Doubts

En muy pocos años, la Fundación MOP, la fundación de Marta Ortega en A Coruña, se ha convertido en un espacio de visita obligada en la ciudad gallega. Por el lugar privilegiado en el que se encuentra, por el exquisito cuidado de sus exposiciones, por su encantadora cafetería y librería y, en general, porque nunca decepciona. La gran exposición que acoge estos días la fundación está dedicada al fotógrafo italiano Paolo Roversi, con obras reconocidas y otras muchas inéditas de este artista cuyas fotografías parecen cuadros y que no responden en absoluto a lo que se esperaría de la clásica fotografía de moda.

La muestra, que muy acertadamente se llama Doubts y que ofrece la posibilidad de hacer visitas guiadas a las 12 del mediodía y a las 18 horas, explora la carrera y la singular manera de entender la fotografía del artista italiano. Como es habitual en la Fundación MOP, la exposición comienza con un vídeo en el que hablan el propio artista y también personas que han trabajado con él o admiran sus creaciones hablan. El vídeo puede verse en una gigantesca sala rectangular con imágenes en las cuatro paredes, lo que ofrece una asombrosa sensación inmersiva que permite contemplar las fotografías de Roversi en todo su esplendor. 


A través de distintas estancias, la muestra refleja cómo entiende la fotografía el genial artista italiano, amante de la cámara Polaroid, por su imperfección y por el hecho de que las fotos tomadas con ellas son irrepetibles, captan la esencia y el alma del momento. Son impresionantes los efectos logrados gracias a su técnica paciente, de exposiciones largas, consistente en experimentar, no tener miedo al error, abrazar las dudas a las que se refiere el título de la muestra y también jugar con la oscuridad y la penumbra, por ejemplo, reflejando con una linterna una parte de la modelo retratada. En varias declaraciones de Roversi a lo largo de la exposición queda claro su concepción artística y artesanal de la fotografía, su interés en captar la esencia y el alma de sus modelos, lo que lo lleva a centrarse en su mirada mucho más que en la ropa que visten, alejado siempre de la sexualización con la que a menudo suele coquetear la fotografía de moda.

Aunque gran parte de su carrera está dedicada al mundo de la moda, con varias modelos y artistas muy famosas que han colaborado con él a lo largo de los años, con preferencia por modelos andróginas, también retrató a personas corrientes. Siempre quiso experimentar, ir más allá, jugar y exponerse a la imperfección, que lejos de evitar, intentó abrazar y retratar. Es muy curiosa una sala en la que se exponen fotos de personas anónimas (salvo Victoria Abril, que pasaba por allí) retratadas en un museo en lo que creían que era un fotomatón, pero detrás del cual estaba el famoso fotógrafo italiano dispuesto a retratarlos.  


Como tantos otros artistas de distintas disciplinas, Roversi se enamoró de París. Inicialmente fue a la capital francesa para pasar sólo una temporada viendo cómo trabajaban en sus estudios otros fotógrafos, pero ya se quedó allí toda la vida. Se inspiró en la larga tradicional cultural y artística de París, aunque tampoco perdió nunca su vínculo con la tradición artística italiana. No es casualidad que algunos de sus trabajos parezcan lienzos. Cuesta mucho percatarse de que estamos ante fotografías y no cuadros. Por esa búsqueda permanente de la belleza y por su mirada singular es tan especial la obra de Roversi y por eso trasciende a su trabajo en la fotografía de moda. 


Viendo esta muy interesante exposición en la Fundación MOP de A Coruña pensé en la importancia de celebrar el ingenio artesanal de artistas como Roversi, en especial ahora que todos nos creemos fotógrafos por llevar una cámara en nuestro teléfono móvil y, peor aún, ahora que hay quien menosprecia la fotografía porque la IA puede generar en segundos imágenes falsas que parecen reales. Y, sin embargo, es precisamente por esa nebulosa confusa y artificial que nos invade por lo que son más valiosas que nunca fotografías como las de Roversi y exposiciones como la que puede contemplarse en la Fundación MOP hasta el 20 de septiembre. 


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