El periodista Pedro Simón escribió durante la última crisis financiera Peligro de derrumbe, un libro que publicó inicialmente en 2015 y que reeditó Espasa el año pasado en una edición revisada por el autor. La memoria es frágil y una de las muchas funciones de la literatura es, precisamente, fijar y construir nuestros recuerdos sobre períodos relevantes del pasado. Aquella crisis fue devastadora, como recuerda la muy ilustrativa nota aclaratoria previa a esta nueva edición de la novela. En ella se explica que sólo el el primer trimestre de 2009 se destruyeron 771.000 puestos de trabajo, que el paro llegó a los 6,2 millones de personas en 2013 y que en lo peor de la crisis se produjeron más de quinientos desahucios al día.
Detrás de todas esas cifras hay personas, vidas que quedaron patas arriba, y en esta novela se cuentan las historias ficticias pero con trazos más que verosímiles de realidad de nueve personas que simbolizan a las víctimas de aquella crisis, a quienes más sufrieron aquellos años de paro, recortes, desahucios e ilusiones perdidas. Esas nueve personas acuden desesperadas a una entrevista de trabajo para ejercer como comercial. Les aguarda un jefe de recursos humanos que a su vez arrastra sus traumas y sus problemas varios.
La novela, que tiene una dedicatoria maravillosa (“para los que no encuentran. Para los que ya ni buscan”) recuerda la importancia de las cuestiones materiales y económicas para las personas de clase trabajadora, porque el dinero sólo deja de importar cuando se tiene mucho. También habla del clasismo, del truco de intentar enfrentar al último contra el penúltimo de la sociedad, para que así nadie mire arriba. De lo inhumano de este sistema y este mundo nuestro. Habla también de historias de personas humildes que luchan por seguir en pie y de otras de gente privilegiada venida a menos que intenta aferrarse a ese pasado glorioso que se esfumó con inusitada rapidez.
El primer capítulo de la novela es prodigioso. Con un estilo directo y fresco, un narrador omnisciente que interpela de cuando en cuando al lector presente a los nueve personajes. Sin nombre, porque en ese punto de la historia sólo sabemos de ellos lo que vemos a través del narrador, lo que nos cuenta de ellos. Su apariencia física. Los gestos que hacen. En qué se entretienen en la sala de espera. Qué impresión dan. Después, en cada capítulo se nos contará la historia personal de cada candidato y descubriremos con el paso de las páginas relaciones inesperadas entre ellos, tramas entremezcladas. Porque Madrid será el lugar donde no te encuentras con tu ex, pero, al menos en esta novela, es un pañuelo.
A través de esos nueve personajes se muestran distintas caras de la crisis y de las sociedad. Desde un empresario venido a menos que no da crédito a las penurias económicas que vive y que hasta piensa en vender su pisazo en el centro a una joven recién licenciada que no encuentra trabajo de ninguna manera o una mujer que a duras penas sobrevive con el dinero que saca limpiando casas, y que se plantea sacar a su madre de la residencia de ancianos en la que vive porque necesita su pensión, pasando por un chaval joven que abandonó los estudios e hizo mucho dinero rápido con el boom de la construcción. También hay historias de adicción y depresión, así como otra sobre el impacto en los adultos de los traumas infantiles.
Las historias de estos nueve personases se aderezan con menciones a la actualidad política del momento. Es una novela muy interesante, un ejercicio literario de memoria de primer orden sobre la dura crisis económica que sufrimos hace no tanto tiempo. El único defecto que le puedo encontrar, y que desde luego no desmerece el valor indiscutible de la novela, es que a veces tiene un cierto exceso de miserabilismo. Peligro de derrumbe, en todo caso, es una gran novela que demuestra cómo de la muy cruda realidad se puede construir literatura que perdura.

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