Un verano para no olvidar

Hace ya tiempo que el verano dejó de ser esa época del año en la que apenas ocurría nada informativamente relevante y a los medios les costaba un enorme esfuerzo sacar noticias de debajo de las piedras para rellenar. Esos tiempos de las serpientes de verano, temas más o menos intrascendentes que ocupaban más espacio del que merecían. Aquello quedó en el pasado, ya hace tiempo que el verano dejó de ser un páramo informativo, pero lo de este verano ha sido demasiado. Incluso diría que muchas de las noticias más relevantes y de más impacto y largo alcance de 2026 han ocurrido en esos meses de holganza, chiringuito y piscina

Aunque el verano aún no ha terminado, la llegada de septiembre es sinónimo de nuevos comienzos. De alguna forma, el 1 de septiembre empieza de verdad el año. Desde luego, este verano de 2026, que va camino de ser el más cálido desde que hay registros, ha sido el verano de los incendios, las olas de calor y la severa sequía en toda Europa. Si no fuera porque sabemos bien de la capacidad del ser humano de olvidarse de los problemas más serios de fondo para centrarse en disputas menores y frivolidades de todo tipo, se diría que este verano debería suponer un punto de inflexión en la lucha contra el cambio climático. 

Por supuesto, sigue haciendo gente empeñada en decir que en verano siempre ha hecho calor y que esto del cambio climático es un invento. Allá ellos. La realidad es tozuda. Los incendios devastadores han recorrido Europa. Es un fenómeno multifactorial, por supuesto, relacionado también con el abandono del campo y del medio rural, pero es incuestionable que las sucesivas olas de calor y las condiciones climatológicas tan adversas incrementan el problema. A esto se suma el exceso de mortalidad a causa del calor, que las autoridades estiman en 14.000 personas sólo en Alemania y en cerca de 4.500 en España. En países como Alemania, Bélgica, Francia o Suiza no recuerdan un verano tan caluroso. 

También hemos visto imágenes inauditas como la del Danubio o el Rin sin apenas caudal en muchos tramos, hasta el punto de que se han tenido que suspender rutas fluviales de recreo y travesías comerciales, o estampas como pastos completamente secos en el Reino Unido, donde la lluvia, hasta hace no tanto sempiterna, se resiste. Esto tiene impacto en las vidas humanas, pero también en la actividad económica. En algunos países europeos poco acostumbrados a estas temperaturas se ha abierto el debate de cómo actuar ante un fenómeno tan devastador e imparable como el del cambio climático. Son países que en muchos casos no están preparados para soportar temperaturas así, empezando por la falta de climatización de sus escuelas o transportes públicos. En otros países muy dependientes del turismo, como España, las temperaturas extremas pueden empezar a desincentivar a veraneantes a elegir las zonas más calurosas, con el consiguiente impacto económico. El cambio climático, en fin, es nuestro gran reto de futuro como sociedad. Ojalá con la llegada del frescor otoñal no se nos olvide. 

Naturalmente, este verano de 2026 también será recordado por la llegada masiva de personas en situación irregular procedentes de Marruecos a Ceuta, en la que murieron más de 100 personas a ambos lados de la frontera. Debería ser compatible criticar la inhumana forma de jugar con la vida de sus ciudadanos con fines políticos del régimen marroquí, censurar el repugnante uso de la violencia por parte de manifestantes contra las personas inmigrantes que subsisten como pueden en la playa, estar en contra de los ataques a los militares de algunas de estas personas en situación irregular, pedir una atención digna a estas personas que sufren una dramática crisis humanitaria, cuestionar la lentitud del gobierno central y hasta la risa condescendiente y la actitud algo chulesca de algunos ministros, comprender la inquietud de muchos vecinos ceutíes ante la situación y repudiar a la vez los repugnantes discursos racistas jaleados por partidos políticos que aspiran a gobernar el país y que piden que se incumpla la ley, por ejemplo, expulsando directamente a los menores. Todo esto es compatible. Entender que haya vecinos de Ceuta preocupados no debe llevar a abrazar discursos racistas. Criticar la falta de medios evidente en la atención a esta crisis no puede obviar el hecho de que la desigualdad extrema entre África y Europa es la causa de fondo de la inmigración. 

Es una crisis compleja, sin duda, pero me repugna hasta el vómito todo planteamiento que no incluya una mirada mínimamente humana hacia estas personas. Las autoridades deben ofrecer una solución. Sin ninguna duda. Pero estamos hablando de personas, de seres humanos, que merecen un trato digno. Y hay leyes, también, que se deben respetar, y ante las que que nadie debería tener la tentación de hacer la vista gorda. Parece evidente que esta crisis, y la mejorable respuesta del gobierno central a la misma, alentará aún más el voto a partidos que defienden posturas xenófobas extremas que buscan deteriorar la convivencia y decirle a las personas con problemas económicos que la causa de sus males no es un sistema injusto y desigual, sino que son otras personas aún más pobres y aún con más dificultades que ellos. Tristemente, mucha gente compra ese discurso de odio. 

