El hecho de que Wicked haya llegado al Nuevo Teatro Alcalá de Madrid casi a la vez que llegó a las salas el desenlace de la excelsa adaptación cinematográfica de la historia es un arma de doble filo. Por supuesto, la cercanía de la película eleva la expectación ante el musical teatral, porque aún tenemos reciente la excelencia de aquella producción, pero, precisamente también porque la tenemos reciente, pueden ser inevitables las siempre odiosas comparaciones.
La película dejó el listón muy alto por su espectacularidad, su colorido, sus increíbles efectos especiales, las interpretaciones de sus protagonistas y el irresistible atractivo de sus canciones originales en inglés, con apabullantes coreografías y puestas en escena deslumbrantes. Naturalmente, el teatro y el cine tienen lenguajes diferentes, pero tras disfrutar del musical en el teatro, creo que no tiene nada que envidiar a la adaptación al cine. La obra teatral deja boquiabiertos a los espectadores en no pocos momentos.
Se nota que la película, en realidad, es una adaptación de la obra teatral que lleva cerca de dos décadas triunfando de forma ininterrumpida en Broadway, que a su vez se basa en una novela publicada en 1995 por Gregory Maguire. Los datos del musical, que cuenta con música y letra de Stephen Schwartz y libreto de Winnie Holzman, son apabullantes: ha sido traducido a más de 15 idiomas, lo han visto ya más de 100 millones de espectadores en todo el mundo y ha recibido más de 100 premios.
Aunque en España la mayoría de los espectadores hemos visto las películas antes que la obra teatral, lo cierto es que la versión cinematográfica es la que adapta un musical teatral exitoso perfectamente rodado en el que cada pieza está en su sitio. Y se nota. Se percibe que la historia que vemos ahora en el teatro en Madrid bebe de un musical que equilibra todos los componentes necesarios para brillar en este género, cada vez más exigente: calidad musical, canciones pegadizas, una historia potente, una escenografía deslumbrante y con cambios que sorprenden, coreografías poderosas y un ritmo extraordinario.
El cine, claro, añade efectos especiales y grandiosidad, pero el teatro, que juega a veces con el fuera de campo, tiene sus armas para asombrar al espectador. Quien tenga en la cabeza la historia que haya visto en el cine puede acudir al teatro con la certeza de que verá volar a Elphaba, asistirá al gran vendaval que arrastra la casa de Dorothy, contemplará a los monos voladores o descubrirá los engaños del mago de Oz tras esa cara gigante en la que se esconde.
Y luego, claro, está la historia en sí, la original de la novela en la que se basa este musical, que es muy ingeniosa al planear un origen distinto a la historia clásica de El Mago de Oz. Algunos musicales destacan en las canciones e interpretaciones, pero flojean en lo narrativo. Aquí, sin embargo, la historia es muy, muy buena. Conocemos el origen de Elphaba, la bruja mala del Oeste, que resulta que no es tan mala, sino que es la única que se decide a plantar cara a los engaños y las mentiras del poder, encarnado en el mago de Oz. Tras esa apariencia de trucos de magia, fantasía y animales que hablan, el musical plantea una muy afinada sátira sobre los engaños del poder, los chivos expiatorios y el uso del miedo para controlar a la población.
En la función que disfrutamos hace unos días, Cristina Picos daba vida a Elphaba, Lucía Ambrosini a Glinda, Javier Ibarz al Mago de Oz, Xabier Nogales a Fiyero, Guadalupe Lancho a Madame Morrible y Neiza Martín a Boq. Y aquí también, de nuevo, frente al elenco estelar de la versión cinematográfica de Wicked, los intérpretes del musical en la versión teatral de Madrid superan con nota el reto de aportar nuevos matices a los personajes. Elphaba, aguerrida, valiente, comprometida con la justicia; Glinda, frívola, superficial, pero con buen corazón.
Wicked, como decimos, es todo un juego de adaptaciones, porque la obra es adaptada al español con acierto por David Serrano, ya un veterano en el género, quien se encarga de la adaptación junto a Alejandro Serrano. La dirección musical que redondea la obra está a cargo de Joan Miquel Pérez. Tanto si has visto las películas y quieres volver a esta historia alternativa del mundo de Oz como si no las has visto, Wicked es altamente recomendable.

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