lo ven como parte del paisaje, porque les va bien, prefieren mirar hacia otro lado, la droga y el dinero que mueve permiten que los negocios de la ciudad sigan funcionando. La serie recuerda lo extendido que está el consumo de drogas y lo desigual que es a veces la guerra de la policía y la justicia contra los narcotraficantes. También queda claro lo caro que le sale a veces la valentía a los profesionales que deciden hacer lo correcto cueste lo que cueste.

Cada capítulo de la serie comienza con el mismo texto explicativo indicando que la historia se inspira en la realidad, pero que es pura ficción, que cualquier parecido con hechos o personajes reales es pura coincidencia. Lo cierto es que el fenómeno reflejado en Marbella es tristemente verosímil, aunque resulte más cómodo a demasiada gente mirar hacia otro lado. 

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