Los baños en el mar, los helados, las vacaciones, el ambiente más relajado de las grandes ciudades, el salmorejo, las fiestas populares, las piscinas, las bebidas fresquitas, las ilusiones fugaces, las hogueras de San Juan, las verbenas… El verano tiene múltiples encantos, calor asfixiante al margen, pero los más irresistibles son todos los planes de cultura al aire libre que nos ofrece esta época del año. Y, entre ellos, tengo un cariño especial por el cine de verano del Institut Français de Madrid.
Es un plan insuperable. Cena en el paradisíaco patio del Café del Institut (esa tabla de quesos, esos macarons y, sobre todo, esa quiche cuyo sabor, cual magdalena de Proust me retrotrae a tiempos felices en el descanso de los cursos de francés que estudié en el Institut) como maravillosa antesala al cine al aire libre en el patio alto. El viernes pasado fue el turno de Monsieur Aznavour, la película dirigida por Mehdi Idir y Grand Corps Malade (alias de Fabien Marsaud) sobre el mítico Charles Aznavour, una de las mayores leyendas de la cultura francesa de todos los tiempos.
Como todos película biografía (biopic), esta película, que fue muy exitosa en taquilla en Francia, se enfrenta a tres grandes retos: no caer en la caricatura del personaje (a veces naufragan estas películas por querer parecerse demasiado, algo que termina haciendo que el filme pierda el alma, que no puedas ver nada más que los esfuerzos por imitar y no encarnar), no querer contarlo absolutamente todo de la vida del personaje (porque existe el riesgo de que la producción sea una simple sucesión de hitos, personas famosas y acontecimientos, sin fondo ni personalidad) y no ser una hagiografía (porque lo que se quiere es conocer la vida de ese personaje público, la persona detrás del famoso, su intrahistoria, y no una película que se dedique sólo a ensalzarlo, obviando los pasajes más oscuros de su biografía).
Diría que la película, que disfruté mucho, esquiva bastante bien los tres riesgos. Desde luego, no es una hagiografía de Aznavour. Muestra también sus infidelidades, su ambición, las rupturas con personas queridas, el modo de anteponer su éxito como cantante a todo lo demás o el hecho de que fue un padre ausente para sus hijos. Se escuchan muchas de las más míticas canciones del genial artista y se ve su crecimiento profesional y su empeño por ser una estrella, se aprecia su enorme talento, su esfuerzo por triunfar pese a no tener muy buenas cartas (refugiado, más bien bajito, con voz rota…), pero no se esconden en ningún momento los pasajes menos amables de uno de los grandes mitos de la cultura francesa.
Respecto al riesgo de que la película quiera ser demasiado exhaustiva, sin dejarse nada de nada por contar, el filme opta por un estilo más convencional, más clásico, al mostrar la vida de Aznavour desde su infancia como hijo de refugiado armenio hasta su muerte en la cima, con 95 años, tras triunfar en Francia y en todo el mundo. La tendencia de los biopics musicales, y no sólo musicales, de estos últimos años va más en la línea de centrarse en episodios concretos de la vida del personaje, más que en intentar mostrar toda su existencia, de inicio a fin. Es un enfoque inteligente y acertado, porque se prefiere aportar profundidad y hondura al personaje situado en uno o varios momentos decisivos de su vida, antes que pretender reflejar su vida entera. Monsieur Aznavour es un biopic más clásico, pero se toma su tiempo para contar el ascenso a la gloria del cantante, sólo hay algunos pasajes que parecen algo atropellados o que habrían requerido más tiempo o más detalle, algún personaje que sólo circula por ahí.
El tercer riesgo, el de convertirse en una caricatura de Aznavour, lo esquiva con maestría la soberbia interpretación de Tahar Rahim. Es Aznavour, no es un actor que lo imita. Capta bien la forma de andar y de hablar del cantante franco-armenio, también su singular estilo encima del escenario. Interpretar a una leyenda francesa en una película así es un reto mayúsculo que el actor supera con nota.
La película, en la que las canciones de Aznavour, por supuesto, están muy presentes, también refleja el papel de Édith Piaf en la vida del cantante. Y, de nuevo, no se cae en la hagiografía ni se ocultan sus actitudes menos amables. Pero también se percibe su carisma y talento.
Monsieur Aznavour retrata, en fin, la vida de este artista que tanto hizo y hace disfrutar a millones de personas en todo el mundo, y que quizá nunca fue feliz del todo, porque siempre quiso más, y nunca dejó de ser del todo ese niño refugiado que huyó con su familia de su país hacia Francia. Habla mucho y bien de Francia que muchos de los grandes mitos de su cultura no hayan nacido en Francia, pero sean a todos los efectos los símbolos del país en el mundo, aunque tristemente eso no libra al país de los bajos instintos xenófobos y del identitarismo radical.

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