Puy du Fou España

 

Hace unas días se conoció que Puy du Fou España fue reconocido por segundo año consecutivo como el mejor parque temático de Europa, por delante de Disneyland París, según los World Travel Awards. Más allá del valor que le demos los premios, siempre tan caprichosos y subjetivos por definición, a menudo tan poco transparentes, lo cierto es que el parque no ha parado de crecer desde su apertura en Toledo en 2019. El año pasado, por ejemplo, recibió 1,7 millones de visitantes. En el que fue su primer ejercicio con beneficios, el parque generó un impacto económico de 250 millones de euros y cuenta ya con 1.300 empleos directos y 3.500 indirectos. 

En este tiempo, la sucursal española del segundo parque temático más visitado de Francia ha logrado superar con éxito un triple reto nada sencillo, una especie de triple salto mortal. A saber, diría que ha vencido el recelo lógico que despierta en España cualquier megaproyecto dados los antecedentes, ha logrado constituirse como un aliciente adicional de la excelsa Toledo y ha conseguido en gran medida salir airoso de la siempre delicada misión de abordar la historia de España con capacidad de llegar al gran público sin morir en el intento.  

En nuestro país hay una larga tradición de megaproyectos de dudoso origen nacidos de la nada en medio del campo que se presentaron en su día como revolucionarios y transformadores, enormes generadores en potencia de riqueza, pero que terminaron dejando deudas y grandes ambiciones abandonadas en solares desérticos. Por eso, cada vez que se presenta algún plan genial con recreaciones y planos muy bonitos, pero sobre terrenos en medio de la nada, lo prudente y saludable es sospechar o, al menos, ser razonablemente escéptico. Puy du Fou se presentó como la primera apertura fuera de Francia de un concepto de parque temático muy asentado en el país vecino, donde recibe a más de tres millones de visitantes al año. El parque de Toledo abrió sus puertas en 2019, a las puertas de la pandemia, cuando todo el mundo se detuvo, pero ha logrado superar esa contrariedad inicial para entrar en beneficios y seguir creciendo año a año. 

El segundo gran reto al que se enfrentaba el proyecto no era menor. Cómo lograr que un parque temático sea lo suficientemente atractivo como para suponer un aliciente adicional para visitar Toledo, la ciudad de las tres culturas, repleta ya de alicientes. La catedral, el museo del Greco, las huellas de las culturas cristiana, judía y musulmana, su catedral, su sinagoga, su antigua mezquita, sus callejuelas encantadoras, el Alcazar, las iglesias, el entierro del Conde Orgaz, el impresionante convento de San Juan de los Reyes, las vistas insuperables de la ciudad frente al río Tajo… Muy pocas ciudades cuentan con tantos atractivos y con tanto interés histórico como Toledo. 

Por eso mismo, claro, parece el lugar ideal para situar un París sobre la historia de España, pero, a la vez, la cercanía con la ciudad imperial obliga a Puy du Fou España a ofrecer algo realmente singular para complementar la visita. A tenor de los datos de visitantes del parque, parece haberlo conseguido. Hay excursiones de un día, pero también más pernoctaciones (el año pasado, más de 670.000) y personas que quizá extienden un día su visita a Toledo para acudir al parque después o antes de recorrer las empedradas, laberínticas y bellísimas calles de la ciudad. 

El tercer reto, quizá el mayor, al que se enfrenta el Puy du Fou es no pisar demasiados callos a la hora de contar la historia de España. La historia es siempre material sensible y se presta a fáciles y simplistas politizaciones. Si además tenemos en cuenta que el promotor de Puy du Fou en Francia es Philippe de Villiers, que no disimula su cercanía a posturas de extrema derecha en aquel país, el recelo sobre cómo trataría la historia el parque en España era obligado. 

Por supuesto, en las atracciones de día y en su gran espectáculo nocturno, El sueño de Toledo, hay ausencias y elipsis a la hora de contar la historia de España. La Guerra Civil, por ejemplo, se presenta casi como un fenómeno meteorológico, algo que llega sin más, como si nadie la hubiera causado, y no se menciona la II República. Hay simplificaciones y elecciones cuestionables sobre qué mostrar o no, qué personajes mencionar o resaltar, pero el resultado es más bien satisfactorio. El parque en general y su espectáculo emblema en particular no buscan ser un riguroso documental histórico, sino que toman la historia como punto de partida para entretener al gran público, con un enfoque divulgativo, pero sobre todo de entretenimiento. Creo que lo logran con creces y, matices al margen, no presentan una mirada sesgada de la historia de España. 

