Y Luis Zahera llegó a Clanes. Netflix estrenó recientemente la segunda temporada de esta serie sobre narcotráfico en Galicia, que comienza años después del final de la primera tanda de episodios. La serie mantiene buena parte de su elenco, con Clara Lago, Tamar Novas, Miguel De Lira, Xosé A. Touriñán, Chechu Salgado, María Pujalte y Nuno Gallego, entre otros. Sus interpretaciones vuelven a ser de lo mejor de la serie. Pero es que Luis Zahera es mucho Luis Zahera y su personaje, tan magistralmente interpretado como acostumbra, esta vez en un registro diferente al que nos tiene acostumbrados, revoluciona la historia.
Comienza la segunda temporada, que consta de seis episodios, con Ana (Clara Lago) viviendo en Dublín con su madre y su hija. Allí busca escapar de las posibles represalias de los narcos, que sospechan de ella después del final de la temporada anterior. Cuando se percata de que la han descubierto, toma una decisión que desencadenará toda la trama principal de la continuación de la serie. Es una decisión que sigue un poco la línea de falta de verosimilitud que ya fue el punto débil de Clanes en la temporada anterior. Pero también mantiene su principal virtud, que resulta una serie trepidante.
Además de la decisión de Ana que le hace volver a entrar en acción y regresar a Cambados, también Daniel (Tamar Novas) se enfrenta a un momento de cambio en su vida, exigen salido de la cárcel. Intentará volver a encontrar a Ana, la abogada que llegó a Galicia para intentar vengarse por la muerte de su padre, con la que termina viviendo una improbable y apasionada historia de amor en la temporada anterior. Quiere romper con sus actividades delictivas, pero la familia le tira mucho. Todo ello, además, mientras intentan evitar consecuencias legales del juicio aún pendiente, en el que declara el ahijado de Daniel (Nuno Gallego), que se muestra decidió a contar la verdad aunque eso perjudique a su familia.
Todos los personajes, en fin, arrastran las consecuencias de lo visto en la temporada anterior. Y, de repente, ya digo, llega el personaje de Luis Zahera, conocido como Paco, el curilla, por su forma pausada y ceremoniosa de hablar. Juega al dominó con el patriarca del clan de los Padin (Miguel de Lira) y visita a diario a su padre enfermo en la residencia de ancianos en la que vive. Aparenta ser un señor entrañable y tranquilo, pero se dedica al mismo negocio delictivo que los Padin. Y quiere quitarles el negocio.
Por cierto, la serie también muestra algo que se ha visto ya antes en otras producciones y que, a poco que esté basado en la realidad, resulta bastante inquietante, y es la falta de coordinación e incluso los recelos y la desconfianza entre la policía y la Guardia Civil, que están en operaciones simultáneas de las que nada saben. En teoría, todos persiguen a los malos y buscan echar abajo las redes de narcotráfico, pero al no coordinarse, terminan en ocasiones perjudicando sus respectivas investigaciones.
En la segunda temporada de Clanes, que aún no se sabe si será la última o no, porque Netflix todavía no ha confirmado su renovación, se sigue combinando la historia sentimental entre Ana y Daniel con las decisiones a las que se ven forzados a tomar ambos para intentar huir hacia adelante y, por supuesto, con la acción trepidante que se prolonga a lo largo de los seis capítulos. En el último se acelera quizá un poco de más la trama. A veces no es del todo verosímil lo que sucede, pero, de nuevo, igual que en la temporada anterior, la serie es efectiva y consigue exactamente lo que busca, resultar adictiva. Eso y Luis Zahera, por supuesto.

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