Este verano también nos ha vuelto a mostrar la sistemática violación de los Derechos Humanos del gobierno israelí, con Netanyahu más centrado en las próximas elecciones que en la búsqueda de un real acuerdo de paz, entre otras razones, porque necesita seguir en el poder ante el complejo horizonte judicial al que se enfrenta, con escándalos de corrupción de todo tipo. También Rusia ha seguido bombardeando Ucrania, donde un influyente ministro destituido por Zelenski, por cierto, ha pedido la celebración de elecciones, pospuestas sine die por la guerra de invasión rusa, lo que hasta ahora era un tabú en el país. Mientras tanto, Trump ha seguido diciendo una cosa y la contraria sobre Irán, para intentar ocultar su cada vez más evidente derrota en la guerra contra aquel país que él mismo comenzó

También desde Estados Unidos, que el próximo 3 de noviembre celebrará unas elecciones de mitad de mandado que pintan muy feas para Trump, llega otra de las noticias más relevantes del verano, aunque todavía no ha pasado del todo la frontera que separa los medios económicos de los generalistas. La crisis de deuda en aquel país, que ha superado los 40 billones de dólares, y con el interés que exigen los inversores al Tesoro estadounidense para financiarse disparándose, tiene un potencial efecto muy, muy negativo sobre los mercados y la economía de todo el mundo. Es una crisis a seguir muy de cerca. 


El verano no sólo ha dejado malas noticias, aunque lo pueda parecer. El 19 de julio, una oleada de alegría y júbilo recorrió toda España gracias a la victoria de la selección española masculina en la final del Mundial de fútbol ante Argentina. La segunda estrella, tras la conseguida en 2010. Una victoria asentada en la fuerza del equipo, del grupo dirigido por Luis de la Fuente, en el que el conjunto es más que la suma de las partes. 

La victoria en el Mundial fue una alegría colectiva de esas que siempre vienen bien, un poco igual que el eclipse solar total del 12 de agosto. Muchos millones de personas lo disfrutamos y nos unimos a ese singular y fascinante fenómeno astronómico, que por azar cayó en España más de un siglo después. Fue precioso y seguro que despertará más interés por la astronomía e incluso nuevas vocaciones. 

La inmensa mayoría de la gente lo disfrutó, aunque el eclipse también fue un curioso fenómeno sociológico. Hubo una minoría de personas que no salió a la calle por miedo, y el miedo siempre es respetable, y otra minoría, ésta ya con ideas mucho menos respetables, que se entregó a la conspiranoia, con planteamientos que iban desde el negacionismo no se sabe exactamente de qué hasta quienes decían que todo era una cortina de humo del gobierno, como si tuviera el poder de alinear el sol, la luna y la tierra a conveniencia. También dieron cierta grima quienes decidieron no ver el eclipse, algo perfectamente respetable, y se dedicaron a alardear de ello por todas partes, para resaltar lo especiales que eran, para mostrar que ellos iban a contracorriente y ya de paso para pedir casito (¿todo bien en casa?). Definitivamente, hay gente para todo. 



 Este verano también ha sido en el que se han cumplido 90 años del asesinato de Federico García Lorca. El poeta y dramaturgo granadino ha sido recordado en toda clase de homenajes y artículos que resaltan la extraordinaria vigencia de su obra. La sinrazón y el odio acabó con su vida y nos hurtó de una inimaginable cantidad de nuevas creaciones lorquianas, pero el poeta sigue vivo en el recuerdo y la admiración que despierta en personas de todas las generaciones

Seguiremos leyendo a Lorca y seguiremos también viendo las películas y obras teatrales y leyendo los libros sobre su figura. De hecho, el estreno más esperado de la temporada por muchos es el de La bola negra, la película basada en una obra inconclusa de Lorca con la que los Javis ganaron el premio a la mejor dirección en el festival de Cannes. Será el 25 de septiembre. 

Este mes también es sinónimo de rentrée literaria, con nuevas obras que llegarán a más librerías estas próximas semanas. La cultura, que en verano toma las calles y nos enamora bajo las estrellas, seguirá siendo, da igual la época del año en la que nos encontremos, lo mejor de la vida, lo que más necesitamos. En parte, para olvidarnos un rato de todas esas noticias grises con las que empezaba el artículo. También en parte para entenderlas mejor. Vamos a por septiembre. Feliz año nuevo. 

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