Almodóvar y Banderas: Éxito y gloria

 

Cualquier persona que haya leído de forma más o menos habitual este blog sabrá bien que tengo una postura nítida en el recurrente debate sobre la separación entre el autor y su obra. No sólo creo que se deben separar, es que no soy capaz de unirlos. Es decir, por más que me empeñe, no me va a dejar de gustar una película de repente si descubro que quien la ha rodado ha dicho o hecho algo que considero reprochable. La cultura no funciona así. No para mí. Pienso que muchas veces cuando se habla de la supuesta imposibilidad de separar al autor de la obra se está hablando más bien de cómo los prejuicios ideológicos o políticos de algunas personas anulan su capacidad de disfrutar de creaciones culturales valiosas sólo porque el director no es de su cuerda. Es triste. Creo que es lo que le pasa a algunas personas en España con Pedro Almodóvar

Más allá de los gustos, siempre muy personales, es incuestionable que Almodóvar  es uno de los directores más trascendentes y reconocidos internacionalmente de la historia de España. Su influencia en el séptimo arte está muy por encima de lo que cada cual piense o deje de pensar de su cine, no digamos ya si esa opinión responde sólo a lo que, en su legítimo ejercicio de la libertad de expresión, el director afirma sobre cuestiones políticas o de actualidad en entrevistas. En España, este país nuestro tan polarizado y cainita, hay personas decididas a negarle el pan y la sal a Almodóvar haga lo que haga. No digo que no haya cegueras similares en otros países, porque todos tienen lo suyo, pero sí parece claro que, en el resto del mundo, a nadie le importa a quién vota o qué piensa Almodóvar sobre este o aquel tema. Así debería ser siempre cuando se trata de valorar una película, un libro o un disco. 

Todo este extenso preámbulo viene a cuento del documental que el canal franco-alemán Arte ha dedicado a la relación entre Almodóvar y Antonio Banderas, actor con el que ha rodado ocho películas. El documental, dirigido por Nathalie Labarthe, se titula en su versión original Du Désir au Doble, algo así como de deseo a doble, en referencia a cómo Banderas pasó de ser la fuente de deseo de las primeras películas de Almodóvar a convertirse en su alter ego en Dolor y gloria, en la que el actor malagueño da vida a un trasunto del cineasta manchego. 

El documental cuenta cómo se conocieron en el Madrid de los años 80. Almodóvar fue a ver a Banderas actuar al teatro. Allí se le acercó y le dijo que debería dedicarse al cine. Su primer trabajo juntos fue en Laberinto de pasiones y después llegó La ley del deseo. Cuenta Banderas en una entrevista posterior que trabajar con Almodóvar le ayudó a abrir su mente sobre la homosexualidad. Explica que, cuando le expuso al director sus reticencias ante las escenas homosexuales explícitas de su personaje, el director le animó a reflexionar sobre por qué le molestaba besar a alguien en la pantalla pero no matar a alguien, como hacía en otra escena.

Desconocía la fascinación que Madonna sintió por Banderas, según ella misma contó en un documental sobre una de sus giras. Estaba tan obsesionada con el actor español que la cantante le pidió a Almodóvar que le organizara una cena en Madrid y la sentara al lado del actor. En parte, esas declaraciones de Madonna aceleraron la marcha a Estados Unidos de Banderas, al principio, con películas de dudosa calidad. Según refleja el documental, el director no se toma bien el sueño americano de su actor fetiche, por el que rechazó su papel protagonista en Tacones lejanos. Almodóvar llegó a publicar un artículo en una revista en 1998 en la que criticaba las películas rodadas por Banderas en Hollywood.

Da cuenta de la influencia que tuvo Almodóvar en Banderas, y también la cobardía y el puritanismo de la industria cinematográfica estadounidense en aquellos años, una anécdota que cuenta el documental sobre le trabajo del actor en Philadelphia, una película en la que da vida al amante del personaje de Tom Hanks. Explica Banderas en una entrevista de archivo recuperada por el documental que le costó convencer al actor estadounidense de que sus personajes deberían darse un beso en los labios en una escena de especial tensión  emocional. Otra escena más o menos íntima entre ambos fue eliminada. Hanks ganó el Oscar por su papel en esa película en la que Banderas, totalmente desinhibido por sus atrevidos trabajos con Almodóvar, lo ayudó tanto a llenar de autenticidad su personaje. 

No podía faltar en el documental la imagen del actor fetiche del primer Almodóvar y su nueva musa, Penélope Cruz, entregando al director su Oscar por Todo sobre mi madre. Tiempo después, en 2008, fue Almodóvar el que entregó a Banderas el Premio Donostia en el Festival de Cine de San Sebastián. En ese momento, Almodóvar ya tenía en mente volver a trabajar con él. El reencuentro fue en 2011 con  La piel que habito, en la que Banderas firma la interpretación más contenida de su carrera. 

Luego, claro, llegaría la inconmensurable Dolor y gloria, una de las mejores películas de Almodóvar, y también en la que Banderas firmó su mejor trabajo, por el que fue reconocido con el premio a la mejor interpretación masculina en el Festival de Cannes. Como si de una película almodovariana se tratara, el documental termina en alto, con unas declaraciones de Banderas en la promoción de la que hasta ahora es la última película que ambos han rodado juntos en las que el actor afirma que las ocho películas que ha rodado con Almodóvar justifican por sí sola toda su carrera, incluso aunque no hubiera hecho más trabajos. Es imposible no darle la razón. A lo largo de los años, Almodóvar ha sacado lo mejor de Banderas en el cine. Quién sabe, quizá esta historia continúe. 


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