Fly me to the moon

 

Antes o después, con un enfoque u otro, se hará una película sobre la misión Artemis 2. O más de una. La fascinación por todo lo que tiene que ver con el espacio así permite augurarlo. Y así ocurrió, desde luego, con la misión del Apolo 11 en 1969, cuando por primera y, hasta ahora, única vez en la historia, el ser humano pisó la luna. Son innumerables las referencias cinematográficas a aquella misión espacial. Quizá la última, la más reciente, es Fly me to the moon, que puede verse en Apple TV o, con pago adicional, en Prime Video

Es una película muy entretenida. Dirigida por Greg Berlanti, quien firmó también la muy valiosa Con amor, Simon, que fue la primera comedia romántica de instituto de un gran estudio con un protagonista gay, Fly me to the moon es, en efecto, una comedia romántica peculiar en un contexto de lo más especial. Y espacial, con perdón. Es la historia llena de obstáculos entre Kelly Jones (Scarlet Johansson), una experta de marketing llamada por la NASA para combatir la mala prensa de las costosas y no siempre exitosas misiones espaciales, y Cole Davis (Channing Tatum), un muy serio y atormentado director de la misión. 

La película funciona, en un primer plano, como la clásica simpática comedia romántica de dos polos opuestos que se atraen. Se enervan, se llevan la contraria, a él no le gusta ninguna de las ideas geniales de ella, muchas de las cuales pasan por falsear la realidad o directamente por mentir, mientras que él es muy riguroso y se toma muy en serio el trabajo que están haciendo. Pero, claro, como manda el género, se terminan atrayendo y una cosa lleva a la otra. Como comedia romántica, es cuca, mona, ofrece lo que se espera de ella, con buena banda sonora, escenas bonitas y el desarrollo esperable de la relación. La película alcanza otro vuelo por el contexto en en que se desarrolla y por jugar con algunas de las teorías conspirativas de quienes creen que nunca llegamos a la luna o, al menos, que las imágenes que vimos no eran reales, que todo era fake y se rodó en un estudio. 

Los paralelismos entre aquella misión Apolo y la de Artemis, de la que tanto hemos hablado últimamente, son múltiples. Entonces la opinión pública está centrada en la guerra de Vietnam y, ahora, en la de Irán. También entonces había muchas personas que defendían que ese dineral que costaban las misiones espaciales se debía destinar a otras cuestiones. Y también entonces, y aquí es donde la película es más juguetona, hay una gigantesca campaña de marketing para hacer aún más molona y atractiva la actividad de la NASA.  

El personaje Scarlet Johansson, que firma una interpretación magistral, por cierto, es el más rico de la película, el que tiene más interés. Porque ella es una gran experta del marketing, acostumbrada a vender lo que haga falta, empleando el recurso que sea necesario, sin escrúpulos ni temor alguno incluso a mentir. Es una abanderada de esta tan insoportable y extendida impostura contemporánea, de venderlo todo, de entender a todo el mundo alrededor como clientes y de convertirlo todo en marcas y en experiencias que pueden ser compradas. En la película, ella es contratada para que la opinión pública sea más partidaria de la misión de Apolo 11. Y empieza a proponer ideas como hacer entrevistas personales a empleados de la NASA, incluir patrocinios de marcas (lo del bote de Nutella en el espacio estaba ya muy inventado) o llevar una cámara de televisión a la nave para que la gente pueda ver la misión. 

La película juega, claro, con esa teoría conspirativa no generalizada, por supuesto, pero con no pocos apoyos, que sostiene que en realidad nunca se llegó a la luna, que esas imágenes que vimos no parecían reales, que debían de haber sido rodadas en un set. El filme retrata bien la presión que sintió la NASA y el gobierno estadounidense para poder enviar al ser humano a la Luna antes de que terminar la década de los 60, como prometió Kennedy, y, sobre todo, antes que la Unión Soviética, por la carrera espacial entre las dos potencias en medio de la Guerra Fría. Y, bajo ese envoltorio de comedia romántica y de humor, con escenas repelente hilarantes, la película capta bien el sentir de aquella época, todo lo que rodeó a la misión Apolo 11. Fly me to the moon, en fin, es una historia de ficción, una muy entretenida película que algunos seguro que querrán ver como una suerte de documental, casi, pero que permitirá pasar un buen rato a todos, escépticos o no. 

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