El agente nocturno confirma en su tercera temporada que pertenece a la estirpe de 24 y Homeland. Como ellas, es una serie de acción adictiva sobre la lucha contra el terrorismo en la que abundan los topos, los agentes torturados entregados a su trabajo y siempre al borde del abismo, los giros de guión y también los gobernantes sospechosos y de moralidad dudosa. Podría sonar a fórmula manida mil veces vista, pero cuando se hacen bien, y El agente nocturno, que puede verse en Netflix, está muy bien hecha, este tipo de historias siguen resultando irresistible.
En la tercera temporada, nos encontramos a Peter Sutherland (Gabriel Basso) todavía dándole vueltas a lo que pasó en la temporada anterior, con sentimiento de culpa. Sigue intentado dar caza al misterioso y malvado intermediario que tanto le amargó en el pasado, al que interpreta Louis Herthum. El nuevo caso que tendrá que investigar surge cuando Jay, un analista perspicaz (Suraj Sharma) se dispone a filtrar informes confidenciales a Isabel de León (Génesis Rodríguez), una periodista rigurosa y ambiciosa. Es una trama en la que no cuesta encontrar ciertos paralelismos con casos reales. Por supuesto, nada es lo que parece y todo se enredará más y más.
Mientras Peter tiene poco tiempo para reflexionar sobre la importancia de encontrar un equilibro entre su trabajo y su vida personal, algo que se antoja más bien complicado con un empleo como el suyo, la verdad, la investigación terminará conduciendo a la Casa Blanca. Y aquí, de nuevo, es imposible no hallar ciertos ecos de la realidad política en Estados Unidos, que no lo pone fácil para sorprender a los espectadores de series de ficción. ¿Qué acción de un presidente estadounidense nos va a provocar asombro o estupefacción si vivimos en la era de Trump? En la serie tenemos al presidente Hagan (Ward Horton), un excombatiente joven y atractivo que forma una familia de anuncio con la primera dama (Jennifer Morrison) y tres o cuatro hijos. Al final de la segunda temporada se sugirió cierta relación entre la pareja presidencial y el villano de la serie, pero no está claro hasta dónde llega ese vínculo. Y de investigar ese posible nexo se encargará la agente del servicio secreto Chelsea (Fola Evans-Akingbola), a quien ya vimos en temporadas anteriores, y que aquí aparece preparando su futura boda, aunque no tendrá tampoco demasiado tiempo para ver flores o elegir música.
El elenco se completa con otros personajes nuevos que aportan más riqueza y complejidad a la historia. En especial, un asesino a sueldo que es a la vez padre amoroso (Stephen Moyer) de un niño adorable y muy inteligente (Callum Vinson), que ofrece varios de los mejores momentos de la serie y que es un personaje extraordinariamente bien construido, complejo, lleno de aristas. También es una gran incorporación la de David Lyons, que da vida a un nuevo agente que trabajará mano a mano con Peter.
La serie conserva su estructura de las temporadas anteriores, en las que cada capítulo comienza con flashback (a veces algo tramposos) que ahondan en el pasado de los personajes y termina con escenas que siempre dejan con ganas de más. Por supuesto, la intriga y la acción mandan. La información se va dosificando a cuentagotas. Hay sorpresas y giros de guión permanentes. Hay escenas de las que te dejan boquiabierto y, desde luego, música de esa que te acelera aún más las pulsaciones. Pero en medio de todo eso, la serie también lanza críticas a los políticos capaces de todo para alcanzar el poder (¿en quién estarían pensando?) o a las entidades financieras que miran para otro lado ante el blanqueo de dinero.
Tampoco faltan pullas sobre el funcionamiento del poder en Estados Unidos y sobre algunos de sus males de hoy, como cuando escuchamos a un personaje lleno de cinismo que “la verdad es sólo una opinión bien formada” o cuando un personaje, no menos cínico, matiza a otro cuando habla de un traficante de armas, afirmando que “si negocias con ellos son más bien luchadores por la libertad”. La financiación opaca de las campañas de los políticos estadounidenses y la necesidad de contar con un periodismo riguroso y serio que controle el poder también aparecen entre tiroteo y tiroteo. El agente nocturno ha confirmado ya una cuarta temporada, así que, afortunadamente, tenemos Peter Sutherland para rato.

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