En estos tiempos nuestros de polarización extrema, suena muy bien que exista un grupo de escritores sin fronteras, ideología ni religión, unidos sólo para debatir y reflexionar, para intercambiar puntos de vista y tender puentes. Es lo que persigue el Parlamento de los Escritores del Mediterráneo (PEM), creado en 2019 en Madrid por Bouziane Ahmed Khodja. La semana pasada, el teatro del Institut Français de Madrid, donde tanto se aprende y disfruta siempre, acogió un encuentro del PEM que, bajo el título de “Identidades plurales, escrituras plurales”, reunió a varios autores y culminó con una lectura musicalizada deliciosa.
El primer panel debatió sobre la escritura ciudadana y en ella participaron el escritor y cineasta Santiago Amigorena, la escritora francesa Marion Quantin y la escritora y política francomarroquí Najat Vallaud-Belkacem, que fue ministra en la época de Hollande, y que ayer recogió el premio Horizonte común.
Fue una mesa redonda muy interesante que desbordó su enfoque inicial. Vallaud-Belkacem reflexionó sobre el mundo actual. Lamentó la aparente imposibilidad de debatir con argumentos sin caer en la polarización y el enfrentamiento directo. También señaló el riesgo de las redes sociales, sobre las que ha escrito un libro en el que llama a desintoxicarse de la adicción que provocan. Parafraseando a Santo Tomás, contó que en este tiempo tan lleno de trincheras y polarización, ahora parece que no es que la gente sólo crea lo que ve, sino que sólo ve ya lo cree. Es decir, cada cual se construye su realidad a medida de sus prejuicios.
La exministra francesa también llamó la atención sobre el hecho de que las movilizaciones estudiantiles en Francia han llegado precisamente el año en el que se han prohibido las redes sociales a los menores de edad en aquel país. Contó que, tal vez, podría deducirse que los jóvenes empezaron a movilizarse cuando alzaron los ojos de las pantallas. Es cierto también que las redes sirven para movilizar a los manifestantes, así que quizá sea una lectura algo simplista, pero es sugerente esa idea de que una vida demasiado volcada en las pantallas puede terminar alejando de la realidad a los jóvenes y empujándolos a una apatía en medio de un scroll infinito.
El elefante en la habitación durante parte de la charla fue la muy real amenaza de que la extraña derecha llegue al poder en Francia el próximo año. Todos los participantes en la mesa redonda hablaron, de forma más o menos explícita, sobre esa amenaza, y también sobre el sentido de la literatura, de la búsqueda de la palabra precisa, de la construcción de belleza a través de la cultura.
Tras la entrega del premio a Vallaud-Belkacem, un premio precioso, por cierto, que simboliza una escalera sin fin, fue el turno de la segunda mesa redonda, titulada “El exilio como fuente creativa”, en la que participaron el escritor argelino Yasmina Khadra y la dramaturga y escritora turco francesa Sedef Ecer, con la moderación de la escritora francesa Nathalie Kohl.
Ecer, que recibió el Premio Orillas Plurales, habló de su historia, de cómo su madre le inculcó el amor por la cultura y la lengua francesa, de cómo decidió empezar a escribir en francés, de la relación con su madre, una estrella del cine en Turquía, y de cómo se vive en el exilio, sin abandonar nunca el vínculo con su país de origen, pero abrazando la cultura del país de acogida.
El cierre del acto fue un regalo maravilloso, una lectura musicalizada de varios pasajes de la obra de Sedef Ecer. Ella misma las leyó, con una fluidez y una pasión que confirman su formación como actriz, y a su lado estuvo la artista turca Gülay Hacer Toruk, quien acompañó con su voz melodiosa y encantadora la lectura, interpretando canciones turcas y francesas. Fue una de esos instantes hipnóticos, uno de esos regalos que sólo la cultura nos puede hacer. Un momento inolvidable, como tantos otros propiciados por el Institut Français de Madrid. El acto terminó con una frase bellísima: “sólo los soñadores pueden cambiar el mundo, los otros no tienen tiempo”.

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