Artemis 2, entre la fascinación y las paradojas

 

Reconozco que hasta ahora había seguido entre la apatía y la indiferencia la misión Artemis 2. Entre otras cosas, creo, porque el mismo país que encabezó este viaje a la luna era el que andaba amenazando con destruir una civilización entera y la que ha incendiado Oriente Medio con enorme irresponsabilidad, en una guerra con consecuencias pavorosas para el mundo entero. Había un contraste muy fuerte en los informativos televisivos entre las imágenes de barrios enteros arrasados en el Líbano o bombas cayendo sobre Teherán y las imágenes deslumbrantes de la Tierra desde la nave Orión o las escenas cotidianas en el espacio de los cuatro astronautas que han protagonizado la misión Artemis 2.

No tenía yo, en fin, el cuerpo para seguir misiones tripuladas a la luna cuando se está desangrando la Tierra, y cuando además es el mismo país el responsable de ambas realidades que convienen y que son tan contradictorias. Así que, por supuesto, no tenía tampoco la menor intención de trasnochar para ver el amerizaje de Orión, que se produjo, exactamente tal y como estaba previsto, a las dos y siete minutos de la madrugada. Sin embargo, anoche volví a casa tarde de una cena estupenda con amigos y puse la televisión. Y ahí, en el canal 24 horas, estaba un especial informativo dirigido por Lorenzo Milá con escenas fascinantes y una cuenta atrás. Y al final, adiós apatía, adiós indiferencia, hola deslumbramiento. Me quedé, vaya si me quedé. 

Ayudaron mucho las explicaciones divulgativas y muy interesantes de ese programa. Y, por supuesto, también las imágenes, que despertaban un asombro inexplicable. Creo que todo lo relacionado con el espacio y los astronautas despierta de alguna forma nuestro niño interior. Todos conectamos con nuestra infancia y no conozco ningún niño que no se quede boquiabierto cuando ve o lee historias de viajes al espacio. La cultura popular está repleta de referencias a la luna (ese viaje premonitorio de Tintín). Todas las noticias sobre naves espaciales nos fascinan inevitablemente. 

El proceso de reentrada en la Tierra de anoche, de hace unas horas, fue deslumbrante. Por lo pautado del proceso, por los momentos más tensos e importantes, esos minutos en los que se perdió el contacto con la nave, los mensajes desde el centro de control de la NASA… Todo ello con la cuenta atrás en la pantalla. Justo antes de perder el contacto con la nave fue alucinante poder ver imágenes de la Tierra desde Orión, mientras se acercaban a la atmósfera. Justo antes de perder la imagen, tal y como estaba previsto, se pudieron contemplar llamaradas. Después, un punto chiquito avanzando a enorme velocidad. Y, más adelante, unos paracaídas como de peli de Pixar sosteniendo a la nave con los astronautas dentro. El amerizaje, el rescate a los astronautas. En fin, absolutamente hipnótico.

Cuentan los expertos que este tipo de misiones tienen enormes implicaciones científicas y que en nuestro día a día nos beneficiamos de avances de la industria aeroespacial. Afirman que Artemis 2 era una misión especialmente relevante porque busca sentar la base para nuevos viajes a nuestro satélite e incluso para asentar allí una base o para utilizar la luna como punto intermedio para viajar hasta Marte. No lo sé, lo desconozco, pero es inevitable contemplar esos posibles futuros con cierta fascinación y, a la vez, con muchas dudas y preguntas. 

Sin negar ese encanto irresistible de la misión lunar, es también imposible no ver las paradojas de Artemis 2 en este preciso momento. Dijo uno de los astronautas, por ejemplo, que, vista desde arriba, la Tierra no tiene fronteras y que todos somos habitantes de un mismo planeta, todos iguales. Y así es. Es una lástima tener que ir al espacio para darse cuenta de ello y también es una pena que el máximo dirigente del mismo país que manda esta misión tripulada a la luna sea el que promueve guerras y desmonta el orden mundial que regía las relaciones de los países desde el final de la II Guerra Mundial.

Es una paradoja enorme que la humanidad avance tanto como para enviar una misión a la luna que pueda ver la cara oculta de nuestro satélite como nunca antes, pero a la vez también utilice otros desarrollos tecnológicos para bombardear a la población civil en países como Irán. Miramos deslumbrados a la luna, mientras destruimos sin piedad la Tierra. Fotografiamos la cara oculta de la luna, pero miramos hacia otro lado ante las imágenes de familias destrozadas y vidas devastadas por culpa de las bombas, el odio y la sinrazón. También es una paradoja que Trump alardee de esta misión a la vez que reduce la inversión en la NASA y desmonta otros proyectos de la industria aeroespacial. O que se cuente esta misión lunar con palabras hermosas y poéticas pero, de fondo, haya una evidente intención de puro mercantilismo. 

El ser humano es capaz de proezas tecnológicas como esta exitosa misión Artemis 2, pero no ha encontrado aún una forma de convivir en paz sin guerras, odio y desigualdades. Así que ayer seguí el regreso de la nave Orión a la Tierra totalmente deslumbrado, sí, pero enseguida surgen también todas las paradojas que acarrea una misión así en este momento tan gris en nuestro planeta. Quizá nada hay más humano que la contradicción, después de todo.  

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