Lo primero que hacemos muchos millones de personas al despertarnos por la mañana es encender la radio (o poner la radio en el móvil o en cualquier otro dispositivo, tanto da). Quizá por eso, el vínculo que establecemos los oyentes con la persona que está al otro lado de la radio sea tan estrecho. Como dice la gran Pepa Fernández, de hecho, más que oyentes somos escuchantes. Parafraseando su programa en Radio Nacional, ayer no fue un día cualquiera en la radio española, porque fue el primer día entre semana desde que se supo, el viernes pasado por la tarde, que Àngels Barceló dejará por decisión propia la Cadena SER a partir de la próxima temporada y que Carlos Alsina seguirá en Más de Uno, en Onda Cero, pero sólo en el segundo tramo.
Suele decir Carles Francino, y es verdad, que la radio no admite la impostura. Como afirma siempre Julia Otero, los oyentes, perdón, los escuchantes, conocemos muy bien a nuestros locutores preferidos. Sabemos a la perfección cuál es su estado de ánimo, qué piensan de un tema o de una situación generada en su programa, aunque sólo sea por su tono de voz. Son las horas compartidas. Quizá la radio nos fascina tanto precisamente por eso, porque es pura verdad y honestidad. Y también por eso el vínculo con las voces de la radio, esas que nos acompañan a diario, es incomparable con el de cualquier otro medio. Claro que de cuando en cuando en la televisión también se echa de menos a algún periodista o a este o aquel espacio, pero lo de la radio es diferente, al menos, para quienes amamos el medio. La radio es única.
Yo, que tantos años después todavía echo de menos las retransmisiones ciclistas de Javier Ares en Onda Cero, aunque las siga narrando en Eurosport, y que continuó sangrando por la herida de las salidas de Íñigo Alfonso de Las mañanas de RNE y de Laura Barrachina de El ojo crítico, entiendo bien el estado en el que se encontrarán estos días los fieles oyentes de Barceló y Alsina. Independientemente de los programas que escuchemos o la ideología que tengamos o dejemos de tener, más allá de las razones de estas despedidas, entre los apasionados de la radio nos entendemos y comprendemos bien que se echa mucho en falta a alguien que ha estado ahí puntualmente todos los días, a la misma hora, acompañándote en tus rutinas.
Cuando eso ocurre, aunque sea sólo por un cambio de franja horaria, aunque sea algo elegido por el locutor o la locutora, se vive una especie de orfandad radiofónica, se pasa en cierto sentido un duelo, exagerando un poquito, pero sólo un poco. Y que eso le pase a tantas personas de un modo especialmente intenso habla a las claras de lo que tiene la radio de medio único, el más cercano, el más honesto. Ese vínculo no tiene nada con ver con la idolatría, ni con pensar siempre lo mismo que el locutor o la locutora de turno, sólo faltaría. Es más, si siempre piensas lo mismo que alguien en todos los temas, todo el rato, igual te lo tienes que hacer mirar. Y si necesitas coincidir exactamente con la línea editorial de un programa de radio para disfrutar con él, quizá tienes un problema.
Ayer por la mañana, Alsina ofreció un extraordinario ejercicio de honestidad con sus oyentes. Cuando el viernes se conoció la noticia de que renovaba con Onda Cero, pero cedería el testigo del tramo informativo de las mañanas a Rafa Latorre, se dijo de todo en las redes sociales y en algunos medios digitales, desde una hipotética oferta millonaria de la SER hasta una supuesta represalia de Atresmedia por el supuesto giro hacia la izquierda del locutor. A veces las cosas son más simples. Y Alsina ayer habló a sus oyentes, más escuchantes que nunca, con claridad y de forma directa. A los que son fieles a él, de hecho, no les pilla de sorpresa que haya dado este paso tan inusual, cierto, pero que él lleva tiempo dejando caer siempre que ha tenido la ocasión.
De su impecable monólogo de ayer, me quedo con esa actitud abierta con los seguidores de su programa, sin rehuir ningún tema, hablando clarito, porque se le entendió todo, y también me quedo con el fondo de sus palabras. Porque, en efecto, una de las razones por las que se dispararon los rumores y las teorías de la conspiración es que vivimos en una sociedad en la que no se concibe que alguien que está en la cima decida dar un paso atrás para vivir mejor. A lo que estamos acostumbrados es a ver todo lo contrario, claro, personas que se aferran a posiciones de poder anteponiéndolas a todo lo demás. Es admirable, verdaderamente ejemplar, que Alsina, que puede hacerlo, decida madrugar menos, vivir mejor, quitarse cargas y pesos. Eso es tener claras las prioridades y entender de qué la vida.
