El ser querido

 

El cine no es una ciencia exacta. Como cualquier creación artística, de hecho, es todo lo contrario a una ciencia exacta. Por eso, hay películas que parecen tenerlo todo para funcionar y no lo logran, y otras que conmueven y triunfan sin que sepamos explicar bien por qué. Siempre hay algo caprichoso y misterioso. El cine no es una ciencia exacta, no hay una fórmula mágica del éxito, pero a veces cuando se concentra mucho talento el resultado es, en efecto, excelente. Es lo que sucede con El ser querido, la última película de Rodrigo Sorogoyen

El guion es el arco de bóveda de toda buena historia y lo firman Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, toda una garantía, tal vez la dupla de guionistas que de un modo más recurrente y continuado han ofrecido grandes guiones en los últimos años. Su trayectoria es apabullante, ya que juntos han escrito las películas Stockholm, Que Dios nos perdone, El reino, Madre y As Bestas, y la serie Antidisturbios. En El ser quiero vuelven a brindar un guión extraordinario e inteligente en el que importa tanto lo que se dice como lo que se sugiera, los diálogos siempre preciosos como los pequeños gestos. Es muy difícil contar mejor una historia. 

El talento llega también de la mano del elenco. Javier Bardem vuelve a demostrar por qué es uno de los mejores actores del mundo, dando vida a un dictador de cine encumbrado que vuelve a España después de muchos años y que se dispone a rodar una película ambientada en el Sáhara. En ella quiere contar con su hija, una actriz que no ha tenido éxito y a la que llega años sin ver, con la que apenas mantiene relación, interpretada por la sensacional Victoria Luengo, quien ya trabajó con Sorogoyen en Antidisturbios, y que aquí firma un trabajo soberbio. Ver a los dos dando vida a ese padre y esa hija que trabajan juntos mientras intentan lidiar con lo vivido entre ellos, que nunca se explicita del todo, es apasionante. Deslumbran sus interpretaciones, apoyadas también por el buen elenco de secundarios como Raúl Arévalo, Marina Föis, Raúl Prieto, Pepa Gracia, Melina Matthews o Pablo Gómez-Pando, entre otros. 

La primera secuencia, quizá la más comentada, es de una intensidad narrativa y de una verdad muy poco comunes en el cine. Es un comienzo tan, tan impresionante que existe el riesgo de que lo que llegue después decepcione de alguna manera, pero es un riesgo perfectamente conjurado por un guión preciso que va dosificando otras escenas igualmente memorables para mostrar la relación entre el padre, en gran medida, incapaz de reconocer sus errores y compartir sus sentimientos, pero con ánimo de enmendarse, y la hija, que se siente abandonada por su progenitor, que alberga mucho dolor.

El ser querido forma parte del género de cine dentro del cine. Asistimos al rodaje de una película ambientada en el Sáhara en la época colonial española, lo que permite ofrecer un paralelismo entre el abandono de ese pueblo y el abandono de la hija que lleva años sin ver a su padre, que se volatilizó cuando ella era niña. También los sitúa a ambos en un contexto muy determinado, porque en un rodaje el director es quien manda, la jerarquía está clara, y también hay momentos de tensión, discrepancias y dudas, por lo que eso permite poner a prueba hasta qué punto ese hombre ha cambiado o no.  

La película reflexiona sobre la obsesión con el trabajo, algo especialmente frecuente en trabajos creativos como el cine. Ese hombre parece hacer antepuesto siempre sus películas a su familia, al menos, a su hija, porque ahora tiene una nueva pareja y dos niños pequeños.Hay cosas más importantes que el cine, ¿no?”, le escuchamos decir al personaje de Victoria Luengo en un momento de la película. En el fondo, esa adicción al trabajo, unida a una cierta coraza sentimental masculina que impide a este hombre de su tiempo compartir sus sentimientos y abrirse, condicionan en gran medida sus sinceros intentos de reconciliación con su hija. 

Todo suena muy real, muy de verdad en esta película, porque, en efecto, hay muchas historias de genios, de grandes creadores, que se olvidan o descuidan sus relaciones personales para centrarse en su trabajo. Algo de eso había también en Amarga Navidad, la última película de Almodóvar, también presente en el festival de Cannes, al igual que El ser querido, aunque son dos películas muy diferentes. También es muy distinta a Valor sentimental, por más que la premisa de ambas sea similar: un padre director enfocado en su trabajo que ofrece a su hija actriz con la que tiene una relación distante actuar en una película. El filme de Joachim Tier, estrenado un año antes que la película de Sorogoyen, es también una muy buena película, y aunque la coincidencia pudo quizá inquietar en un primer momento al equipo de El ser querido, son dos obras muy diferentes, las dos geniales a su manera. 

Comentarios