A las ocho y cinco minutos de la tarde comenzó ayer en el Teatro Falla la gran final de agrupaciones del Carnaval de Cádiz. Casi doce horas después, ya en la mañana del sábado, concluyó esta fiesta grande del ingenio gaditano, que un año más volvió a regalarnos una asombrosa sucesión de tangos, cuplés, popurrís y pasodobles. Como siempre, versos que combinaron la crítica social, la ternura, el amor por la ciudad de Cádiz, el humor y mucho, mucho talento en lo que se conoce en la tacita de plata como la auténtica Nochevieja gaditana, la de cada viernes de carnaval.
La noticia este año es que, por primera vez en la historia, una agrupación de fuera de Cádiz, concretamente de Sevilla, ha ganado en la categoría de chirigotas. Lo logró la chirigota de Antonio Álvarez 'Bizcocho' y Pablo de la Prida, Sshhhh, que partía como una de las favoritas y que se terminó imponiendo en su categoría. Con una puesta en escena muy sevillana y semanasantera, convenció al jurado y también al público.
En la categoría de comparsas se dio un duelo entre dos de los grandes autores contemporáneos del Carnaval, en ausencia del Selu: Jesús Bienvenido, al frente de la comparsa DSAS3, que cerró la final, y Antonio Martínez Ares con Los humanos, de Antonio Martínez Ares. El primer puesto para DSAS3, centrado en una contundente y combativa defensa de la sanidad pública. También Los humanos, que terminó en segunda posición, incluyó no pocas menciones a la crisis de la cribados de cáncer de mama en Andalucía. Fue una agrupación de mucho nivel, que se presentó con unos tipos (como se llaman los disfraces en el carnaval de Cádiz) preciosos, a los que no le faltaba detalles, incluidos algunos versos de Machado. Incluyó letras muy ceiticas contra el auge de la extrema derecha. También sobre Ayuso y sobre el rey emérito (“cómprese un trono de oro y una tumba en el desierto”), entre otros temas.
Las otras dos agrupaciones vendedoras anoche fueron el coro El sindicato, de Julio Pardo, Rivas y el Canijo, que abrió la final y que incluyó un momento bellísimo en defensa del tanguillo gaditano, y el cuarteto ¡Que no vengan!, de Miguel Moreno y la dirección de Ángel Gago.
Las letras tuvieron muchas referencias a la ciudad y a la propia historia del Carnaval. Por supuesto, también al equipo de fútbol de la ciudad, siempre con mucha guasa y mucha conciencia social sobre todo tipo de temas. Se habló de todo: del respeto debido de las personas mayores (“no se puede jubilar la sabiduría”), del racismo, del turismo y sus excesos, de la moda de echarle pistacho a todo (de la que estoy muy a favor, también tengo que decirlo), de la adicción al móvil, de la escena de los cuernos en un concierto de Coldplay, de la polarización, de la ruptura de Andy y Lucas. También, por cierto, hubo algunas críticas al gobierno central, para quien le den sarpullidos lo que le suena a izquierdista.
Como cada año, la originalidad se dispara en los popurrís, en los que las agrupaciones cambian las letras de canciones populares. El público, siempre cómplice, no para de aplaudir y de hacer guiños a los participantes de cada agrupación. Hay polémicas y críticas al jurado. Todo cabe en el Carnaval, paraíso de la libertad, no apto para gentes con la piel fina, cojeen de un pie o de otro. En estos tiempos de tanto odio, tanto bulo, tanta literalidad que nos devora y tanta polémica artificial cada cinco minutos, el Carnaval gaditano sigue siendo un oasis. No hace falta que todas las bromas le hagan gracia a uno para que defienda el sacrosanto derecho a hacerlas, a jugar con fuego, a arriesgar, a reírse de todo y de todos, a disparar a diestro y siniestro.
También es un clásico que haya piques entre las agrupaciones y algún que otro ajuste de cuentas, pero siempre con gracia y en verso. Ayer, por ejemplo, el Yuyu, José Guerrero Roldán, se defendió de las críticas recibidas por presentar el libro del presidente andaluz, Moreno Bonilla, que ayer fue dardo de muchas críticas por el estado de la sanidad en la región. Y ahí, exactamente ahí, en esa diversidad y en esa celebración de la libertad, reside exactamente el encanto del Carnaval. Que en el mismo escenario, con pocos minutos de diferencia, pueda alguien defender una cosa y la contraria. De eso va la fiesta grande de la tacita de plata.
Año tras año, febrero tras febrero, es fascinante contemplar la enorme concentración de talento en Cádiz. Estos son los artículos de las finales de anteriores compartidos en el blog:
Continuará.

Comentarios