Tras las huellas leonesas de Gaudí

 

Este 2026 se conmemora el primer centenario de la muerte de Gaudí. La efeméride no pasará desapercibida, hasta el punto de que las fechas de la esperada visita del papa León XIV a España han estado condicionadas por ello, ya que el sumo pontífice consagrará la Sagrada Familia, obra magna de Gaudí, el 10 de junio, el día del fallecimiento del genial arquitecto. Naturalmente, Cataluña centrará buena parte de las miradas en este centenario, porque allí se encuentran la mayoría de las obras de Gaudí, pero su legado se extiende también a Comillas, en Cantabria, y a León y Astorga, donde hace unos días pude visitar la leonesa Casa Botines y el astorgano Palacio Episcopal diseñado por Gaudí. Así que en este año del centenario de Gaudí, las huellas leonesas del genio también merecen una visita. 

Ambos proyectos recibieron no pocas críticas en aquella época y hoy son unánimemente ensalzados y admirados, lo cual habla del carácter visionario de Gaudí, incomprendido en su época. Nada distinto a lo que ocurrió con otros proyectos del arquitecto como La Pedrera, cuyo nombre oficial no es en realidad ese, pero que paso a ser conocida por ese mote despectivo puesto por los barceloneses de la época a la Casa Milà. Qué decir de la catarata de ataques a la Sagrada Familia, su más imponente proyecto, aún inacabado. 



La Casa Botines, que ya pude visitar en 2017, unos pocos meses después de que fuera abierta al público, es uno de los más asombrosos edificios de León. El edificio, gestionado por la Fundación Obra Social de Castilla y León (Fundos), está inmerso en un ambicioso proyecto que coincide el centenario de Gaudí y que permitirá que el museo cuente con más espacio expositivo. El proyecto cuenta con una inversión de ocho millones de euros y, tras la finalización de las obras, la Casa Botines ofrecerá aún más alicientes al visitante, como la colección privada más importante de piezas originales de Gaudí, que formará parte de la nueva exposición permanente.

La Casa Botines fue en su momento un prodigio. De hecho, los leoneses de la época estaban convencidos de que se iba a hundir, porque se alza sobre lo que era una laguna. El ingenio de Gaudí permitió no sólo que el edificio no se hundiera, claro, sino que combinara con asombrosa maestría una belleza deslumbrante de aires medievales con la funcionalidad, ya que desde sus comienzos fue ideado como edificio de viviendas. Fue construido, además, en apenas diez meses .La planta baja se destinó a una tienda de telas, en origen, y después fue durante años la sede de Caja España. 

El edificio, de planta irregular y con forma piramidal, está llena de trampas y engaños visuales, muy del gusto de Gaudí. Fue un proyecto encargado por los empresarios leoneses del textil Simón Fernández Fernández y Mariano Andrés González Luna, que eran representantes en León del Banco Hispano-Colonial de Barcelon y tenían relación con Eusebio Güell, amigo y mecenas de Gaudí. El Museo ofrece varias visitas guiadas al día que permiten conocer la historia del edificio y su singular estructura, con no pocas referencias a la historia de San Jorge y el dragón



Además del propio edificio, que es el gran aliciente por sí mismo de la visita, la Casa Botines también acoge exposiciones muy interesantes con obras como los caprichos de Goya o una muy curiosa serie de Dalí sobre la Divina Comedia. El espacio expositivo del museo aumentará tras su actual reforma, pero ya es muy valiosa y diversa la colección permanente que alberga. 


La otra huella leonesa de Gaudí es el impresionante Palacio Episcopal de Astorga, que parece un edificio de fantasía, más de cuento que real, como es habitual en los trabajos de Gaudí. Este edificio fue un encargo al genial arquitecto catalán de Juan Grau, obispo de Astorga y amigo del genial arquitecto catalán. Tampoco fue fácil en este caso y también este singular edificio fue diana de multitud de críticas por lo original de su propuesta. 

En el Palacio se exponen vídeos explicativos sobre el proyecto y también materiales y objetos originales como una carta manuscrita del propio Gaudí en el que el arquitecto renuncia al proyecto después de la muerte del obispo Grau en 1893. A partir de entonces, el proyecto quedó paralizado durante mucho tiempo y no se concluyó hasta 20 años después, bajo la dirección de Ricardo García Guereta.

Las ingeniosas soluciones arquitectónicas de Gaudí, su inspiración en la naturaleza y su eclecticismo están presentes en el Palacio, cuya estructura se aprecia con claridad en el sótano, que acogió hace años el Museo Epigráfico, y que sigue exponiendo restos arqueológicos de la historia de esta ciudad, con orígenes romanos. En su última planta, por cierto, ofrece la posibilidad de ver el edificio y su historia con otros hijos gracias a la realidad virtual. Me suelen espantar bastante estas cosas, pero aquí lo disfruté mucho y creo que aporta una mirada diferente sin desbaratar lo importante de verdad, que es el edifico en sí, su asombrosa arquitectura y sus distintas estancias. 


Si, como dijo Gaudí, la belleza es el resplandor de la verdad, en ningún lugar del Palacio Episcopal de Astorga resplandece más la verdad que en su capilla, que es fascinante. Los murales de Fernando de Villodas y Revillas, que simulan ser tapices flamencos y de los que es imposible apartar la vista; las vidrieras de Joseph y Henri Maumejean, cuyo taller de vidrieras definió el historiador Víctor Nieto Alcaide como el más importante en España el el siglo XX, su imponente retablo… Es de los lugares de una belleza más apabullante que recuerdo haber visto. Como se lee en uno de los rótulos del museo, una especie de catedral en miniatura. 

Este Año Gaudí, en fin, es una excusa perfecta para visitar León y Astorga, que entre sus múltiples atractivos incluye estas dos obras maestras del legado del genio catalán que murió hace un siglo arrollado por un tranvía en Barcelona y cuyas obras, tan discutidas en su tiempo, son hoy admiradas por personas de todo el mundo, porque el tiempo termina poniendo todo en su sitio y el arte y la belleza se acaban imponiendo. 

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