Alsina también contó a sus escuchantes que en su primera conversación con el director general de Onda Cero planteó una retirada por completo, pero que lo terminó convenciendo de quedarse con el segundo tramo, el de entretenimiento. Y, finalmente, aceptó. Es otro ejemplo más, porque supone señalar lo tedioso y cansino del politiqueo que todo lo invade, para destacar el valor del humor, de la cultura, de todo eso que, por alguna extraña razón, se considera menos importante. También mostró su hartazgo con el empeño de situar a los periodistas y a las cadenas de radio ideológicamente, como si ése fuera el único parámetro válido para valorar a este medio, como si la gente necesitara una adscripción inequívoca con una ideología para escuchar a un locutor o a otro. Alsina, con buen criterio, tildó de gente aburrida a quienes todo lo ven a través del cristal de la política. Tristemente, cada vez parecen ser más.
Dejó varias perlas Alsina en su monólogo, que recomiendo escuchar entero. Se declaró gastado, reconoció que “cuando tienes 25 años te comes el mundo y cuando tienes 56 para 57, pues ya te conformas con que el mundo no te coma a ti”. También contó que, “en esencia, la radio es hacer compañía” y recordó, para quien quiera escucharlo, que los programas de radio no están “ni para justificar a quien gobierna ni para ayudar a que llegue al gobierno quien no ha sido capaz de hacerlo por su propio pie”.
Sin necesidad de compartir siempre sus reflexiones, incluso discrepando profundamente en algunos casos, nunca he dejado de valorar lo inmenso profesional de la radio que es Alsina. Ha hecho indudables aportaciones a este medio. Recuerdo algunas de sus entrevistas políticas, pero sobre todo algunas prodigiosas entrevistas del segundo tramo a actrices o escritores. También sus monólogos en la época del Covid-19 o el maravilloso tributo a la radio en aquel tiempo pandémico. Y, por supuesto, La Cultureta, a la que soy fiel casi desde sus inicios, y a cuyo décimo aniversario tuve el privilegio de asistir en vivo. En todos estos años de buena radio se ha ganado el privilegio de decidir cómo y cuánto sigue. No se va, seguiremos pudiendo disfrutar de todos esos contenidos considerados poco importantes, los que de verdad importan en realidad, aunque no siempre se valoren como debería.
Ayer también fue un día especial en la SER, porque fue el primero en el que Àngels Barceló se puso al frente del micrófono amarillo para presentar Hoy por hoy desde que se supo que a final de esta temporada abandonará el programa y la emisora. Se trata del programa más escuchado de la radio en España con 3.200.000 oyentes, según la última oleada del EGM. Es mucha gente que desde septiembre dejará de poder despertarse con ella y que aún no sabe quién la sustituirá.
En este caso, la salida parece más relacionada con una diferencia de criterios entre Barceló, que lleva más de dos décadas en la emisora, y los máximos directivos del grupo. Ella anunció el viernes pasado que no seguiría. Hoy, porque la radio no admite la impostura, porque es el medio más honesto y con un vínculo más directo con los escuchantes, ha sido un día raro en la SER y se ha notado. El número dos de Barceló, José Luis Sastre, ha tenido unas muy cariñosas palabras con ella en el mapa de sonidos, una de las más madrugadoras secciones del Hoy por hoy.
Sastre contó que el equipo del programa está triste, que no está bien, y agradeció a Barceló que haya dado confianza a todos ellos. También ha mostrado su orgullo por haber podido hacer a su lado “un programa coral, exigente, respetuoso, empático y plural”, que aplica el mejor periodismo, el que ella les enseña y exige. Después, en la sección de Bob Pop en el que entraron las llamadas de los oyentes, varios han mostrado su cariño a Barceló. Son más de dos décadas en la emisora, es mucho tiempo acompañando día a día en distintos tramos horarios a muchas personas.
Ya por la tarde, en La Ventana, Carles Francino ha hecho honor a su afirmación tan certera de que la radio no admite la impostura. Ha hablado claro para reconocer que hoy es un día triste en la SER, que Barceló se marcha de la emisora por discrepancias profesionales y que no es buena noticia que se cierre así una etapa de 21 años de la periodista en la cadena de radio. La radio, ese medio, en fin, que sentimos tan propio, cuyas voces forman parte de la familia. Este terremoto en las mañanas radiofónicas vuelve a recordarnos lo importante que es este medio para tantos millones de personas.


Comentarios