También es cierto que en nuestro país existe una confusión muy extendida entre muchas personas de distintas ideologías que presenta la historia como una especie de pasatiempos de la gente conservadora, como algo rancio y sospechoso. Así lo creen quienes desde esas posiciones pretenden ensalzar supuestas glorias pasadas y encontrar en tiempos pretéritos las bases de sus fantasías políticas, pero así lo creen también quienes automáticamente desde ciertas posiciones de izquierdas desconfían por sistema de la historia y confunden el interés genuino por los hechos que marcaron nuestro país con un postura retrógrada o una mirada nostálgica del pasado. Y lo cierto es que, politizaciones al margen, la historia es apasionante y no existe una única manera de acercarse a ella. Con todas sus limitaciones y concesiones, Puy du Fou logra hacer de la historia de España un estímulo para entretener a familias enteras en las que, con suerte, alguno de sus espectáculos logrará despertar el interés por la historia entre los asistentes. Como amante de la historia, sólo puedo celebrarlo. 

Descubrí Puy du Fou España hace tres años y me ha vuelto a hacer disfrutar este fin de semana. La función de El sueño de Toledo, que comenzó con un minuto de silencio en memoria de las víctimas del accidente ferroviario en la localidad toledana de Urda, fue espectacular. Desde mi última visita, el auditorio al aire libre ha crecido hasta las 7.000 plazas y también hay varios detalles aún más asombrosos que dejan con la boca abierta a los espectadores en la obra. Impresiona la representación de la historia de España desde Recaredo que ponen en pie más de 200 actores y actrices en un escenario gigantesco en el que no faltan juegos de luces, drones, caballos, fuegos artificiales, batallas, desfiles, bailes y hasta un barco, y no cualquier barco, que aparece de pronto de la nada. 

El espectáculo central de Puy fue Fou España, en el que se abordan sucesos históricos como la convivencia de las tres culturas bajo el reinado de Alfonso X el sabio, la reconquista, la llegada de Colón a América, el Siglo de Oro, la Guerra de la Independencia o la Guerra Civil, es la guinda perfecta a la vista al parque, que ofrece también más atracciones de día de las que disponía en mi anterior visita. Es cierto que la gran aglomeración de público obliga a guardar largas colas y a planificar con tiempo la visita, porque el aforo es limitado. Pudimos ver los espectáculos de A Pluma y Espada, en el que Lope de Vega es protagonista, y Allende la Mar Océana, que permite al visitante recrear la travesía de Colón y su tripulación rumbo a América. 

Puy du Fou España, en fin, ha superado con creces los retos no menores a los que se enfrentaba en su nacimiento. Además, cuenta con un espectáculo, El sueño de Toledo, que por dimensiones y ambición no tiene parangón en nuestro país. Sencillamente no hay nada igual en España. La historia, siempre tan sensible, que tanto se presta a batallitas y enfrentamientos, a molestar heridas reabiertas o mal cicatrizadas, es aquí la materia prima de un parque temático que completa la ya de por sí extensa e incomparable oferta turística de Toledo.

Queda, eso sí, otro reto no resuelto y otro debate legítimo, el de los excesos del turismo masivo, que no sólo afecta a Toledo; un problema al que todos los que viajamos contribuimos, y que tiene muy difícil solución. El impacto del turismo en las ciudades tiene una cara indudablemente positiva, en la generación de puestos de trabajo y de riqueza, pero también otra mucho más oscura, incluida la propia precariedad que con frecuencia tienen los empleos generados por la industria turística, o el aumento del precio del alquiler en las ciudades más tensionadas. Por no hablar, claro, del papel hegemónico del turismo en el modelo económico español, que es algo muy singular de la propia historia reciente de España que bien podría ser mencionado en el propio parque temático toledano, ya desde aquel Spain is different de Fraga como ministro franquista. Pero ésa es otra historia.  

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